Paula

Machosfera y adolescentes: qué hay detrás del ideal del cuerpo masculino

Ser más fuertes, más musculosos, más seguros. En redes sociales crecen las comunidades que enseñan a niños y adolescentes a “optimizar” sus cuerpos para acercarse a un determinado ideal masculino. Discursos vinculados a la machosfera que pueden terminar afectando su relación con la comida, el ejercicio y su propia imagen.

Hace un tiempo escribí sobre las llamadas “mujeres de alto valor”, un concepto surgido en espacios de la machosfera y que luego ha sido reproducido por algunas mujeres en redes sociales. Detrás de una aparente reivindicación de lo “femenino”, recupera antiguos mandatos conservadores sobre cómo debe comportarse una mujer, relacionarse con los hombres y, por supuesto, verse.

Pero estos espacios también tienen su propio modelo de hombre. El llamado “hombre de alto valor” debe ser exitoso, seguro, proveedor, dominante, disciplinado y deseable, características que también parecen expresarse a través de su apariencia física.

Además, investigaciones sobre la machosfera han encontrado puntos de encuentro entre algunos de estos espacios y discursos de extrema derecha, principalmente en torno al antifeminismo, la misoginia y la defensa de roles tradicionales de género.

En los últimos años también han aparecido comunidades de adolescentes y adultos que buscan “optimizar” el cuerpo masculino. Una de ellas es el looksmaxxing, que propone “maximizar” la apariencia mediante estrategias que van desde el ejercicio, la alimentación y el cuidado personal hasta, en sus versiones más extremas, procedimientos estéticos y cirugías.

Un estudio publicado en 2025 analizó más de ocho mil comentarios de una comunidad de looksmaxxing vinculada a la machosfera. Los investigadores encontraron una vigilancia minuciosa en la que prácticamente cualquier característica podía ser evaluada, comparada y eventualmente corregida, incluyendo altura, musculatura, grasa corporal, mandíbula, mentón, estructura ósea, pelo, barba o piel. Los autores utilizan el concepto de “mirada masculina hegemónica” para describir cómo los propios hombres observan y jerarquizan los cuerpos de otros hombres. Porque no se trata solo de ser atractivo para las mujeres. Entre los propios hombres también se valoran ciertos cuerpos como señal de disciplina, fuerza o éxito, mientras que no cumplir con ese ideal puede asociarse a falta de cuidado o fuerza de voluntad.

Esta exigencia sobre el cuerpo también puede cambiar la forma de comer y de relacionarse con el ejercicio.

Durante mucho tiempo los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) fueron entendidos como enfermedades casi exclusivamente femeninas y asociadas a la búsqueda de la delgadez, una mirada reforzada por un sistema de salud gordofóbico que todavía tiene dificultades para reconocer que pueden presentarse en cualquier cuerpo y afectar a personas de distintas edades, etnias, niveles socioeconómicos y géneros.

En los hombres, la preocupación corporal no siempre está centrada en adelgazar, sino en ganar musculatura y reducir grasa corporal. Esto puede llevar a controlar rígidamente la comida, contar proteínas y macronutrientes, eliminar alimentos, alternar periodos de bulking -aumento de masa muscular- y cutting -reducción de grasa corporal- o entrenar incluso cuando el cuerpo necesita descansar. También puede generar angustia no cumplir con lo planificado, recurrir a suplementos de procedencia incierta o consumir proteínas en exceso. En casos más graves, aparecen esteroides anabólicos y otras sustancias, algunas ilegales y comercializadas informalmente en gimnasios.

Parte de estas conductas se han descrito como alimentación alterada orientada a la muscularidad y pueden pasar inadvertidas porque varias reciben aprobación social.

Según el psicólogo Pedro Matus, especializado en TCA, “en los hombres existe una frontera que culturalmente hemos aprendido a mirar poco, la que separa la disciplina de la obsesión. Además, los TCA pueden ser más difíciles de detectar porque los hombres consultan menos por salud mental y aún menos cuando el malestar tiene relación con la alimentación o la imagen corporal. Muchas veces, la rigidez con la comida y el ejercicio incluso es reconocida como disciplina, aunque esté afectando su salud y calidad de vida”.

Así, un hombre que entrena compulsivamente, lleva su propia comida a una reunión familiar o incluso una pesa de alimentos a un restaurante puede ser felicitado por su compromiso.

En sus manifestaciones más severas también podemos encontrarnos con la dismorfia muscular, un especificador del trastorno dismórfico corporal en el que la persona se percibe como insuficientemente musculosa, incluso cuando ha desarrollado una gran cantidad de masa muscular. Existe discusión académica sobre su estrecha relación con los trastornos alimentarios.

Si seguimos esperando que un TCA en un hombre se vea igual al estereotipo gordofóbico que históricamente hemos construido alrededor de las mujeres, muchas de estas conductas seguirán pasando inadvertidas. Las presiones estéticas también los afectan, aunque muchas veces aparezcan disfrazadas de disciplina, vida fitness, autocontrol o incluso masculinidad.

La machosfera les exige ser fuertes, dominantes y seguros, pero también les dice cómo tiene que verse un cuerpo masculino. El machismo afecta principalmente a las mujeres, pero eso no significa que los hombres salgan ilesos de los mandatos que históricamente han sostenido. Y las redes sociales están acercando estos discursos a edades cada vez más tempranas. Niños y adolescentes reciben contenido sobre qué deben hacer para verse de cierta forma.

Es hora de mirar con más atención estas conductas, especialmente cuando empiezan a interferir con la alimentación, el ejercicio, la salud mental y la vida cotidiana.

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