Nostalgia: Cuando se cortaba la luz, mi papá tocaba guitarra




Cuando era chica vivía en Viña del Mar, en un departamento con una increíble vista al mar. Creo que ahí estuvimos como cuatro años, de los que tengo muchísimos recuerdos, pero uno al que especialmente me gusta volver, es cuando se cortaba la luz. ¿Qué tontera, no? De hecho, no recuerdo bien si esto pasó muchas veces o solo una, y yo me invento la reiteración, pero en mi cabeza se cortaba la luz seguido, por la ventana veíamos las luces de Valparaíso y los buques, y mi papá tocaba guitarra.

¿Han visto a esas personas tremendamente desagradables que en todas las fogatas y fiestas sacan su guitarra? Ya, mi papá era así cuando joven, solo que yo soy su hija y lo veía como algo increíble y entretenidísimo. Todo un panorama. Además, me encantaba que la gente le pidiera canciones, que lo aplaudieran y que hiciera todo el show. No es lo mismo ser una niña escuchando a su papá cantar las mismas canciones, que ser un adulto soportando a un hippie medio curado cantar alguna canción de Los enanitos verdes. Respetando a los hippies.

Pero me gustaban más los conciertos privados, como cuando se cortaba la luz. Nos reuníamos en el living con mis hermanos, y mi papá llegaba con la guitarra y unos cancioneros de esos enormes y antiguos, y nos cantaba sobre amores con analogías que no entendíamos, y de unicornios que se perdían.

Todo el rito me parecía maravilloso. Sacar los cancioneros, que mi papá afinara la guitarra, elegir qué canción iba a cantar. A veces lo escuchaba mientras ojeaba, a la luz de la vela, un libro antiguo sobre animales del bosque. Quizás por eso cuando pienso en esos momentos, recuerdo la imagen de un sapito minúsculo con ojos naranjos y saltones.

Por desgracia, siento que esos momentos solo se pueden disfrutar en la infancia, antes de aprender de cinismos y vergüenzas. Además, creo que hay escenas que es mejor dejar congeladas en el tiempo, porque cuando intentamos repetirlas no salen tan bien como antes. Y eso es una pena, porque me gustaría volver a esa sensación de cobijo y de tranquilidad, cuando no sabía que hora era, solo que estaba oscuro, y que nos podíamos entretener con tan poco, y con algo tan sencillo como estar juntos.

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