Pala, Martillo y Libro: una experiencia lectora en los voluntariados de verano
Con raíces en 'Leer es Poderoso', este programa de Fundación Familias Primero suma la lectura a los voluntariados de verano como una experiencia compartida que fortalece aprendizajes, mejora vínculos y construye comunidad.
“Es un cambio cultural y de comunidad”, así define Anne Traub, directora ejecutiva de Fundación Familias Primero, la iniciativa Pala, Martillo y Libro. Este proyecto nace como un derivado de Leer es poderoso, un programa de intervención intensiva en comprensión lectora, dirigido a estudiantes de primero a cuarto básico con rezago lector, implementado durante las vacaciones escolares en distintas comunas del país.
La propuesta busca recuperar aprendizajes fundamentales y reconectar a niños y niñas con la lectura en un período en que suelen quedar fuera del sistema educativo formal.
Leer es poderoso mantiene la metodología australiana de “leer para aprender”, un modelo estructurado en cinco pasos progresivos que van desde la lectura compartida hasta la escritura autónoma, combinando tutorías uno a uno, materiales definidos y seguimiento.
“Esto no es un taller esporádico. Es una intervención corta, pero estructurada y replicable en distintos contextos”, explica Traub. Los resultados han mostrado mejoras significativas en vocabulario, comprensión auditiva y reconocimiento de palabras, demostrando que una intervención breve, pero intensiva, puede generar avances reales en poco tiempo.
Fue precisamente esa capacidad de réplica la que dio origen a Pala, Martillo y Libro. La iniciativa surgió de la búsqueda por ir más allá y maximizar los momentos de ocio que se dan durante las jornadas de voluntariado de los universitarios. Esos tiempos, antes muertos, se transformaron en instancias de trueque literario, representaciones, lectura compartida y escritura autónoma, pensadas para estudiantes de primero a cuarto básico.
A diferencia de acciones aisladas, aquí los jóvenes no improvisan: llegan preparados, con libros, guías y una secuencia clara de cinco pasos diseñada para mejorar la comprensión lectora de los niños y niñas. Así, junto al trabajo comunitario propio de las misiones de verano, incorporan sesiones de lectura guiada como una herramienta concreta para generar vínculos, sembrar confianza y aprender en conjunto.
Además, el programa ofrece un espacio de cuidado que permite a madres y padres salir a trabajar con mayor tranquilidad, reforzando su impacto a nivel familiar y comunitario.
Para Anne, el sentido de Pala, Martillo y Libro va más allá de si los niños leen más o menos palabras, o si mejoran o su velocidad lectora. “El valor está en instalar, a nivel de comunidad, una capacidad que antes no estaba: que los jóvenes transfieran a las madres estas estrategias para reforzar la lectura y que ellas protagonicen y movilicen este desarrollo de aquí en adelante”.
Y esto es muy relevante porque –agrega Anne– cuando un niño mejora su comprensión lectora, no solo mejora en lenguaje: también su autoestima, su relación con la escuela y su motivación futura. “Lo que estamos viendo es que no necesitamos años para avanzar. Si se trabaja con foco, método y comunidad, los resultados llegan”.
La experiencia de Pala, Martillo y Libro
Gina es estudiante de Ingeniería Civil Industrial en la Universidad Adolfo Ibáñez. Antes de entrar a la universidad, nunca había participado en trabajos voluntarios. Fue recién en 2023 cuando se animó a hacerlo, en Coinco. Esa experiencia la llevó a integrarse al departamento de educación de su universidad y a coordinar un taller de aprendizaje lúdico, donde enseñaba a niños y niñas a leer y escribir a través del juego.
En 2024, a través de una compañera que tenía contacto con Fundación Familias Primero, comenzó su vínculo con Pala, Martillo y Libro. “Es una instancia muy bonita. Muchos de los que participamos somos ingenieros y no interactuamos habitualmente con otras personas desde un lugar tan humano. Esto te inspira a prestar atención a cosas que antes no veías”, cuenta. “Empiezas a sentir empatía y solidaridad con los demás. Es muy bonito que en solo diez días se generen tantos cambios”, concluye.
Como resume Anne Traub, el impacto es doble: “Tomamos una metodología validada y la pusimos en manos de jóvenes. No son expertos, pero están preparados. Y eso transforma no solo a los niños, sino también a quienes participan del voluntariado”.
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