¿Puedo disfrutar de la soledad si estoy en pareja?




“El ser humano necesita tiempos en solitario a lo largo de su desarrollo. Por lo tanto, en pareja no solo es sano, sino que necesario”, asegura Teresa Muse, psicóloga con magíster en Terapia sexual y terapia de pareja de la Universidad de Barcelona. Según la especialista, potenciar la intimidad de cada individuo es primordial para el bienestar sicológico de uno mismo y, por consecuencia, para la relación. “En todas las parejas hay un grado de dependencia emocional y eso es sano, sin embargo, eso no significa que hay que fusionarse con el otro. Las personas necesitan construir su propia identidad y es importante que ninguna de las dos partes se pierda por esta unión. Para evitarlo, se deben cultivar los espacios de individualidad con uno mismo y con su propio mundo como con familiares y amigos”, dice.

La psicóloga clínica de la Universidad Diego Portales y terapeuta sexual, Josefina Lazcano, concuerda. “El estar en pareja no es ser de otro, ni corresponder hacia ese otro, sino que es compartir dentro de un espacio en el que se guarda la intimidad de cada uno, una que puede desarrollarse en el ámbito social, en el deporte o hasta en la intelectualidad”, argumenta. Y es que el no mantener una distancia saludable podría desencadenar varios problemas a largo plazo. “Cuando las parejas se acoplan demasiado, suele ocurrir que colapsan por diferentes lados porque no tienen aire. Hay un dicho muy cliché –pero muy cierto– que dice que el fuego necesita aire para mantenerse, o si no se ahoga, y con las relaciones ocurre lo mismo. Ese aire es un espacio de intimidad que, si no se tiene, se debe buscar”, explica Lazcano.

Sin embargo, algunas personas suelen no permitirse esas instancias ya que –según la especialista– tendemos a pensar que si no sentimos esas ganas incontrolables de estar con la otra persona todo el tiempo, o al menos en los momentos de ocio, significa que el amor está en juego. Y que esta distorsión nació a raíz del concepto del amor romántico. “Hay que dejar de pensar que encontrar una pareja es encontrar a la ‘media naranja’. Ese concepto, de hecho, quedó en el pasado. Porque uno no nace con la falta de alguien, sino que uno se enamora cuando conoce a alguien que le presenta otro mundo, igual de completo que el propio, y juntos forman un tercer mundo. No es uno compuesto por dos mitades y por eso es importante que ambos se sigan formando”, dice Josefina.

Por qué es importante

Son varios los autores que aseguran que los espacios de intimidad son esenciales para el desarrollo de las personas. Y es que pese a que seamos seres sociales, la soledad ofrece un espacio de reposo sanador. En 1944 el estadounidense Mihaly Csikszentmihalyi –conocido como el psicólogo de la felicidad– comprobó que los adolescentes que no soportan estar solos son incapaces de desarrollar el talento creativo.

En la misma línea, la autora del libro Quiet: The Power of Introverts in a World That Can’t Stop Talking, la estadounidense Susan Cain, defiende la riqueza creativa que surge de la soledad y reivindica la práctica de la introversión. “Siempre me habían dicho que debía mostrarme más abierta, aunque yo sentía que ser introvertida no era algo malo. Así que durante años fui a bares abarrotados porque tenemos la creencia de que toda creatividad y productividad proviene de un lugar extrañamente sociable. Sin embargo, la soledad es el ingrediente crucial de la creatividad. Darwin daba largas caminatas por el bosque y rechazaba enfáticamente invitaciones a fiestas. Steve Wozniak inventó la primera computadora Apple encerrado en su cubículo de Hewlett Packard, donde trabajaba entonces. La soledad importa. Para algunas personas, incluso, es el aire que respiran”, asegura en una de sus charlas TED.

Para la psicóloga española, Mireia Darder, la soledad, en cambio, es un espacio para la libertad. “Solo cuando estoy sola me siento completamente libre. Me reencuentro conmigo misma y eso me resulta agradable y reparador. Es cierto que, por inercia, cuanto menos solo estás, más te cuesta estarlo. No obstante, en una sociedad que te obliga a estar enormemente pendiente del afuera, los espacios de soledad representan la única posibilidad de contactar otra vez con uno mismo. Es un movimiento de contracción necesario para recuperar el equilibrio”, dijo en una entrevista al diario El País.

¿Cuál es el límite?

Pese a que desde la psicología se recomiende contar con estas instancias, es importante que se genere un equilibrio. “En las relaciones no hay leyes generales, pero sí debe haber un grado de dependencia hacia el otro. Eso no está mal y se puede expresar de diferentes maneras. Hay gente que echa mucho de menos y otros que no. Sin embargo, hay que poner ojo cuando la pareja está por muy detrás de las prioridades de uno y cuando el preferir los momentos de soledad son una constante. Eso es para cuestionárselo y hacer una reflexión”, dice Teresa Muse.

Para Josefina es importante aclarar que la experiencia de echar de menos es súper subjetiva y que puede expresarse de diferentes maneras. “Si alguien se separa de su pareja por un periodo largo, es esperable que se extrañen, pero esto no significa que tiene que ser una sensación angustiante. Uno puede echar de menos acordándose de esa persona, queriendo compartir algo, pero sin el agobio. Además, todo depende del contexto porque cuando te separas pero sabes que se volverán a encontrar, es diferente”, argumenta. Y concluye: “La verdad es que todo es muy relativo y depende de los escenarios personales de cada uno, su tipo de apego y los ejemplos que ha tenido. Pero practicar los espacios de soledad y tener una intimidad personal es primordial y algo que se debe mantener en el tiempo. Y si eso no existe, estar en una relación implica tener este tipo de conversaciones y encontrar la dinámica que les acomode a ambos”.

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