Yo nunca: Tu mamá no es tu enemigo




La serie Yo nunca (Never Have I Ever) -estrenada hace pocas semanas en Netflix- gira en torno a Devi, una adolescente de origen indio que quiere ser popular y tener un novio. O al menos eso es lo que nos quieren hacer creer en el primer par de episodios cuando para empezar, la protagonista cuenta -muy a la rápida- que un año antes murió su papá de un infarto repentino y fulminante y que su muerte le generó un trauma que la llevó a no poder mover sus piernas por varios meses hasta que, milagrosamente, se recuperó.

Tras ese relato se desencadenan una serie de hechos cuyo factor común es la importancia que este hombre tenía en su vida. Tanto ella como su viuda madre lo tienen en un pedestal y ninguna de las dos parece dimensionar la inmensa carga que esto significa. No es raro entonces que la madre se presente como la antagonista por naturaleza. La que impide por todos los medios posibles que Devi consiga el anhelado trofeo de la popularidad y el novio guapo.

Al endiosar al papá, que desde que murió no puede equivocarse y solo vive en recuerdos perfectos, Nalini y Devi son injustas la una con la otra. Mientras Nalini solo sabe demostrar su amor a través de los límites y guiando a su hija por lo que cree es el camino correcto, Devi quiere a toda costa que su madre se ponga en su lugar y la entienda. Y esta carga es tan fuerte para las dos, que no es hasta que finalmente deciden despedir al padre físicamente esparciendo sus cenizas, que pueden empezar a avanzar juntas.

Mientras veía la serie pensaba en qué fácil es ser un papá perfecto cuando dejas que sea la madre la que pone límites y reglas. Y qué fácil es tener un marido feliz y relajado cuando eres tú la que se lleva la parte difícil de la crianza. Lo tremendo es que tradicionalmente esto se da en muchas familias. En mi caso, mi papá siempre me pareció más divertido porque por sus horarios era mi mamá la que nos daba o quitaba permisos, veía las notas y nos hacía estudiar o hacer las tareas. Él llegaba por las tardes cansado desde lo profesional, pero con energía para nosotros, que éramos su descanso.

Sigo pensando que mi papá es lo máximo y no creo que se me pase algún día, pero me he dado cuenta también de lo injusta que fui con mi mamá durante toda mi adolescencia, cuando no me daba cuenta de que amar también es poner límites y educar para evitar que tomemos malas decisiones cuando nos enfrentamos a ellas. Es exigirte que lo des todo y más. Porque cuando amas a alguien, quieres que tenga todas las oportunidades y para eso hay que explotar las habilidades.

Pero el amor más grande es estar dispuesta a que tus hijos te odien -aunque sea momentáneamente- sabiendo que estás haciendo lo que en tu corazón crees que es lo mejor para ellos. Porque la relación madre-hija te rompe el corazón un poco todos los días y hace que te cuestiones todas las noches si los caminos que estás tomando son los correctos.

Yo nunca es una serie que quiere convencer de que se trata de dramas adolescentes, de amigas que se pelean y de amores platónicos. Pero no. Por sobre la diversidad étnica que ha sido tan alabada (con justa razón) y más importante aún que tener un elenco que efectivamente tiene la edad de sus personajes, el tema central de la primera temporada de Yo nunca es la relación de una adolescente con su madre y las heridas que deben sanar ambas para seguir adelante.

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