Nuestras lectoras preguntan: ¿Es la tuición compartida una buena modalidad para nuestros hijos?

La maternidad, al ser un mundo desconocido para quienes se enfrentan a ella por primera vez, viene llena de preguntas e incertidumbres. En Paula queremos acompañarte en este proceso muchas veces complejo, buscando las respuestas a tus inquietudes.




LA PREGUNTA

“Hace dos años me separé y con mi ex, después de asesorarnos bastante, acordamos el régimen de tuición compartida. Según nos explicaron en ese momento, y teniendo en cuenta la cercana relación que los niños tienen con ambos, esta modalidad era la mejor para que mantuvieran el vínculo con ambos. Y también para repartir las tareas de una manera más equitativa. Hoy sin embargo, tengo mis dudas de si hicimos lo correcto. Veo que mis niños, al tener dos lugares donde vivir, no sienten ninguno de los dos como su espacio más íntimo. En este ir y venir constante me da la sensación de que, de alguna manera, no echan raíces ni allá ni acá ¿Es esta una buena modalidad para ellos? ¿Qué podemos hacer para que sientan que de verdad tienen un hogar?

Raquel, 41 años.

LA RESPUESTA

La separación es en sí triste y dolorosa, más aún si hay hijos de por medio a quienes inevitablemente se les deberá anunciar que ambos padres dejarán de vivir juntos.

Antiguamente, cuando los padres se separaban, la custodia pasaba directamente a la mamá, hecho que cambió en 2013 una vez promulgada la Ley de Tuición Compartida (Ley 20.680) más conocida como Amor de Papá, que aplica el principio de la corresponsabilidad frente al cuidado y crianza de los hijos, mecanismo que en el último tiempo ha ido tomando cada vez más fuerza ya que fomenta explícitamente que los progenitores compartan las responsabilidades y derechos legales, como también que estén presentes en la vida de sus hijos. “Esta modalidad les permite mantener un lazo físico y afectivo, conversaciones rutinarias, presencia estable, situaciones muy beneficiosas y positivas para el desarrollo afectivo y emocional de los menores”, explica Josefina Montiel, psicóloga clínica y educacional. Y añade “sin embargo, es muy importante entender que no basta con compartir un lugar físico, sino que debe ser abordado desde la contención y afecto, desde el crear lazos vinculares sanos con nuestros hijos, algo que requiere de tiempo y calidad. No solo vivir bajo el mismo techo”.

Aquí la importancia de que tanto la madre como el padre no dejen de lado la comunicación, asertividad, afecto y desarrollo socio emocional que tienen sus acciones sobre los hijos.

“La tuición compartida permite que ambos progenitores estén muy presente en todo el proceso de crianza y cuidado de sus hijos, teniendo que destinar los tiempos necesarios para que esto suceda. Ayuda mucho que los padres se puedan centrar en los hijos e hijas y no en los conflictos que ellos como adultos mantengan; que sean capaces de llegar a acuerdos”, asegura Josefina.

Pero, ¿qué pasa con el hogar en sí, con el espacio físico? “La adaptación a cada hogar es más fácil y positiva porque el hecho de compartir y acordar normas, hábitos, horarios, responsabilidades, entre los padres -a pesar de que no estén juntos-, permite que los menores perciban que siguen siendo parte de una familia”, dice la psicóloga. Y es que, según explica, el sentido de pertenencia no está determinado por el lugar físico, sino por el ambiente y clima que exista entre todos los integrantes de este nuevo sistema familiar.

“Se pueden realizar diversas acciones como conversar con ellos sobre sus miedos de tener que trasladarse de una casa a otra, respetar su tiempos de adaptación, expresar por parte de los padres la felicidad de poder compartir tiempo con sus hijos, acordar en conjunto normas y reglas de la casa, ayudarlos a conocer el entorno (caminando por las calles cercanas, yendo a la plaza, conociendo los almacenes de alrededor), que conozcan el lugar antes de llegar la primera noche, permitir que participen de la decoración, tener elementos que los hagan sentirse seguros (en los más chicos peluches que le dan seguridad, luz de noche para lo que les dé susto la oscuridad, entre otras cosas), pasar tiempo en la casa y realizar actividades recreativas (juegos de mesa, cocinar juntos, ver películas). Todo aquello que sirva como mensaje para que los hijos sientan que es su lugar, permitirá que el cansancio de ir de un lado para otro sea menor a la ganas de estar con ambos padres”, asegura Josefina Montiel.

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