Nuestras lectoras preguntan: Mi reserva ovárica es baja y no sé si congelar óvulos

La decisión de ser o no madre resulta compleja por estos días. Muchas lo viven como algo secundario en sus vidas, mientras otras, darían lo que fuera por concebir. Cuando el reloj biológico no va tan bien, puede aumentar la presión (social y/o autoimpuesta) respecto de lo que ‘se debería hacer’. ¿Es la criopreservación la mejor alternativa? Nuestra lectora se lo cuestiona.




LA PREGUNTA:

“Me enteré que mi reserva ovárica es muy, muy baja y que mis posibilidades de ser madre en forma natural son bastante reducidas. Todo el mundo me dice que congele óvulos y que lo haga ahora mismo, sí o sí. Me siento muy confundida, porque, aunque yo sí quiero ser madre, no me veo haciendo un in vitro y no sólo me pesa el factor económico, sino también el bombardeo hormonal y la presión psicológica que implica el proceso. Necesito tomar una decisión pronto, pero quiero hacerlo por convicción y no por miedo.

Lorena, 38 años

LA RESPUESTA:

“Desde el punto de vista psicológico es muy importante tomar esta decisión sin presiones y como bien dice la lectora, hacerlo por convicción y siguiendo sus deseos. Sin embargo, es importante también tener en cuenta los factores biológicos; lo primero es saber que nuestros óvulos envejecen en paralelo con nuestro organismo y nuestra fertilidad se reduce drásticamente después de los 36 años. Para congelar óvulos lo ideal es hacerlo lo más jóvenes posible y acompañarse de los profesionales adecuados, pues no se trata solo de un tratamiento médico”, afirma la psicóloga especialista en reproducción humana y embarazos de alto riesgo del Hospital Clínico Pontificia Universidad Católica, Sylvia Díaz.

Torbellino de emociones

Desde que ocurre el primer diagnóstico, como la lectora con una baja reserva ovárica, se genera un shock. Lo que pensábamos que iba a ser natural, ahora necesitaría de la intervención de un tercero (el médico). “Empezamos a vivir una serie de duelos que no son fáciles en soledad; desde los tratamientos fallidos, las dos semanas de esperar la beta -que es un periodo muy ansioso-, o la simple llegada de la regla que nos indica que no hay embarazo”, detalla la psicóloga.

Una decisión informada

Cada vez más, las mujeres aplazamos la maternidad. Ya sea por motivos económicos, profesionales o por no haber encontrado la pareja que anhelamos para formar una familia. “Todo lo anterior, sumado a la forma en que una persona se plantea armar familia ocasiona que vaya pasando el tiempo y no nos demos cuenta que lo biológico también tiene un peso.

Es importante tomar una decisión informada y consecuente, teniendo en cuenta que el tener un hijo conlleva una responsabilidad y un abrir el corazón a otro ser que en sus primeros años dependerá de ti. Necesitamos una cuota de generosidad y contemplar que también hay diferentes formas de ser madre y es bueno informarnos acerca de ellas”, reflexiona Sylvia.

Para ayudarse a aclarar las ideas es importante y necesario hacerse muchas preguntas: ¿Qué tanto anhelo ser madre? ¿Qué estoy dispuesta a hacer para lograrlo? ¿Estoy dispuesta a transar mi libertad o mis horas de sueño? ¿Me imagino sola o acompañada en la crianza? ¿Con qué posibilidades cuento en lo emocional y financiero? La maternidad tiene momentos maravillosos, a la vez que dificultades. Escuchar la voz interna será lo que iluminará el camino para tomar una decisión a consciencia.

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