Relatos de papás en cuarentena: “La pandemia me ayudó a profundizar la comunicación emocional con mis hijos”

Los papás también están viviendo la pandemia con las complejidades y aprendizajes que eso implica. Si bien estudios han ahondado en cómo la carga laboral dentro y fuera del hogar es más pesada en las mujeres, y especialmente en las que son mamás, algunos papás han tenido que dejar extensos horarios fuera de la casa para enfrentarse al día a día, a las tareas domésticas y a la crianza de los hijos. Aquí algunas de sus historias.




“Tengo la tuición compartida de mis hijos. La semana que estamos juntos es full. No paro. Los niños sólo fueron a clases presenciales una semana este año, porque después la comuna del colegio entró en cuarentena, por lo que han estado todo el año en telecolegio, Entre mi trabajo, las clases y las pruebas del magíster que estoy haciendo, cocinar, las tareas del más grande que tiene diez años y acompañar a la menor que tiene seis en sus clases, los días se me hacen cortísimos. Reconozco que para mí en este escenario el apoyo de mi círculo cercano ha sido clave, especialmente de mi pareja actual y de mis papás, así como también lo ha sido el tiempo en el que los niños están con su mamá, momento en el que recargo energías para la semana siguiente.

En medio de toda esta crisis, también ha jugado un rol fundamental la honestidad. He tratado de contenerlos lo más que puedo, poniendo atención a sus estados de ánimo, pero al mismo tiempo soy honesto con ellos respecto a lo que me pasa a mí. Les trato de expresar mis sentimientos, lo que me pasa, lo que me cuesta, lo que me molesta, y si estoy contento se los digo, para que todos logremos ser empáticos. Y eso nos ha permitido crecer en nuestra relación. Y es que para mí el rol del papá cambió hace rato, la pandemia solo vino a acelerar el proceso de quienes se mantienen en un rol más tradicional. A mí me gusta ser papá. Creo que una de las cosas buenas que me ha dejado la pandemia, es que me ha ayudado a profundizar y mejorar la comunicación emocional con mis hijos. Creo que ahora, entre los tres, hemos podido hablar con más naturalidad y profundidad sobre nuestros sentimientos y emociones”.

José Antonio Acosta, periodista.

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“Siempre había estado acostumbrado a trabajar puertas afuera, tuve que intercambiar roles con mi esposa, quien incluso en cuarentenas ha tenido que trabajar de forma presencial, por lo que de cierta manera me he convertido en el cuidador diario de mis mellizos de seis años. Ahora, que estoy mucho más tiempo en la casa, me reparto entre mi estudio, las clases y el trabajo. Agradezco que esto haya ocurrido ahora que son más grandes, porque por la edad de mis niños, ya podemos hablar, discutir y leer juntos, incluso, muchas veces son ellos los que van y me leen un cuento.

Pero no es fácil, hay que hacer un malabarismo. Hemos tenido que apoyarnos en las abuelas también, especialmente cuando yo tengo que ir a trabajar afuera. Ha sido difícil, pero al mismo tiempo muy enriquecedor. Ahora trabajo en las noches, después de que llega mi señora, pero así nos organizamos y creo que funciona.

Creo que el rol de los papás se ha visto forzado a cambiar durante la pandemia. Yo nunca me encajoné en el rol tradicional, y a pesar de que soy papá viejo, creo que soy un papá moderno, que comparte las responsabilidades y el trabajo. Sin embargo, sí me he dado cuenta de que los niños necesitan de una constante atención, y que cuando no la tienen empiezan los problemas. Ellos están muy bien. No sé si he sido el mejor papá del mundo, pero lo he hecho lo mejor que he podido”.

Marcial del Río, arquitecto.

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“Lo que hizo la pandemia fue enfrentarme cara a cara a todas las cotidianidades que por mucho tiempo no quise ver, porque había “alguien” más, que se hacía cargo. Nunca he sido un papá ausente, para nada, pero entendí que mi relación con mis hijos de 9 y 11 años, había sido durante todos estos años, desde mi rol de entretenedor. Yo los llevaba a la plaza a jugar los domingos, les enseñé a andar en bicicleta, y hacía tardes de películas y avioncitos en el living. También los mudaba y  bañaba, y les preparaba algunas de las comidas. Pero este año, en que hemos estado todos encerrados, me he dado cuenta que la crianza es mucho más que eso.

He visto cómo mi señora lleva una carga mental que por años ignoré. Saber si tienen los útiles que pidió la profesora de arte para la próxima semana; estar pendiente de sus vacunas, de sus controles. En el fondo, es tomar la crianza con la misma responsabilidad que las mujeres, y no solo seguir órdenes. Porque lo más pesado no es mudar a los niños, sino que estar pendiente de que el pañal esté, que la crema no falte, que todos los productos sean adecuados, y que la muda sea a sus horas.

El otro día en mi chat de amigos circuló el siguiente “chiste”: “Yo también lavo los platos, hago las compras y paso la aspiradora, pero mi mujer aún pretende que sea a mí a quien se le ocurran esas estúpidas ideas”. Y eso es lo que en mayor medida he aprendido en esta pandemia, que aunque yo juraba que con mi mujer nos dividíamos las tareas, yo era simplemente un papá que “ayudaba”. Y cuando descubres eso, en la paternidad ya no hay vuelta atrás”.

Francisco Gutierrez, publicista.

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