Chile podría sumarse a Europa en exigir un cargador universal para celulares

La Unión Europea definió que, de aquí a 2024, todos los nuevos dispositivos deberán tener un sistema de carga único, centrado en los modelos USB-C. En paralelo, parlamentarios en Chile ven con optimismo la moción, que los animó a impulsar un proyecto de ley que ya fue ingresado. Los principales motivos son la crisis climática y la acumulación de desperdicios electrónicos.


Cuando en 2020 Apple decidió eliminar audífonos y cargadores para sus nuevos modelos de iPhone, causó sorpresa y polémica. Bajo el argumento de buscar reducir su huella ante la contaminación, la empresa puso en práctica la medida para sus modelos de iPhone 11, 12, XR y SE 2020, y que no dejó muy satisfechos a sus seguidores, que ya traían una costumbre de ir acumulando cargadores, o de incluso ir evolucionando en los puertos de carga. Pero nadie pensó que, con el paso de los años, quienes tomarían partido serían las mismas entidades gubernamentales.

Este martes la Unión Europea (UE) acordó que para 2024 todos los dispositivos electrónicos portátiles como smartphones y tablets tendrán que contar con un cargador único universal. En su momento, previo a la definición del Parlamento, fue la mismísima firma de Cupertino la que se oponía a la medida. Eso sí, la decisión instaló que el puerto de carga de todos los aparatos para ese entonces tengan una entrada USB-C, y que es la que tienen la gran mayoría de los productos en el mercado. Desde Xiaomi, pasando a Samsung, Huawei, Nokia, entre otros tantos miles. La gran parte, todas menos Apple, que es la parte interesada.

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Apple fue la principal empresa opositora a la propuesta y que había comenzado hace algunos años un camino por reducir su huella de contaminación tecnológica.

El planteamiento de la UE se acercó, hasta cierto punto, al otrora realizado por la firma fundada por Steve Jobs. La principal preocupación es el daño hecho al medioambiente, eliminar la cantidad de desechos tecnológicos y, en consideración de las distintas eventualidades acontecidas en los últimos años, cuidar también los bolsillos de los usuarios de sus países miembros, teniendo en cuenta la guerra en la que se cierne ese continente.

Han habido empresas que han transitado por distintos caminos, pero que luego se han unido. Los usuarios están tan acostumbrados hoy en día al USB-C, que casi ya han olvidado al Mini USB y que los acompañó durante años en diversos modelos y compañías. Más atrás quedaron los FastPort (que usaba Sony Ericsson, por ejemplo), y que fueron reemplazados por los Mini. Y yendo un poco más lejos, los tradicionales cargadores de “pines”, que utilizaban algunos dispositivos de Samsung y Nokia, en una lista que podría seguir durante minutos, pero que refleja el gran impacto de la industria en cuanto a sus desechos. Quién no recuerde alguno de estos, puede que nunca haya tenido que pedir un cargador prestado.

En su comunicado de prensa, el Parlamento europeo hizo alusión a cómo se afectarán los usuarios con respecto a su decisión. Ya no se necesitarán diversos aparatos de recarga, porque todos los dispositivos tendrán que tener fijado un sistema universal. Lo definido esta semana viene siendo arrastrado desde 2009, cuando el mismo organismo limitó el ecosistema de unos treinta tipos de cargadores, hacia los tres que mantenemos hoy en día: Mini, USB-C y Lightning. Esta regla rigió hasta 2014 y se propuso la opción que triunfó esta semana.

De las treinta alternativas que habían previo al 2009, en Europa se definieron por tres. De estas, triunfó esta semana la opción del USB-C y que ya utilizan a mayor parte de las empresas tecnológicas en sus puertos de carga.

Sin haber todavía una comunicación específica sobre el tema por parte de la compañía liderada por Tim Cook, el acuerdo implicaría desde ya que la empresa tendrá que comenzar a producir o trabajar en prototipos que cuenten con esta entrada. Si bien algunos de sus ordenadores que cuentan con salidas USB-C, son los teléfonos celulares los que se podrían ver afectados. Eso sí, los usuarios que ya tengan un iPhone no tendrán problema alguno, pero en caso de querer saltar hacia “una nueva generación”, sus antiguos cargadores no les servirán.

El impacto en Chile

Tiempo antes que la medida fuera ratificada por el Parlamento Europeo, la propuesta tenía eco en el Congreso local. Hace unos meses, los diputados UDI, Cristóbal Martínez y Henry Leal, propusieron un proyecto de ley en búsqueda de reducir la contaminación electrónica en el país, y que tiene a Chile como uno de los mayores productores de este tipo de desechos a nivel regional.

Según explica Cristóbal Martínez, la crisis climática es un factor de suma relevancia para tener consideración. “Nuestro país no es la excepción, y vimos la necesidad de avanzar en un proyecto que pudiera contribuir a las diferentes estrategias que se han tomado para combatir esta emergencia”, dice el congresista. De hecho, tomaron como referencia el mismo proyecto planteado por la UE, “entendiendo que si ellos fueron capaces de ponerse de acuerdo en una medida de tal magnitud, no vemos por qué nosotros no podríamos avanzar en la misma línea y ser pioneros en el continente”.

De todas maneras, continúa, existen factores propios que les hacen pensar que a nivel nacional se reúnen todas las condiciones para disponer de un cargador universal. “Esto no solo para celulares, sino también para los otros dispositivo electrónicos que tengamos en nuestro ecosistema, como tablets, relojes inteligentes o audífonos”, afirma Martínez. U

no de los argumentos más fuertes, asegura el diputado, es que para febrero de este año habían más de 33 millones de celulares en Chile, transformándose en el cuarto país de Latinoamérica con más dispositivos que habitantes. Eso, sin considerar la cantidad de desperdicios tecnológicos. “Eso solo es un punto, porque además somos el primero con los precios de celulares y planes móviles más baratos de Sudamérica”, acota.

Thierry Breton, comisario europeo de la Industria, fue uno de los voceros del tema durante este periodo.

Esas ventajas, que benefician a todos los chilenos, afirma, por supuesto traen también costos negativos. Se refiere a la generación de basura electrónica que se genera acá, principalmente por todos los dispositivos y cables que se encuentran en desuso y se desechan. Eso, además, junto a la poca capacidad que existe en la industria local de poder actuar frente a todos estos desperdicios. Lo cierto es que a nivel nacional tampoco se posee una industria de reciclaje tan potente y distintas iniciativas han surgido al respecto para dar cara a los distintos frentes.

“Este proyecto no solo vendría a simplificarle la vida a todas las personas, sino que principalmente haría una contribución muy importante al medio ambiente y, aunque aún no tengamos cuantificado cuántas toneladas de basura se dejarían de botar cada año en caso de aprobarse, estamos absolutamente seguros de que sería un porcentaje muy importante”, desarrolla.

El proyecto se presentó el 21 de abril recién pasado y, desde entonces, permanece en la Comisión de Economía para iniciar su tramitación legislativa, de la cual depende de la voluntad que exista por parte de los distintos sectores políticos. “Nuestro llamado es a tomar muy en serio la iniciativa, ver cómo la está trabajando la Unión Europea y así convertirnos en pioneros en impulsar una normativa de este tipo en Latinoamérica”, plantea.

No es la única vez que el caso europeo ha resonado en este lado del continente. Para 2014, en Europa, se inició el recorrido por un cargador universal para los dispositivos móviles. Un año después, dos diputados PPD y el presidente de la Corporación Nacional de Consumidores y Usuarios, se reunieron con el en ese entonces ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Andrés Gómez-Lobo. El argumento, esa vez, fue que existían 24 millones de celulares en el país, cifra que desde ya superaba a la población total a nivel nacional. La respuesta del jefe de la cartera de Telecomunicaciones fue que estarían atentos al desenlace de la iniciativa en Europa, pero que recién tiene un veredicto en 2022.

“La primera vez que la Comisión Europea propuso establecer un cargador universal en los celulares, no muchos lo miraron con buenos ojos e incluso ciertas compañías se opusieron abiertamente a la medida, pero hace algunas semanas atrás vimos con sorpresa que esas mismas empresas se abrieron a cambiar el tipo de cargador que utilizan, demostrando que la propuesta va en el sentido correcto”, dice Martínez.

La aprobación, dice el parlamentario, los anima a insistir con el proyecto de ley, que también establece un periodo de dos años para aplicarse. “Si se concreta primero en Europa, será mucho más fácil aplicarse en los otros continentes”, apunta.

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