Claudio Rolle: "Es poco republicano de parte del gobierno mandar a la gente a sus casas a reflexionar sobre el 11 de septiembre"

claudio rolle

Doctor en historia y coautor de Historia del Siglo XX chileno, el académico UC considera que la ausencia de actos oficiales es también "una forma de desligarse de una realidad y de una fecha histórica significativa".


No estaba al tanto, pero las palabras de la vocera de gobierno, Cecilia Pérez, le hacen ruido al historiador Claudio Rolle. "No tenemos contemplado ninguna ceremonia en particular, pero sí, sin duda es un día para reflexionar. Reflexionar personalmente lo importante que es cuidar la democracia, lo importante que es cuidar el diálogo republicano", señaló la ministra, a solo horas de conmemorarse, hoy, 46 años del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

Ahora, es el académico y coautor de Historia del Siglo XX chileno quien responde: "En líneas de principios, me parece que es desligarse de una realidad, en el sentido de que es una fecha histórica y significativa para Chile, un enorme trauma interpretado por algunos como liberación y por la mayoría de los chilenos como el inicio de una dictadura", comenta. "Es desentenderse también con la voluntad de decir 'no nos compete', cuando en realidad compete a todos los ciudadanos. Si no hay una buena fundamentación de por qué se está tomando esta decisión, el gobierno se aleja de su propia consciencia histórica".

La ministra Pérez llamó a "la reflexión personal". ¿Debe el Estado restarse de esta invitación?

En lo absoluto. Pienso que debería ser no solo una invitación a la reflexión, que está muy bien, sino que probablemente sería interesante un acto republicano de su parte. En ese sentido, creo que es poco republicano de parte del gobierno mandar a la gente a sus casas a reflexionar sobre el 11 de septiembre y dejar a la decisión personal hacerse cargo de los valores democráticos y republicanos. Para mí sería más esperable un acto republicano.

¿Cree que las nuevas generaciones conmemorarán el 11/S de otra forma?

Probablemente, hoy ya está teniendo un significado diferente, pero tiene que ver con la experiencia vivida, tiene que ver con una frontera temporal y simbólica no menor. Sin embargo, hay mucho juicio a priori, una prescindencia de tomar posiciones, que yo creo que es difícil de explicar, porque en definitiva quienes somos mayores y tenemos recuerdos y memoria de este periodo nos resulta difícil eludirlo. Y creo que es importante ver cómo se resignifica. El punto es que esto sea una ocasión para hacer experiencia y no solo para reivindicar víctimas, que es muy legítimo también, o buscar justificaciones, que me parece menos claro e inconsistente.

Algunos valoran el gesto político de estos actos y lo han comparado, por ejemplo, con el caso del Holocausto en Europa. ¿Cómo lo ve usted?

No sé si sean comparables, porque en definitiva son situaciones particulares de cada cultura, y en esa línea hay una cierta tradición, una cierta forma de comunicarse con la experiencia del pasado. Hay países que tienen una consciencia histórica mucho más pronunciada que la nuestra, y en ese sentido, más que comparar, que es algo que yo evitaría en este caso, trataría más bien de pensar en términos de desafío qué significa para los chilenos el pensar en un día como este. Estoy pensando en lo que escribió Alfredo Joignant en su libro Un día especial, donde él hace un análisis de cómo se ha ido recordando, celebrando por unos y llorando por otros este mismo día que nos divide. Yo creo que el tema de la división y de cómo persiste, de alguna forma resalta la idea de que algo se quebró muy profundamente un día 11 de septiembre, y que no debe ser olvidado. En definitiva, es lo que permite reintegrar tejidos, formas de comprender, de dialogar y valorar lo que tenemos. En la medida en que uno valora, conoce y reflexiona sobre lo que se vivió en Chile, puede valorar lo que ha significado, así como las tareas pendientes en la democracia. Por tanto, suspender la reflexión por parte del gobierno de turno, es salir por la tangente en materia de la responsabilidad de la reflexión sobre cuánto nos compete a nosotros el cuidado de la democracia. Y, en lugar de ser una ocasión, lo siento más como una pérdida.

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