Historias y pugnas por el Museo de la Memoria

El frontis del Museo de la Memoria

Otros museos similares en el mundo son el Museo del Apartheid, en Johannesburgo, Sudáfrica; el Yad Vashem, de Jerusalén; mientras que en Latinoamérica existe el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, de Colombia; el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social, en Perú y el Espacio Memoria y DDHH, en Argentina.


“Nuestra memoria está presente en cada historia, objeto y archivo que preserva el museo”, es uno de los mensajes que invita a conocer las cartas, manuscritos, fotos, videos y audios, que conforman el material disponible en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, ubicado en Matucana 501, inaugurado por la presidenta Michelle Bachelet en 2010.

El espacio, destinado “a dar visibilidad a las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado de Chile entre 1973 y 1990; a dignificar a las víctimas y a sus familias; y a estimular la reflexión y el debate sobre la importancia del respeto y la tolerancia”, ha sido objetos de cuestionamientos.

En 2012, Magdalena Krebs, entonces directora de la Dibam, señaló que el museo “limita su función pedagógica”, agregando que producía “una visión incompleta de los hechos”. Entonces su director era Ricardo Brodsky, y el museo alcanzó 200 mil visitantes ese año, y contó entre sus conferencistas con el filósofo e historiador Tzvetan Todorov.

Sin embargo, cuatro años después, en junio de 2016, asumió la dirección del museo, hasta hoy, el historiador Francisco Estévez, luego que Brodsky renunciara tras ser vinculado al caso SQM.

A partir del conflicto de Mauricio Rojas, el pasado sábado, la hija del presidente, Magdalena Piñera se refirió al museo en su cuenta de Twitter: “El Museo de la Memoria, de carácter privado, pero financiamiento público, cuenta una mirada, con verdad, pero 1 verdad”.

Conformado por un directorio de 15 personas del mundo cultural y político, como Carlos Peña, Agustín Squella, Fernando Montes, Daniel Platovsky y Bachelet, el Museo de la Memoria recibe cada año un promedio de $ 1.500 millones a través de la Ley de Presupuesto y de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam).

En 2016, la UDI acudió a Contraloría ya que exigían la explicación del aumento de supuestamente $ 500 millones del presupuesto de ese año (de $1.641 millones a $2.129 millones). Finalmente, el aumento no existió, situación que fue aclarada por la Dibam.

Otros museos similares en el mundo son el Museo del Apartheid, en Johannesburgo, Sudáfrica; el Yad Vashem, de Jerusalén; mientras que en Latinoamérica existe el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, de Colombia; el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social, en Perú y el Espacio Memoria y DDHH, en Argentina.

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