La nueva camada de diputados “díscolos”

Marcelo Díaz, (PS), Renato Garín (RD), Raúl Soto (DC), Leonidas Romero (RN) y Camila Flores (RN).

Son los herederos de los que en el primer gobierno de Bachelet tiraron el mantel e incluso se fueron de sus partidos para crear nuevos espacios. Hoy aparecen nuevas figuras que incomodan y que han optado en más de una oportunidad por el camino propio.


Michelle Bachelet llegaba a La Moneda para su primera administración en 2005 y en la entonces Concertación, que respaldó su candidatura, empezaba a germinar un concepto nuevo: los díscolos. Eran los herederos de los “autoflagelantes”, que habían nacido al término de los dos primeros gobiernos tras la dictadura y que cuestionaban a las denominadas “elites” partidarias.

Entre sus personajes, entre otros, estaban los, por esa época, socialistas Marco Enríquez-Ominami y Alejandro Navarro. Hoy en el Congreso existen atisbos de una camada de parlamentarios que parecen instalarse en una posición similar, cuestionando a sus dirigentes y remarcando las diferencias internas, claro que esta vez están en todos los sectores.

Aunque ellos no se reconocen tan abiertamente como “díscolos”, sí asumen sus diferencias con quienes hoy están a la cabeza de sus colectividades. Uno de ellos: el actual diputado del PS, Marcelo Díaz.

El exvocero de gobierno ha cuestionado el actuar de la mesa de su partido, encabezada por el senador Álvaro Elizalde. Ha acusado falta de transparencia, resoluciones inconsultas e incluso encabezó una carta en la que se opuso, junto a un grupo de militantes, a la decisión del PS de crear la Convergencia Progresista junto al PPD y el PR.

“No me considero díscolo. Soy PS y comparto los valores y principios de mi partido. Si de algo se me puede considerar díscolo es de la conducción actual del partido, más allá de las persianas que la componen y de la visión que tienen de cómo debe ser hoy un partido político”, explica el exministro.

“Soy díscolo de la poca capacidad de entender diferencias dentro del PS, de su déficit democrático, de hacer las cosas entre cuatro o cinco personas. Soy díscolo de los espacios de opacidad y también de no entender que la construcción del partido del futuro tiene que ver con escuchar, consensuar y actuar siempre de cara a la ciudadanía y a los propios militantes, que son lejos los más marginados de la deliberación interna”, añade.

En el Frente Amplio también hay parlamentarios críticos respecto de sus mesas directivas. Entre ellos, el diputado de Revolución Democrática (RD) Renato Garín es apuntado como el mayor “rebelde” de su partido. Varios son los episodios que ha protagonizado y que han generado malestar en la colectividad.

Si bien vota alineado la mayoría de las veces con sus compañeros de partido, el diputado ha tenido distintos inconvenientes con sus compañeros, incluso ha sido llevado a la comisión de ética de la Cámara por su propia bancada; además de ser durante meses uno de los cercanos al exprecandidato presidencial Alberto Mayol -de quien se sabe sus diferencias con Giorgio Jackson-, ha cuestionado permanentemente a su directiva.

“He sido profundamente crítico de la gestión de Echecopar y el liderazgo inocuo del diputado Jackson durante largos meses de este año. Si eso me convierte en díscolo, pues lo soy”, manifiesta el legislador.

También en la DC se puede encontrar parlamentarios que han sido enmarcados en una “disidencia” frente a la mesa que encabeza Fuad Chahin. No obstante, existe uno que parece, a veces, correr con colores propios: Raúl Soto.

Soto, quien se encuentra en su primer año en el Congreso, se ha caracterizado por ser el más disperso en términos de votos de su bancada. Parlamentarios de la centroizquierda, incluso, lo tildan de “frenteamplista”, aunque él lo descarta. Lo que sí, representa a ala más progresista en la DC, pasando por alto la tesis de la directiva que busca recuperar la identidad centrista.

El diputado democratacristiano respaldó de inmediato la acusación constitucional contra los ministros de la Corte Suprema, a pesar de que en su bancada habían decidido analizarla en su mérito. También se opuso a la decisión de sus camaradas de la Comisión de Hacienda y su jefe de bancada, Matías Walker, en la discusión del sueldo mínimo.

“Deliberadamente he querido asumir un costo personal muchas veces, pero solo para mostrar un camino distinto, para un objetivo político que es colectivo y que tiene que ver con nuestra propia sobrevivencia y actualización”, explica a este medio.

En la otra vereda, hay varios también considerados díscolos. Entre ellos, el diputado RN Leonidas Romero, quien ha tenido diferencias con su mesa y también con el Presidente Sebastián Piñera a causa de la agenda valórica.

El diputado evangélico de la Región del Biobío ha señalado que Piñera se ha equivocado “como ser humano” y ha sostenido también que su partido no es un ejército.

También en el sector hay una diputada que incomoda y que ha sido protagonista de varias polémicas: Camila Flores (RN). La autodenominada “pinochetista” ha generado más de un dolor de cabeza para la mesa que dirige Mario Desbordes.

Proyectos como reponer la pena de muerte o impulsar la castración química han generado un debate interno en el partido y una distancia con el ala más liberal del mismo.

Lo último: su cercanía con el excandidato presidencial José Antonio Kast, lo que llevó a la mesa de RN a tomar medidas y pedirles que tomen distancia del exmilitante UDI.

“No me considero díscola, lo que considero es que represento a mis electores (…) Eso genera muchas veces no votar con la mayoría, pero yo no salí electa para ser políticamente correcta”, sentencia la parlamentaria.

Seguir leyendo