Designación de nueva ministra de Economía en Argentina pone en duda recortes a subsidios acordados con el FMI

Silvina Batakis prestó juramento esta semana después de que Martín Guzmán, un moderado económico que este año negoció el acuerdo con el FMI, renunció.




Un repentino cambio de ministro de Economía en Argentina, que le da a la facción izquierdista de la coalición gobernante el control sobre las finanzas del país, representa un riesgo para una parte clave de su acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI): desacostumbrar a la población de los subsidios a la energía.

Silvina Batakis prestó juramento esta semana después de que Martín Guzmán, un moderado económico que este año negoció el acuerdo con el FMI, renunció en parte porque funcionarios del gobierno designados por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner le impidieron implementar una política energética como él deseaba. Batakis es aliada de Cristina K, antagonista de mucho tiempo de los mercados globales y del FMI.

Por supuesto, Batakis dijo el martes en una entrevista radial que seguiría adelante con la reducción de los subsidios a la energía en un intento por calmar a inversionistas, cuya primera reacción ante su llegada fue vender activos argentinos.

Varios analistas insistieron en poner en tela de juicio su compromiso con la medida tomada por Guzmán y el FMI. En la misma entrevista, Batakis advirtió que algunos objetivos del programa del FMI tendrían que cambiar. Este año, el programa apunta a recortar los subsidios a la energía en un 0,6% del Producto Interno Bruto (PIB).

Lucas Caldil, analista de crédito de Portfolio Personal Inversiones en Buenos Aires, dijo que habrá menos voluntad de cumplir con los recortes a los subsidios, lo que probablemente impedirá que se conviertan en el ancla fiscal que quería Guzmán.

Miles de millones de dólares al año en subsidios a la energía y el gas natural son uno de los factores que impulsan el déficit fiscal de Argentina, lo que lleva a una política monetaria relajada y desequilibrios como la inflación. Pero reducirlos es delicado para una coalición que está en el poder, en gran medida, gracias a votantes que buscaban un regreso a los generosos subsidios sociales de la era 2003-2015, cuando gobernaron Cristina Fernández y su difunto esposo.

Guzmán supervisó alzas a las facturas de energía este año y el anterior, después de que los precios estuvieran congelados durante dos años. Pero tuvo dificultades para ganarse el apoyo de los leales a Cristina K para implementar más alzas.

Segmentación

Cuando los consumidores pagan más, el gobierno paga menos. Además, Argentina aún debe implementar la llamada segmentación, una medida delicada desde el punto de vista político que reduciría los pagos a algunas familias de clase media.

Caldi señaló que Guzmán defendió arduamente la segmentación, pero que ahora surge una incertidumbre.

El gasto energético del gobierno ha aumentado recientemente debido a que Argentina ha tenido que importar costosos cargamentos de combustible para satisfacer la demanda de invierno. Los subsidios para los 12 meses hasta junio fueron de US$13.500 millones, muy por encima de los más de US$7.000 millones en el período anterior de 12 meses, explicó Julián Rojo, analista del centro de estudios General Mosconi en Buenos Aires.

En mayo, los consumidores pagaron solo el 36% del costo de producción de la energía, que da cuenta de la mayor parte de los subsidios, frente al 42% de marzo y el 39% de abril, según Portfolio.

El gasto podría aumentar aún más si Batakis opta por devaluar el peso, pero protege a los votantes que ya están lidiando con una inflación del 61% mediante la aplicación de alzas lentas, o nulas, a las facturas de energía. Eso se debe a que gran parte de los precios de producción de la energía en Argentina están vinculados al dólar.

La diferencia entre el tipo de cambio oficial y controlado y tasas de mercado más débiles se está ampliando, una tendencia que muchas veces augura una devaluación.

Nicolás Gadano, consultor y profesor universitario argentino especializado en la intersección de la economía y la energía, dijo que la brecha que se está abriendo en los tipos de cambio es inaceptable, ya que hace probable una devaluación, lo que podría provocar una situación en la que los consumidores cubran incluso menos del precio de la energía.

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