Michael Stott, editor para América Latina del FT: “En Chile estamos viendo una izquierda diferente”

El editor de Financial Times para la región dice que "Chile sigue siendo un país atractivo para la inversión", aunque sostiene que la incertidumbre para los inversionistas extranjeros no desaparecerá del todo mientras no concluya la discusión constitucional. Se declara un optimista sobre el país. "Chile es un país que ha demostrado mucha madurez en estos procesos muy difíciles y dolorosos de los últimos años. Se ha mantenido en un marco completamente democrático".


“El mayor reto de la región no es político, sino económico”, dice Michael Stott, editor para América Latina del diario británico Financial Times, de paso por Chile. Stott, quien trabajó también en la agencia Reuters, conoce bien la región: la cubrió la década del noventa, cuando vivió en Brasil, Colombia y México y ahora, debido al cargo que asumió en 2019 en FT, la visita con regularidad. El editor del FT, que fue muy crítico con la propuesta constitucional rechazada el 4 de septiembre, se declara un optimista sobre el futuro de Chile. La madurez democrática que percibe y las ventajas económicas que puede traer el litio y el hidrógeno verde son la base de sus buenos pronósticos.

Sacudidos los fantasmas de que Gabriel Boric encarnaría un gobierno de izquierda radical, Stott asegura que el mandatario representa -hasta ahora- una nueva izquierda latinoamericana. Una que, a diferencia de Brasil y México, “está mucho más en sintonía con la izquierda europea actual”. Para el miembro del directorio editorial del Financial Times, el gran desafío del país es gastar bien los nuevos ingresos que se recauden de la reforma tributaria. Su aprobación, como la de pensiones y definir el marco del proceso constitucional, son las claves, señala, para despejar las dudas de los inversionistas extranjeros.

El ministro Mario Marcel aseguró la semana pasada que se estaban despejando las incertidumbres sobre la economía chilena. ¿Está de acuerdo?

Algo de incertidumbre se está pasando, pero hasta que no se termine el proceso constitucional van a quedar interrogantes importantes por parte de los inversionistas extranjeros. El diseño de la reforma tributaria ha dado cierta certidumbre de qué pueden esperar, pero todavía no pasa el Congreso. Es un paquete aceptable, siendo el impuesto patrimonial la parte más débil, pero puede haber una disposición del gobierno a negociar a cambio de otras fuentes de ingreso. En general, es una reforma que aumenta la tributación a niveles muy razonables en términos de la región. Eso ayuda. En cuanto al proceso constitucional, el rechazo fue una demostración de gran madurez por parte del electorado y un rechazo al extremismo. Eso es una señal de esperanza para los inversionistas. La sociedad es madura y quiere un documento moderado de consenso. Si eso se logra en los próximos dos a tres años, sería un gran avance para Chile. Chile sigue siendo un país atractivo para la inversión. Tenemos que pensar en las otras opciones: Rusia está fuera del mapa, Europa oriental muy difícil, China está muy complicado ahora y el dinero tiene que ir a algún lado.

¿Un proceso constitucional de tres años extendería la incertidumbre hasta entonces?

Si el diseño del proceso se acuerda de tal manera que el resultado probablemente sea moderado y de consenso, eso ayudaría en gran parte a tranquilizar a los inversionistas, pero pienso que el proceso podría durar hasta tres años porque no hay tanta urgencia. Sé que el presidente Boric lo considera muy urgente, pero mientras están avanzando otras reformas como la de las pensiones, que son las cosas que el pueblo realmente necesita con urgencia, la demanda de la Constitución es menos urgente. También creo que hay un problema de atención política. El Congreso está manejando dos reformas muy importantes y también tiene que pensar en la Constitución. Es difícil sacar todas esas cosas en poco tiempo.

Dice que la reforma tributaria le parece razonable dentro de la región. ¿Es suficiente una recaudación del 3,6% del PIB para el contexto chileno?

El mayor reto ahora es cómo se gasta. Hay ejemplos en la región de lo que no se debe hacer, como Brasil y Argentina, que tienen cargas tributarias bastante elevadas, pero gastan mal. Tienen Estados ineficientes, grandes, que entregan resultados en muchas áreas bastante mediocres. El gasto público en educación en Brasil es mayor en porcentaje del PIB que en Francia o Alemania, pero los resultados no se acercan. Ahí hay una pregunta que no es de dinero, sino de calidad. Creo que el reto central para Chile es gastar bien esos recursos nuevos para lograr resultados mejores sustancialmente en términos de salud, educación y pensiones, y quizá vivienda.

¿Qué puede hacer el gobierno para fomentar la inversión extranjera?

Me han comentado que hay cierta preocupación del empresariado e inversionistas en que, cuando el gobierno tiene que tomar una decisión y hay varios factores, entre ellos crecimiento, medio ambiente, derechos laborales, etc, el crecimiento siempre pierde. No sé qué tan justo será ese veredicto, pero es al menos la visión del empresariado. Creo que el gobierno tiene que pensar en medidas para agilizar el crecimiento y mejorar la inversión, sobre todo en el sector minero, donde hay una oportunidad muy importante con el litio. Chile es un proveedor muy importante, pero si no suministra el litio adicional que necesita el mundo, se van a descubrir nuevas fuentes en otras partes. La oportunidad es hoy y hay que exportarlo hoy. Lo mismo vale para el hidrógeno verde. Muchos países están interesados y Chile está en excelentes condiciones de producirlo a bajo costo, pero requiere de transporte, almacenaje, etc. Chile tiene que ponerse las pilas con la infraestructura y hacerlo bien, rápido y antes que otros países, sino no va a ser un competidor importante.

¿Cree que el gobierno le está dando la urgencia que ameritan estas oportunidades?

Desde el gobierno me dicen que están queriendo agilizar la inversión, anunciando paquetes de medidas para favorecerla y estimularla. Queda por ver qué tan efectivas serán. Persiste la sensación de incertidumbre que hay que despejar lo antes posible. Ayudará mucho pasar la reforma tributaria porque se conocerán las reglas del juego. Acordar el proceso constitucional es algo a lo que se podría aspirar a corto plazo y la reforma previsional. Hay que tratar de hacer lo más que se pueda con esas tres cosas.

Lo debe hacer con en un escenario económico adverso, con una proyección de recesión para 2023 y presión inflacionaria...

Es una transición difícil, pero no hay que olvidarse que el gobierno actual tomó una decisión de mucho coraje que fue hacer un ajuste fiscal muy brusco este año. Eso, sumado al alza de tasas, obviamente tiene un efecto muy fuerte en frenar la economía. El año que viene ya no habrá ese ajuste fiscal y comenzará a haber más recursos para gastar y eso va a ayudar a estimular el crecimiento, mientras que se irán despejando las incertidumbres. Es cierto que las previsiones no son muy favorables para Chile en la región, pero soy un poco más optimista sobre el país y un poco menos optimista con otras economías de la región.

¿De dónde viene ese optimismo?

Chile es un país que ha demostrado mucha madurez en estos procesos muy difíciles y dolorosos de los últimos años. Se ha mantenido en un marco completamente democrático. Es muy valorable que Chile haya logrado la transición, sin ningún problema, de un gobierno de centro derecha a uno que era anunciado como de izquierda radical, aunque se ha ido moderando en el poder. Luego, el proceso constitucional fue muy complicado, pero nuevamente dentro de las reglas, sin cuestionamientos por parte de ningún sector importante. Cuando ganó el rechazo, el gobierno lo aceptó con mucha sensatez y con ánimo de aprender. A mi me da mucho optimismo el futuro de Chile. Se está mostrando como una sociedad que quiere cambios, pero no comenzar de cero. Quiere evolucionar, que es lógico, con un consenso de la mayoría. Entiendo la preocupación sobre el aumento de la violencia, el crimen organizado, cosas nuevas aquí, pero esos fenómenos son un problema continental y requieren una respuesta fuerte a nivel regional. Y vengo de un país donde tenemos una guerra real cercana, que podría escalar de un día para otro. En comparación con eso, los problemas chilenos no parecen tan grandes. Sin minimizarlos, pero hay cosas también muy graves sucediendo en el mundo.

Mencionaba que el gobierno se ha ido moderando. ¿Ve mucha diferencia entre el Boric candidato y el Boric presidente?

Yo creo que sí. Se ha mostrado como una persona con una gran capacidad para escuchar y dialogar. Paciente. Entiende que tiene que llegar a consensos y que gobernar es difícil, que implica compromisos y decisiones complicadas como sacrificar amigos o principios para lograr esos consensos mayores. Estamos en el primer año todavía, pero es algo alentador.

¿En qué sentido es alentador?

Porque se está mostrando una nueva izquierda moderna latinoamericana y si creemos en la alternancia democrática, nos interesa tener una izquierda moderna como una derecha moderna. Un gran problema en la izquierda latinoamericana es que ha sido bastante retrógrada en muchos aspectos. Muy casada con la idea de la industria pesada, con el petróleo, la extracción de recursos naturales, con el machismo. En Chile estamos viendo una izquierda diferente, preocupada del medio ambiente, de la inclusión, de los derechos de la mujer, de las minorías sexuales, y eso es positivo. Si ese modelo se puede desarrollar con una moderación económica… Por otro lado, me deprime un poco escuchar a Lula o AMLO sobre la necesidad de construir refinerías de petróleo. En Chile están hablando de hidrógeno verde e industrias de transición eléctrica, mucho más en sintonía con la izquierda europea actual.

Si Boric representa una izquierda moderna, ¿quién representa la derecha moderna?

(Risas) Eso es difícil. Seguramente va a ir emergiendo, pero ahora me costaría nombrar una cabeza. No solo en Chile, a nivel regional es complicado. Creo que la derecha latinoamericana también se tiene que reinventar un poco para la nueva época en que vivimos, de mayores demandas sociales, mejores servicios públicos, cuidado del medio ambiente. El gobierno conservador de David Cameron en Inglaterra estuvo preocupado por esos temas y tuvo bastante éxito antes de que explotara por causa del Brexit, que fue su mayor error. Es posible combinar esos temas con una centro derecha, pero creo que en América Latina ese proceso es muy incipiente.

¿Cuál cree que es el freno?

La derecha latinoamericana se ha definido por resistencias. Resistencias a cambios, a regímenes, e ideologías. Decían “no queremos otro Cuba o Venezuela” en Colombia, Perú, Brasil, Chile. Y lo interesante es que esa estrategia fracasó en todos esos países y es evidente por qué: el sector más pobre ya está viviendo como en Venezuela. La derecha tiene que pensar en otros argumentos más positivos y propositivos. Por ejemplo, de ganarse la vida a través de aplicaciones como Uber, que ese sí es un deseo económico. Una nueva ola de trabajo que no es la tradicional. Debe desarrollar mensajes para esa capa de la sociedad que es de modestos recursos, pero que quiere desarrollarse. Ahí debe enfocarse, no en levantar todo el tiempo el espectro del castrochavismo, que ya es un argumento rezagado y solo convence a los ricos y la clase media alta que tiene mucho que perder, pero ellos van a votar por la derecha de todas formas.

La semana pasada siete expresidentes llamaron a crear una nueva Unasur. ¿América Latina debería aprovechar la hermandad ideológica entre varios de sus gobiernos para potenciar la economía regional?

Es indispensable fortalecer la unión regional, sobre todo a nivel comercial. El comercio interregional es bajísimo comparado con otras regiones y es preocupante que está muy por detrás de Africa, por ejemplo, o los países del sudeste asiatico. América Latina está muy rezagada en ese sentido, pero creo que la integración comercial es mucho más importante que la integración política y no estoy convencido de que Unasur sea el mejor vehículo para unificar al continente en torno a objetivos comerciales. Si bien hubo siete expresidentes que firmaron la carta, también es interesante quiénes no lo hicieron, como expresidentes muy respetados de México o el colombiano Juan Manuel Santos. Eso dice algo que la idea no disfruta de un apoyo amplio. El mayor reto de la región no es un reto político, sino económico. Es cómo salir de la estancación económica tan brutal que está sufriendo. Los sueños de integración política pueden ser muy románticos, pero deben venir después de una unión comercial y de un mayor dinamismo económico.

Si no es Unasur el camino, ¿cuál es?

Mercosur es una opción posible. Ha sido un poco limitado en el pasado por el dominio de Brasil, pero Colombia acaba de mostrar interés en unirse y Venezuela es miembro suspendido, pero podría volver en este nuevo clima político. Si se sumara Chile y Perú, ya tendrías todas las economías importantes de la región, menos Ecuador. Eso parece ser la alternativa concreta más factible, pero requerirá de un rediseño y una disposición, sobre todo de Brasil, pero también de Argentina, de aceptar importantes socios nuevos y adaptar un poco las reglas. Es un organismo que existe, que está funcionando, y que tiene un acuerdo negociado, pero no implementado, con la Unión Europea, que es una ventaja importante.

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