Un aumento sostenido del precio del crudo, con el barril de WTI superando los US$100 en el momento más álgido del conflicto en Medio Oriente, constituye, para una economía importadora como la chilena, un shock externo de naturaleza particularmente compleja: golpea al mismo tiempo la inflación, el crecimiento y el equilibrio externo. En lo inmediato, el encarecimiento deteriora los términos de intercambio y tensiona la balanza comercial, pues el valor de las importaciones energéticas aumenta con rapidez, aunque los volúmenes no cambien. Chile se empobrece en términos reales y ve presionada su cuenta externa.
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