Lecciones de una exmodelo

Estudios calculan que el recorte de impuestos provocará una gigantesca disminución de las arcas fiscales.

"Hoy priman propuestas confusas, sin casos de éxito que nombrar (algunos dicen 'Bolivia', con algo de pudor). Repiten como loros que hay que 'diversificar la economía' e 'invertir en I+D', sin tener idea cómo hacerlo. Con impuestos crecientes que penalizan el éxito que busca todo emprendedor".




Sabía usted que Amazon produce el 40% más que Chile completo cada año? Así es. Cerca de US $400 billones en ventas. Creciendo un 30% anualmente, además. Apple vende casi lo mismo que Chile, Google un poco menos, Microsoft, más de la mitad. Así es la alucinante comparación entre las grandes tecnológicas y el PIB completo de nuestra larga y angosta faja de tierra.

Empresitas nacidas en un garage, startups del pasado, son capaces de producir tanto como nosotros trabajando de sol a sol, todo el año, métale que suena a la economía extractivista (término tan amoroso). Más que deprimirnos, este dato debe hacernos pensar. En Chile todos quieren que el Estado gaste más (casi no se habla de otra cosa), pero, como es obvio, nadie quiere pagar la cuenta.

De acuerdo con la Dirección de Estudios Sociales UC, el 95% de los chilenos piensa que paga lo justo o más que lo que le corresponde en impuestos. Y cuando preguntan qué impuestos subir, un abrumador 58% responde que son las empresas quienes deben soportar una mayor carga tributaria. Resulta que, oh sorpresa, hay un 9,5% de las empresas que pagan el 51,4% del total de impuestos en Chile, de acuerdo con el Ministerio de Economía e Invest Chile. Y tienen algo en común: son las empresas que tienen más de 10% de propiedad extranjera.

En un escenario imposible, si Amazon, Apple, Google y Microsoft, que ganan cerca de US$ 200 billones por año, decidiesen poner su casa matriz Chile, el Estado doblaría su recaudación de impuestos en forma instantánea. Algún genio en Irlanda, hace años, tuvo esa visión: formar un polo tecnológico y atraer a exitosas empresas globales a domiciliarse ahí. Cómo: con una legislación amistosa, reglas claras e impuestos bajos, que no penalicen el crecimiento.

Irlanda, famosa por sus hambrunas, sus papas y sus migraciones forzadas, en 1998 tenía un PIB per cápita similar al de UK y al de Chile hoy, cercano a US$ 25.000 ajustado por PPP (paridad de poder de compra). Hoy cada habitante produce US$ 93.000, casi 4 veces lo de Chile y más del doble de UK. Es uno de los países más ricos del mundo. 16 de las top 20 empresas de tecnología global tienen a Irlanda como base de operaciones europeas. Su base impositiva se multiplicó por 3,2.

A mediados de los 2000, finalizando el gobierno de Ricardo Lagos, los chilenos miramos con mucho interés el modelo irlandés. Pero ese tren ya pasó. Los vientos soplan para el otro lado. Se intenta acorralar a Irlanda para evitar el “Race to the Bottom” impositivo. Acá, el sueño de ser hub de inversiones latinoamericanas está archivado. Subimos la tasa corporativa del 17% al 27% en 10 años y somos presa de la inestabilidad política. Se cuestiona la inversión extranjera y la propiedad privada. Nuestros unicornios no se domicilian en Chile. Esos impuestos y esos empleos pasarán de largo porque los inversionistas no quieren lidiar con nuestras incertidumbres.

Hoy priman propuestas confusas, sin casos de éxito que nombrar (algunos dicen “Bolivia”, con algo de pudor). Repiten como loros que hay que “diversificar la economía” e “invertir en I+D”, sin tener idea cómo hacerlo. Con impuestos crecientes que penalizan el éxito que busca todo emprendedor. Glorificando a economistas que sacan como ejemplo a la NASA… en fin. Irlanda como modelo ya fue para nosotros.

Ella sigue brillando en todas las pasarelas. Nosotros, en medio del ruido y falta de rigor, no debemos olvidar las lecciones de nuestra exmodelo: para buscar la prosperidad hay que crecer. Y para ello, debemos mantenernos abiertos al mundo, competitivos, aprovechando las oportunidades de la economía global. Invitando a otros a venir a aportar tecnología, puestos de trabajo e impuestos para nuestros programas sociales. El resto, a punta de buenas intenciones y voluntarismo, ha resultado ser porfiada y consistentemente, música.

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