Los siniestros forjadores del futuro

Wall Street

Cuando se habla de los Cisnes Negros, tan de moda en estos días, se dice que “son hechos de baja probabilidad y alto impacto”. Esto es correcto, pero incompleto. El elemento más importante de la teoría de los Cisnes Negros, casi nunca mencionado explícitamente, es que éstos son los hechos que realmente modelan la historia: El mundo se construye a punta de Cisnes Negros.

Nicholas Taleb, economista y trader cuantitativo, desarrolló su teoría en un sótano de El Líbano, escondido de una Guerra Civil imposible después de 1.000 años de paz, leyendo un libro que casualmente también está en mi biblioteca: Los Diarios de Berlín. Este da cuenta del desempeño de Hitler en vivo y en directo, en formato de diario de vida, no después de que los hechos sucedieron, sino entre 1934 y 1941. Nada era previsible ni obvio (como parece hoy): Ni que iba a mantenerse en el poder, ni que se haría imparable. Menos aún, que el apocalipsis estaba a la vuelta de la esquina. Lo que sucedió en esos días forjaría el mundo por venir.

Consistente con su teoría, Taleb comenzó a invertir en lo improbable e hizo fortuna. Varias veces. Con la crisis del COVID 19 su fondo “Universa Investments” ha rentado 4.144% en 4 meses. Apostó por años a que iba a haber algo, desconocido e inesperado, que iba a descarrilar y a cambiar el mundo para siempre.

En Chile hemos sacado un doctorado de Cisnes Negros. No uno, sino dos, han anidado en nuestras tierras en menos de 6 meses. Cual enormes, amenazantes y sombríos oráculos, definirán el futuro de nuestro país.

El Cisne más grande y negro tiene alas enormes, que han oscurecido todos los cielos. LLeva una corona en su cabeza, como una profecía escalofriante. Traerá desempleo, pobreza y muerte. Un Chile abierto al mundo sufrirá a la par de los demás países de la tierra, en especial China. Pero al final, como todo mal y toda peste, pasará. En el peor de los casos, habrá que convivir con él hasta que aparezca la vacuna. A la actual tasa de 500 infectados diarios, cada año se enfermaría el 1% de los chilenos. Así, esta historia recién comienza.

El otro Cisne, el que nació en Octubre, no es tan grande. Pero su corazón está lleno de odio y de fuego. Parece ser irreductible. Aquellos destinados a encauzar su furia, que antes gobernaron los destinos de estas tierras, están sin fuerzas ni ideas, con una inexplicable falta de orgullo por sus enormes victorias pasadas. Doblegados y pusilánimes algunos, seducidos por su poder como arma, otros, han visto en la violencia la única forma de lograr lo que las urnas les han negado y probablemente les negarán, sin entender, en un guión tantas veces repetido, que la resaca del odio corroerá el alma de la nación por generaciones y destruirá sus bases e instituciones.

De seguro el futuro no nos espera ya como una tierra a conquistar, sino como un espacio difícil: un Chile más pobre, más endeudado, llegando a 50% del PIB en 5 años, con grandes déficits y espaldas frágiles. Con tasas de interés en el suelo puede resultar. Pero bastará cualquier brisa fuerte para caer en una crisis financiera, como las que acosan regularmente a nuestros vecinos. Será nuestro “nuevo normal”.

Hay, sin embargo, un escenario peor: Si nuestros líderes no son capaces de encauzar la energía del Cisne de Octubre, será ese, y no el otro, el forjador principal de nuestro futuro. Compartiremos el destino de los países con instituciones débiles e imprevisibles. Donde campea la incerteza y la arbitrariedad. Donde invertir se hace imposible y planificar se hace inútil. Donde la prosperidad y el progreso no existen. El destino donde van (y no salen) las naciones que fracasan.

*Empresario y panelista de Información Privilegiada

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