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Mariela Formas, de la Cámara de Innovación Farmacéutica: “Chile tiene ventajas competitivas para atraer inversión biomédica, pero no las hemos explotado”

La vicepresidenta ejecutiva del gremio llama a quitar trabas regulatorias y dar más agilidad, para poder atraer inversiones en un momento en que Argentina y otros países han puesto el pie en el acelerador. "Cuando tenemos un ISP que tarda 100 días promedio en autorizar una investigación clínica, y Argentina demora 20 días, hay un problema. Estamos perdiendo ventaja", ejemplifica.

Mariela Formas, de la Cámara de Innovación Farmacéutica: “Chile tiene ventajas competitivas para atraer inversión biomédica, pero no las hemos explotado” MARIO TELLEZ

La industria de innovación farmacéutica en Chile está más avanzada que en el resto de la región, pero hay otros países que están poniéndose al día, y a este ritmo podrían convertirse en un competidor mayor.

Eso es lo que plantea Mariela Formas, vicepresidenta ejecutiva de la Cámara de Innovación Farmacéutica (CIF), gremio fundado en 1953 que agrupa a más de una decena de empresas que operan en Chile dedicadas a investigar, desarrollar y fabricar medicamentos, tratamientos y vacunas; entre las que se encuentran Johnson & Johnson, MSD, Pfizer, AbbVie, AstraZeneca, Bayer, entre otras.

“Hay cambios que son relevantes en términos de levantar barreras regulatorias que hoy están haciendo poco atractivo a Chile en términos de investigación clínica, porque esa es la puerta de entrada para la inversión”, comenta Formas.

Y va más allá: “Hoy crecimiento económico y salud no son políticas separadas, lo vemos más claramente que nunca después de la pandemia y el cambio demográfico: mirar la salud como una política sectorial, separada del desarrollo económico, es una mala jugada. Hoy la salud es parte integral de la política de desarrollo económico, y tenemos que mirarlo de esa forma, necesitamos tener un cambio relevante en la sofisticación de nuestra matriz productiva, y esta es una industria donde Chile tiene ventajas competitivas, pero falta poder generar estas condiciones habilitantes”, señala.

¿Cómo se posiciona Chile en el mapa de la industria de innovación farmacéutica a nivel global y regional?

-Esta industria de innovación biomédica es motor de desarrollo en los países desarrollados, especialmente los países Ocde y Europa. Al ser muy intensiva en innovación, implica que absorbe el capital humano avanzado, genera encadenamientos productivos de alto valor agregado.

La capacidad de generar encadenamientos productivos, startups más sofisticadas alrededor de la innovación biomédica, es exponencial.

Por eso, países como España, Israel, Irlanda, Inglaterra, Alemania, han apostado súper fuerte por tener regulaciones que atraigan la inversión biomédica. Y en la región ha ido ocurriendo más o menos lo mismo. Desde el año pasado Argentina ha hecho una fuerte apuesta por la atracción de inversiones relacionadas a estos sectores. Y vemos lo mismo en Brasil, mientras que en México la industria de innovación biomédica está contemplada en su plan de desarrollo al 2050.

MARIO TELLEZ

Chile tiene ventajas competitivas respecto a los países de la región, porque tenemos una inversión sostenida en capacidad científica, tenemos una institucionalidad de datos que es una ventaja respecto de Latinoamérica, y es muy relevante para esta industria tener datos creíbles y sofisticados. Tenemos una estructura hospitalaria súper buena, mejor que la del resto de los países. Entonces, Chile tiene ventajas competitivas para atraer inversión biomédica, pero no las hemos explotado.

¿En qué sentido no las hemos explotado?

-Chile tiene hoy día, no solo estas ventajas competitivas, también se muestra en los números: es el país que hace más ensayos clínicos por millón de habitantes en América Latina. Y sin embargo, es una industria que no ha explotado y no ha generado el potencial que tiene, porque tenemos ciertas trabas en barreras regulatorias, y poca agilidad en ese ámbito. Faltan pequeños destrabes. Y poner esta industria en el centro, como lo han hecho países como Argentina, México, Brasil.

Si Chile lleva años pensando en cómo diversificar su matriz productiva, aquí está: esta es una de las industrias en que Chile tiene ventajas competitivas, y debiera explotarlas.

¿Y qué se puede hacer concretamente para poder seguir incentivando el atraer inversiones de este tipo al país?

-Hay que destrabar barreras legislativas que hoy día tiene la investigación clínica, que es la puerta de entrada para la atracción de la industria entera. Hay tres temas que están en un proyecto de modernización de la ley Ricarte Soto, que destraban estas barreras, pero ese proyecto está un poco dormido.

Además, se requiere un fortalecimiento del Instituto de Salud Pública (ISP), para que efectivamente tenga agilidad regulatoria. La rapidez con que la institucionalidad en Chile actúe, es relevante para la atracción de inversiones; porque se transforma en una barrera a la inversión cuando los tiempos son muy lentos.

Esos son los dos temas más importantes. Y hay un tercero que también hacen los países: la atracción de estas inversiones también pasa por dar señales de la importancia que tiene la industria de innovación biomédica.

¿Es muy lento hoy el ISP?

-El ISP tiene que ser una puerta de entrada para la atracción de inversiones, y no una cortapisa. Cuando tenemos un ISP que tarda 100 días promedio en autorizar una investigación clínica, y Argentina demora 20 días, hay un problema. Estamos perdiendo ventaja.

Chile antes autorizaba en 50 días. Y eso era un buen número hace dos años. Pero hoy Argentina autoriza en 20. Entonces, no solo hemos tenido un retroceso, sino que además, tenemos un país al lado que está compitiendo.

¿Cómo el ISP puede tener una institucionalidad más fuerte? Probablemente con autonomía financiera; y separar el ISP, que tiene un rol más epidemiológico, de Anamed (Agencia Nacional de Medicamentos), que autoriza, registra y regula los medicamentos.

¿Cuál es el llamado al gobierno y a las autoridades en ese sentido?

-Estamos a tiempo, pero hay que actuar rápido. Poner a la industria de innovación biomédica como uno de los pilares de desarrollo al 2030, o al 2050, y generar las condiciones habilitantes para que justamente ese potencial sea atractivo en Chile.

En términos de inversión, con todas estas cortapisas, hoy día la industria de investigación clínica aporta el 26% del gasto en I+D del sector privado. Es decir, uno de cada cuatro pesos que se invierte en Chile en innovación, vienen solo de esta industria. Probablemente es la industria que más invierte en I+D.

En términos de regulación, en 2020 la Fiscalía Nacional Económica hizo un estudio de mercado donde concluyó que existen importantes problemas de competencia en la industria farmacéutica. ¿A su juicio, a qué se deben estos problemas?

-La industria farmacéutica está en dos ámbitos. Por un lado, está el mercado de medicamentos institucionales; clínicas y hospitales. Y por otro lado, está el retail farmacéutico, que es la farmacia.

Pero toda esta conformación de mercado que se da en Chile es bastante única. Porque cuando tienes los medicamentos incluidos en los planes de salud públicos y privados, la configuración del mercado es súper distinta: tienes dos grandes conglomerados que incluyen los medicamentos dentro de su plan, y por lo tanto, tienen un poder monopsónico, y ya no se encuentra la persona atomizada en millones de personas, con el comprador frente al mostrador de la farmacia, sino que tienes una configuración distinta de mercado.

En Chile existen coberturas, está la ley Ricarte Soto, están las Drogas de Alto Costo (DAC), la canasta esencial de medicamentos, el GES que es muy relevante, pero básicamente es una cobertura atomizada. No es una cobertura amplia y universal como tienen los demás países que logran configurar el mercado de forma distinta y mucho más eficiente además.

Creo que es importante mirar que exista una arquitectura de cobertura más armonizada, más amplia, que es como se hace en otros países, en todos los países Ocde tienen esta estructura armonizada y que logra configurar un mercado distinto.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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