Pura Sangre: la pugna tras la hípica nacional

Clásico El Ensayo

1 de noviembre de 2013/SANTIAGO En el Club Hípico de Santiago, esta tarde se corrió el "Clásico El Ensayo", ganando la competencia el jinete Luis Torres con el caballo "Sposito" FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

Los propietarios de caballos árabes están en pie de guerra. Por ley no pueden participar en carreras que involucren apuestas por que eso solo está reservado para la raza inglesa, pero aseguran que no hay razones para su exclusión. el consejo superior de la hípica ya les dijo que no, negativa que no aceptan y los tiene realizando un intenso lobby. Si eso no resulta, la Disputa podría terminar en tribunales.


El 20 de noviembre de 2018, el Club Hípico de Santiago llevó ante el Consejo Superior de la Hípica Nacional una temática que encendió la polémica. Representados por Javier Carvallo, solicitó a la entidad que se pronunciara respecto a la factibilidad de autorizar la realización de apuestas sobre las carreras de caballos árabes. Hoy, solo se puede apostar sobre carreras de caballos ingleses. Las opiniones respecto a tal petición fueron negativas: hasta los representantes de los jinetes se opusieron. Y los propietarios de caballos árabes encendieron las alertas e iniciaron un trabajo en busca de ser autorizados. Se han reunido con altas autoridades e incluso no descartan llegar a la justicia por discriminación. Quieren que así como se apuesta sobre carreras de Pura Sangre Inglés (PSI), también se pueda hacer sobre competencia de Pura Sangre Árabe (PSA).

Si bien tradicionalmente los caballos árabes en Chile se han utilizado para enduro ecuestre y Halter (de exposición), actualmente existen diez haras que crían ejemplares de carrera. Crearon la Asociación Nacional de Caballos Árabes de Deporte de Chile -presidida por Elizabeth Kassis- y están convencidos que pueden ser un aporte a la hípica. El otro lado, en tanto, habla de dificultades legales que lo impiden y de una negativa que se ve compleja de flexibilizar.

Hasta octubre, los premios tras la hípica nacional superaban los $17.684 millones. En 2018, el monto cerró en más de $20.383 millones. Las cifras son contundentes.

El aporte internacional

En 2014, el establo Shadwell -fundado por el primer ministro y vicepresidente de los Emiratos Árabes Unidos, el jeque Mohammed Bin Rashid Al Maktoum- aterrizó en Chile. En un afán por promover la raza e incentivar a criaderos y propietarios a invertir en nuevas líneas de sangre, decidió auspiciar carreras de caballos árabes en el Club Hípico.

Según la ley que regula las carreras en Chile, solo podían ser objeto de apuestas aquellos caballos fina sangre que estuvieran inscritos en un registro llamado Stud Book. Si bien no se especifica que el caballo de fina sangre deba ser de raza inglesa, siempre se ha entendido así. Dado ello, no se podía apostar por carreras de árabes, razón por la cual Shadwell empezó a auspiciarlas. Y los empresarios comenzaron a importar y preparar caballos árabes para competir.

En cuatro años se hicieron más de 80 carreras de este tipo de ejemplares. Corrieron del orden de 100 caballos. Se estima que anualmente Shadwell le aportó del orden de US$400.000 anuales al Hípico por esto. El mismo Carlos Heller, en su calidad de presidente del club, señaló en 2017 estar buscando los permisos para poder tener carreras con juego de este tipo de ejemplares. "Esto abrirá las opciones para tener más pruebas de caballos árabes, e incentivará a criadores y propietarios a tener más caballos de esta raza", dijo en su oportunidad.

Pero a fines de 2018, Shadwell se fue sin razón aparente. Y los caballos quedaron sin auspicio. Ahí comenzó una batalla por intentar que los árabes fueran autorizados a correr con apuestas, considerando que varios empresarios ya habían hecho la inversión y se veía como una buena forma de darle tiraje a la raza. Hasta ahora, sin embargo, los esfuerzos no han dado mayores frutos. "La norma es súper amplia y al final esto apunta a un tema de voluntad del Consejo Superior de la Hípica que no nos deja", precisa Carlos Letelier del Haras El Molino. Subraya que hoy sus ejemplares están inscritos en la Sociedad de Fomento Agrícola (Sofo) y que es tan simple como que el Stud Book esté dispuesto a reconocerlos y punto. "Hoy están todos certificados", dice y cumplen con los estándares nacionales e internacionales para competir. Contactados en el Stud Book, sin embargo, aseguran que la normativa les impide tal accionar. El director de la entidad, Roberto Palumbo, señala que ya les entregó su visión. Que es un ítem que han discutido los últimos dos años, y que ellos deben hacer cumplir la ley, en línea con que solo pueden registrar caballos fina sangre de carrera, los cuales siempre se han entendido como ingleses. "Si se cambia el código, podríamos registrarlos, pero hoy no se puede", enfatiza.

Los propietarios de árabes, sin embargo, insisten en que no existe realmente un tema legal, puesto que la normativa es muy amplia. A su juicio, la legislación solo precisa que deben ser fina sangre y los árabes lo son. Aun más, puntualizan que el pura sangre inglés deriva de sementales árabes, que los ejemplares que corren son de reconocidas líneas de sangre de carreras internacionales y que su desempeño cumple con los estándares.

Las diferente visiones

Si bien la salida de Shadwell derivó en que el 80% de los caballos árabes volvieran a sus establos, cerca de seis familias decidieron permanecer y correr a su costo. Son del orden de ocho caballos que intentan correr una vez al mes en algún espacio que les hace el Hípico entre carreras, porque no pueden estar en el programa oficial al carecer de apuestas. De hecho, le pagan al recinto en torno a $2,5 millones por correr. Aseguran que esto es solo para que lo ganado en términos de imagen no se pierda, a la espera de que la normativa les permita generar apuestas. Se han reunido ya con algunas hípicas para que los ayuden, asegurando que incluirlos podría elevar la cantidad de asistentes, además de poder sumarle desfiles y otras atracciones. El gerente general del Club Hípico, Juan Pablo Lira, respalda de hecho la iniciativa: "No tenemos inconveniente con que estén regulados y se inscriban en el Stud Book", precisa.

Así , en marzo pasado, la Ancad se juntó con la Superintendencia de Casinos. Pero el mensaje fue que la última palabra no la tenían ellos, si no que el Consejo Superior de la Hípica.

Tal entidad es el órgano supremo de la hípica en Chile; es dependiente del Ministerio de Hacienda, que cada año le aporta $100 millones. Hoy es presidido por Constanza Bur, socia junto a su marido, Pedro Hurtado Vicuña, de uno de los principales criaderos de caballos de carrera, Paso Nevado. Los otros grandes protagonistas son las hermanas Liliana y Teresa Solari, además de su sobrina Cecilia Karlezi. De hecho, la principal accionista del Club Hípico es justamente esta última, mientras que en el Hipódromo es la familia Cuneo, liderada por Juan Cuneo que preside la instancia y que es primo de las Solari.

Para el Consejo el debate parece estar cerrado. Si bien la Ancad se reunió recientemente con dos consejeros que entendieron sus planteamientos y los respaldaron, la voz oficial se mostró contraria. "Debe tenerse presente que el Consejo es un órgano de carácter público y su competencia recae exclusivamente sobre aquellas materias que la ley le ha encomendado. Tratándose de razas caballares existentes en el país, la ley solo se refiere a los Caballos Fina Sangre de Carrera, raza con características y regulaciones propias que es tutelada por un organismo internacional, llamado Stud Book. Este organismo tampoco tiene competencia oficial alguna sobre la raza árabe", señala el gerente general del Consejo, Juan Balmaceda.

En esa línea, el abogado del Hipódromo, Carlos Figueroa, puntualiza que legalmente la petición de los dueños de caballos árabes no es posible. Añade que la hípica responde a una tradición, que con esto se rompería, y que el espectáculo tampoco sería del todo atractivo, dada la poca cantidad de caballos.

Es que mientras se registran del orden de 3.000 caballos ingleses anualmente, por el lado de los árabes no superan los 200. De hecho, el Hipódromo tiene 86 días de carrera al año, con alrededor de 18 carreras, y del orden de 14 caballos cada una. Los árabes podrían hacer sólo una carrera en esas instancias, situación que desde ese mundo lo tienen claro. Actualmente, Ancad tiene entre 12 y 15 ejemplares que podrían aportar. De hecho, Letelier precisa que, dado ello, no son justamente una competencia, por el contrario, podrían complementar el espectáculo e instancias donde -precisan conocedores- cada vez hay menos caballos ingleses corriendo.

Más allá de ello, desde el bando de la raza árabe aseguran, además, que la realidad internacional difiera de lo que ocurre en Chile. En Argentina, por ejemplo, el Stud Book registra a caballos ingleses y árabes. Las carreras Pura Sangre Árabes se practican en Brasil, Estados Unidos, Egipto, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Francia, entre otros países. Aún más, en París está la Federación Internacional de Caballos Árabes Racing (IFAHR ) y uno de los eventos más connotados de la hípica mundial es El Qatar Premio del Arco del Triunfo, en Longchamp, la primera semana de octubre. Reúne a más de 60.000 espectadores y asisten los principales exponentes del orbe. El premio es el más alto del planeta: 5 millones de euros. Y existe ahí también una carrera de caballos árabes.

Con esos antecedentes, la Asociación Nacional de Caballos Árabes de Deporte de Chile no prevé quedarse tranquila. Ya intensifican el lobby por las hípicas. Quieren que el Consejo Superior lo vuelva a votar y no quieren una negativa. Han tomado contacto con abogados, y si bien no quieren judicializar el tema -acusando discriminación-, asumen que sería el camino a seguir si no logran una respuesta afirmativa. En marzo reactivarán la ofensiva a la espera de una respuesta positiva que no haga que la hípica nacional termine viéndose la cara en tribunales.

Comenta