Cómo un paté de jaiba ayudó a descubrir una nueva especie de invertebrado en el sur de Chile

La aparición de unos puntos negros en el producto, considerado gourmet, inició una investigación que derivó en la aparición de una nueva especie, cuyos ancestros se remontar a 38 millones de años.




El paté de jaiba, si bien no es conocido popularmente, se considera un producto gourmet. Exportado desde el sur de Chile, tiene un agradable sabor, textura granulada, un característico color rosa y un pequeño frasco de 120 gr. puede costar 6 mil pesos.

Pero en 2017, una empresa instalada en Chiloé alertó que su producto estaba conteniendo una visible anomalía estética, que comprometía su calidad: unos extraños puntos negros.

“Estaba en mi oficina y llegaron de una pesquera a preguntarme si conocía a este organismo que traían en un frasco", cuenta a La Tercera Luis Miguel Pardo, biólogo marino, académico del Instituto de Ciencias Marinas y Limnológicas de la U. Austral de Chile e investigador del Centro Investigación de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) de la misma institución.

"Al mirarlo noté que era un anfípodo, observé su gnatópodo (una especie de pinza), y entendí su grupo, por lo que me pidieron que lo identificara porque tenían un problema con un producto que estaban elaborando, y que este animal se les incrustaba”.

Pardo señala que al hacer el estudio, se dio cuenta que tenía dos opciones: se trataba de un organismo nuevo, o una especie invasora que había sido introducida en Chile. Y si bien encontró especies similares en la zona de Chiloé, no eran idénticas.

“Tomé la muestra y fui al Museo de Historia Natural, donde contacté a Jorge Pérez-Schultheiss, experto en Chile en este tipo de crustáceos, y comenzamos a trabajar juntos para identificar de qué se trataba, descubriendo que era una especie nueva, que siempre estuvo ahí y que a lo mucho sus parientes cercanos estaban en Sudáfrica”, dice.

Los científicos se encontraban frente a una nueva especie, cuyos ancestros se remontan al Eoceno superior, hace unos 38 millones de años.

Misterioso anfípodo

Los anfípodos son crustáceos comunes en casi todos los ecosistemas marinos dulceacuícolas e incluso terrestres, pero generalmente pasan desapercibidos debido a su pequeño tamaño, que rara vez supera los 10 mm.

De acuerdo al científico, este animal es un simbionte, un comensal que no genera ningún problema al huésped, en este caso la jaiba. Son organismos que cuentan con una especie de garfios en sus patas y están adaptados para estar sobre la superficie de otros animales.

“El problema es que las pesqueras, al hacer el paté, éste quedaba con unas marcas negras. Además, cuando hay mucha abundancia, este animalito se introduce en las branquias y podríamos pensar en complicaciones para la adquisición del oxígeno por parte de la jaiba, pero no está demostrado”.

Tras sus investigaciones, ambos científicos decidieron llamarlo Isaeopsis chiloensis, cuyo estudio fue publicado en la revista científica Zootaxa.

Son parientes de la pulga de mar. Ayuda a deshacernos de cadáveres y todo lo que esté en descomposición. Hay muchos otros que son carnívoros, herbívoros y como todo grupo tiene un amplio abanico de funciones en el ecosistema. Pero en este caso puede que este organismo al ser un simbionte se alimente de lo que crezca en el caparazón de la jaiba”, añade.

“Al parecer últimamente tienen mayor abundancia, porque las plantas de procesos notaron este problema. Entonces es como una explosión poblacional que ha aparecido en este último tiempo. Ahora, sería aventurado comenzar a dar hipótesis sobre esto, pero de inmediato a uno le surge el tema del cambio climático, que claramente puede tener un efecto sobre la abundancia de organismos, pero es una hipótesis apresurada”, plantea Pardo.

Casualidad

En cuanto al paté de jaiba, Pardo indica que “el organismo marino no produce toxinas y ni nada que afecte a los humanos, pero que sí perjudicaba a la presentación, algo muy importante porque a esta empresa no les recibían el producto. De hecho, entiendo que la planta cerró sus operaciones debido a este nuevo organismo”.

“Siempre es importante registrar una nueva especie. Uno tiene que pensar, por ejemplo, que la unidad básica en conservación o en estudios de biodiversidad son las especies; por lo tanto, nosotros debemos tener un buen registro de ellas y saber identificarlas. Una adición a la diversidad siempre es importante. Finalmente, uno nunca sabe cuál de todas nos proveerá de un servicio ecosistémico (beneficio) a nosotros como humanos”, apunta el científico.

¿Y por qué no había sido descubierto antes? Pardo asume que “no hay tantos especialistas para estas especies. Un animal de un par de milímetros no llama tanto la atención, por lo que debe llegar justo a las manos de alguien que conozca de ellos para hacer el hallazgo. Fue sólo casualidad”, sostiene.

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