Diez años de datos atmosféricos también contribuyeron a este hito científico

Foto: ESO

Fue necesario crear un modelamiento matemático para predecir los mejores días de observacios para la red de telescopios.


Conseguir la primera imagen de un agujero negro como la que se dio a conocer hoy, no fue una tarea sencilla. No solo se debió coordinar los datos obtenidos por ocho radiotelescopios unidos en el proyecto bautizado como Telescopio de Horizonte de Sucesos (EHT, Event Horizon Telescope) sino que también fue necesario analizar al última década de datos atmosféricos en los ocho puntos de observación para encontrar el mejor momento y apuntar las máquinas. Fue necesario crear un modelamiento matemático a partir de estos 10 años de datos atmosféricos y climáticos globales.

Tienes que conseguir que todos los observatorios participantes acuerden colectivamente darles tiempo a las personas de EHT cuando lo soliciten … y eso es un gran problema“, explicaba en febrero del año pasado Scott Paine, astrofísico del Smithsonian Astrophysical Observatory (SAO) en Cambridge al portal de noticias de ciencias de la Tierra EOS.

Paine fue uno de los que recomendó abordar el problema científicamente utilizando registros atmosféricos globales y junto a otros investigadores del proyecto, crearon un modelo que predice la probabilidad de buenas observaciones simultáneas en todos los sitios donde estaban los telescopios a partir de datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).

Omar Cuevas, es astrometeorólogo de la Universidad de Valparaíso. “En el año 2006 el Instituto de Física y Astronomía de la universidad comenzaron a investigar y trabajar las variables involucradas en la calidad de los cielos para la observación astronómica. El primer requerimiento llegó desde la ESO”, recuerda.

Según Cuevas, la meteorología puede ayudar a la astronomía a la hora de elegir sitios para la instalación de los observatorios, ubicar lugares con menos nubosidad, sobre la altura de la vaguada costera y predecir fenómenos atmosféricos que sean más frecuentes en el lugar.

Según él, hay dos variables clave que necesitan ser consideradas, según el tipo de telescopio. “Una variable es la turbulencia óptica y se utiliza cuando deben trabajar telescopio de rango visible como Paranal o La Silla. La segunda, es el vapor de agua precipitable (PWV, por sus siglas en inglés). Es la cantidad de vapor que hay en una columna de aire. Es como si, desde donde está el telescopio se midiera hacia el cielo y se comprimiera esa humedad, ahí tendríamos muchos mm de agua. Esta medición es necesaria para la radioastronomía, para telescopios como el de ALMA”, explica Cuevas.

Estas dos variables interfieren en la imagen y los datos que puedan captar los telescopios. El trabajo que realiza Cuevas y sus colegas es predecir a partir de modelos numéricos las variables particulares que puedan servir para la astronomía. Para los astrónomos, una variación de milímetros es muy importante, por eso recurren a este tipo de datos para encontrar el mejor momento de apuntar sus equipos. “Para la astronomía, los datos meteorológicos más exactos son los que se miden para el día siguiente. Eso es lo más preciso, una predicción a cinco días, ya es más estimativo y menos exacto”, señala.

En todos los observatorios, hay una estación meteorológica, explica Cuevas. Con la información que recogen, pueden obtener datos y de acuerdo a ello proteger sus instrumentos de la humedad, los vientos, la lluvia, la humedad, temperaturas, entre otros. “En los 80 se comenzó a trabajar en la cuantificación de la calidad del cielo para la observación. En los 90, se comenzaron a hacer simulaciones y en la actualidad, con más tecnología se pueden medir variables más específicas”, dice el astro meteorólogo.



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