Ley de etiquetado: ¿Qué tanto caso le hacen los chilenos a los sellos?

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Ilustración: César Mejías

Un estudio realizado por nutricionistas de la Universidad San Sebastián revela que pese a la información que maneja la población respecto de lo poco saludable de los productos envasados con sellos "Alto en", las personas no están dispuestas a modificar su conducta de consumo.




Uno de los objetivos de la Ley de Etiquetado es entregar información clara y comprensible para que los consumidores al ver los sellos "Altos en" en los distintos productos envasados pudieran entender fácilmente que éstos superan los límites de azúcar, sodio o calorías establecidos por el Ministerio de Salud y que por lo tanto.

Esta sería una forma de reducir el consumo de estos productos que afectan la salud de la población y que están detrás del aumento de enfermedades como la obesidad, la hipertensión y la diabetes.

Sin embargo, un estudio realizado en 2017 y publicado en septiembre pasado en la revista Nutrition, revela que en la práctica, son muy pocas las personas que están dispuestas a cambiar su conducta y dejar de consumir esos productos envasados que tienen sellos.

La investigación realizada por nutricionistas de la Universidad San Sebastián (USS) y de la Universidad de Barcelona, encuestó telefónicamente a más de 2.300 personas y les preguntó por la intención de comprar alimentos envasados y populares con una etiqueta de advertencia de nutrientes críticos.

El resultado sorprendió a los investigadores: "La gran mayoría de la población se encuentra en la etapa de cambio, previa a la contemplación y solo la minoría se encuentra en las etapas de acción o mantenimiento".

En otras palabras, la mayoría de las personas no está consciente del problema que representan estos nutrientes críticos en esos productos envasados y por lo tanto, no tienen ninguna intención de cambiar su consumo.

En el estudio, de acuerdo a las respuestas para cada producto envasado se clasificaron a los consumidores en cinco categorías según la etapa en la que se encontraban: pre-contemplación (no son conscientes del problema y no hay conducta de cambio); contemplación (se analizas pros y contras pero no hay decisión); preparación para el cambio (decisión se tomará en el corto plazo); acción (ya se está realizando el cambio de conducta); y mantención (el cambio de conducta está presente desde al menos seis meses).

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"Esperábamos que la población estuviera en un nivel de cambio más elevado", dice la nutricionista Jessica Moya, académica de la USS y que lideró este estudio. "Pero nos encontramos con que la gente no está todavía dispuesta a cambiar su conducta aunque sabe los efectos del consumo de estos alimentos. Nosotros esperábamos que la mayoría estuviera en la etapa de preparación para el cambio, es decir, que en un mes hicieran el cambio de conducta", agrega.

Solo cuando se pregunta por las bebidas o jugos azucarados, se obtiene el mayor porcentaje de personas dispuestas a hacer el cambio durante los siguientes 30 días. Este mismo producto es el que consigue un porcentaje más alto de personas que ya hicieron el cambio de conducta y dejaron de ingerirlas (o se cambiaron a una sin azúcar) con un 2,5% y un 1,5% que ya llevan más de seis meses con el cambio de conducta.

Según Samuel Durán, nutricionista y académico de la USS que también participó en el estudio, señala que una de las razones por las que las bebidas con azúcar logran un mayor porcentaje de personas dispuestas al cambio, es la posibilidad de cambiar ese producto por uno que no tenga azúcar.

"En el caso de las bebidas y el yogur, por ejemplo, fueron las empresas las que migraron hacia un producto sin azúcar pero de similar sabor. Ellas hicieron el cambio, por lo que a los consumidores les resulta más fácil consumir uno de estos productos sin sello. Pero no todas las áreas de la industria pueden hacer el cambio, para algunos la reformulación puede ser más sencilla", señala Durán.

Distinto es el caso de las papas fritas, el chocolate o los helados de crema. Para ellos no existe un sustituto que sea un poco más saludable y con un sabor similar.

Falta acompañamiento

Ambos nutricionistas sostienen para tener éxito en el cambio de conducta de las personas, es necesario que además de la ley, se eduque y acompañe a la población para que puedan elegir productos menos dañinos.

"Los resultados son un poco desalentadores y demuestran que lo que se ha hecho hasta ahora no es suficiente. La estrategia no debe ser solo la entrega información porque no es efectivo. Los cambios de conducta tienen que estar focalizados también desde la motivación para cambiar la conducta, desde las actitudes del sujeto para cambiar, no solo desde lo que sabe, sino también desde lo que siente frente al cambio", explica Moya.

Según ella, es necesario comenzar a trabajar la actitud de las personas. "¿Por qué si un individuo sabe que lo que está comprando es alto en grasas saturadas y azúcar, lo compra igual? Eso es lo que hay que comenzar a trabajar, la actitud", explica.

La nutricionista plantea que la información no es suficiente para que una persona cambie su conducta de consumo."La motivación para el cambio también se debe abordar. Se puede educar a las personas, enseñarle cómo revisar las etiquetas, ayudarles a planificar. Eso es hacer algo con la información, pero se deben abordar las barreras que tiene ese consumidor para llegar a consumir ese producto, es decir, qué es lo que siente frente a ese alimento, a lo mejor el consumir bebida le da satisfacción personal, o ligado a algún recuerdo, o entrega cariño con la compra de algún alimento, todo eso no se aborda solo con información", insiste.

El próximo paso es realizar el mismo estudio pero considerando un mayor tiempo de funcionamiento de la ley. "Saber cómo es esa foto ahora, nos mostrará que están más dispuesta al cambio pero reafirmará la necesidad de educación y apoyo a la actitud de las personas", dice

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