La angustia del rebrote

Foto: REUTERS



Solo en la primera semana de abril, Japón sumó 2.079 nuevos casos de coronavirus, lo que equivale a casi la misma cantidad de casos que los registrados en los dos meses previos de la pandemia en ese país.

El 31 de marzo, la nación anotaba 2.178 casos positivos. Un número asombrosamente diminuto dado el alto porcentaje de ancianos, la extrema densidad de sus ciudades y su proximidad geográfica con China. El gobierno se balanceaba entre medidas rígidas y otras más livianas.

Japón se había sido elevado, junto a otro puñado de naciones asiáticas como Singapur o Corea del Sur, como la vanguardia sanitaria global, con medidas que debían ser imitadas por todo las naciones del globo. Apuntalado por su aritmética, el país aparecía recurrentemente como uno de los ejemplos internacionales de cómo afrontar el microscópico rival.

Pero el veleidoso virus una vez más no se comportó como se había previsto, y los casos volvieron a dispararse. Emergió otro concepto epidemiológico, desconocido para muchos, pero hoy en el vocabulario de la mayoría: el rebrote o segunda ola.

Solo el 5 de abril, en apenas un día, la nación contabilizó 515 contagios, que elevó la cifra global a 4.257 casos.

"Japón metió la pata”, resumió Kenji Shibuya, director del Instituto de Salud de la Población del King’s College de Londres al New York Times.

Frente a este repunte, el primer ministro Shinzo Abe declaró estado de emergencia en el país. El gobierno finalmente ordenó el cierre de colegios y la mayoría de los lugares de trabajo durante un mes. Pero algunos expertos temen que la decisión se haya tomado demasiado tarde.

¿Pasará lo mismo en Chile? Imposible saberlo, pero lo que asoma como negativo, puede no serlo tanto, explicó Roberto Olivares, jefe de Infectología de la Clínica Dávila, en un artículo en Qué Pasa.

Según el infectólogo, una segunda ola es esperable, y hasta positiva, pues significará que en esta primera ola no todos se contagiaron, permitiendo tener la curva de afectados más plana, sin saturar el sistema sanitario, además de ganar tiempo ante la posibilidad de conocer más detalles del virus,y eventuales medicamentos o terapias cuando se haga sentir el rebrote.

Médicos -que advierten que no se debe confundir el rebrote con el recontagio, pues el primero implica la infección de personas que no han sido afectadas en una segunda ola de contagios, mientras el segundo es una persona que tuvo dos veces la enfermedad (algo hasta aquí muy extraño)-, dicen que por ahora, como la mayoría de las predicciones sobre el coronavirus, aún es impredecible vaticinar las características de esta segunda ola. Sin embargo, coinciden en que su arribo no necesariamente será todo lo tenebroso que algunos presagian.

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