Noticias falsas y conspiraciones por coronavirus han matado a “cientos de personas”, según científicos

Un estudio en 87 países establece categorías para este tipo de información y ejemplifica infundadas teorías relacionadas al virus, que ha dejado casi 6 mil personas hospitalizadas y otras 60 que han desarrollado ceguera total tras beber metanol como "cura".




Este fin de semana, unas 2 mil personas se reunieron en Madrid -ciudad que encabeza el brote de nuevos casos de coronavirus en España- para protestar por el uso obligatorio de mascarilla en lugares públicos a causa de la pandemia. Los asistentes, que no portaban el implemento sanitario y tampoco guardaban distancia social, gritaban consignas que llamaban a dudar sobre la existencia del virus, la crisis sanitaria mundial y las cifras entregadas por las autoridades en relación a contagios y personas fallecidas, alentando a calificar de “farsa” las medidas implementadas en el país, ya que sólo buscaban “limitar su libertad”.

La reunión, una de tantas que se repiten a diario en distintas partes del mundo, fue respaldada por el cantante español Miguel Bosé, quien se ha convertido en una especie de defensor de las conspiraciones vinculadas al coronavirus, señalándose a sí mismo como “la resistencia”. Anteriormente, el artista ha utilizado sus redes sociales -de 3,1 millones de seguidores- para propagar conspiraciones como los perjuicios de las antenas 5G, o la posibilidad que el multimillonario ex fundador de Microsoft Bill Gates instale un microchip en cada vacuna para dominar al mundo. Sus tuits alcanzan miles de retuits, “me gusta” y respuestas, entre positivas y negativas.

Pero la situación no es exclusiva de Europa. En Argentina, los supuestos beneficios del consumo de dióxido de cloro causó al menos dos intoxicados en Mendoza, además de una muerte en Neuquén y otro posible fallecimiento en Jujuy. En todos los casos las personas buscaban curarse de una “fuerte gripe”, utilizando este método que conocieron por las redes sociales, y que en Chile este fin de semana tuvo que ser aclarado por el ministro de Salud, Enrique Paris, ante la insinuación del diputado Florcita Motuda para que se investigue su uso.

En relación a los peligros de esta “sustancia milagrosa”, el Dr. Ricardo González, urgenciólogo de la Clínica Alemana, sostiene que el riesgo depende de la dosis: “si los pacientes se equivocaran tomando más de esta sustancia para sentirse seguros, los efectos adversos van a ser mayores. Entre ellos, efectos gastrointestinales, náuseas, vómitos profusos, diarrea y en los casos más graves, fallas hepáticas, arritmias malignas y fallas respiratorias. Entre más se tome es más riesgoso para la salud”, comenta.

“No existe evidencia que esta sustancia tenga algún efecto sobre infecciones por coronavirus. Es una sustancia que tiene muchos años de existencia en el mercado informal y se le atribuyen una serie de características especiales como curar diversas enfermedades, pero ninguna ha sido ratificada de forma seria por parte de la ciencia”, advierte el especialista.

Este escenario, tan real como peligroso, es parte de un estudio publicado en el American Journal of Tropical Medicine and Hygiene, que involucró el análisis de rumores relacionados con el coronavirus, estigmas y teorías de conspiración sobre la pandemia en redes sociales, periódicos en línea y sitios web entre el 31 de diciembre de 2019 y el 5 de abril de este año.

Los investigadores identificaron 2.311 informes relacionados con una posible desinformación de Covid-19 en 25 idiomas de 87 países, y de esos informes el 89% se clasificó como “rumor”; un 7,8% como “teorías de conspiración”; y el 3,5% “estigmas”, ligados a la discriminación o la devaluación de un grupo específico.

El estudio incluyó ejemplos como: “los huevos de aves de corral están contaminados con coronavirus”, o “tomar lejía puede matar el virus” en la categoría de “rumores”; “las enfermedades han venido de China” en “estigma”; y “es un arma biológica financiada por la fundación Bill & Melinda Gates para promover las ventas de vacunas”, como una teoría de conspiración.

Otros mitos se relacionaban con el consumo de altas concentraciones de alcohol para “desinfectar” el cuerpo, ingerir desinfectantes, el consumo de sustancias en base a plantas tóxicas, tomar orina o estiércol de vaca, beber una solución de plata y rociarse el cuerpo con cloro.

La mayoría de los rumores, el estigma y las teorías de la conspiración se identificaron en India, Estados Unidos, China, España, Indonesia y Brasil, encontraron los investigadores.

El análisis mostró que el 24% de los informes en general estaban relacionados con la enfermedad de Covid-19, las muertes y la transmisión del coronavirus; un 21% estaban relacionados con esfuerzos de control; 19% a tratamiento o “curas”; 15% a la causa de la enfermedad y el origen del virus; 1% a la violencia; y el 20% se consideraron diversos.

“A raíz de esta desinformación, aproximadamente 800 personas han muerto en todo el mundo, mientras que 5.876 han sido hospitalizadas y 60 han desarrollado ceguera total después de beber metanol como cura para el coronavirus”, dicen los autores del estudio.

“La desinformación alimentada por rumores, estigma y teorías conspirativas puede tener implicaciones potencialmente graves para el individuo y la comunidad si se prioriza sobre las pautas basadas en la evidencia. Las agencias de salud deben rastrear la información errónea asociada con el Covid-19 en tiempo real e involucrar a las comunidades locales y las partes interesadas del gobierno para desacreditar la información errónea”, agrega el estudio.

Por qué creemos

El Dr. Jorge Ramírez, médico asistente y profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, precisa que “en general en el área de la salud, la gente tiende a relacionar los problemas sanitarios en ellos u otras personas con la búsqueda de una respuesta, y es habitualmente está dado por el sistema de medicina tradicional. Las personas llegan con muchas dudas y con la idea que un profesional de la salud puedan darles un diagnóstico que una esos signos y le de un curso. Ellos buscan seguridad: saber qué tienen y qué les va a pasar”.

“Los investigadores y científicos hacen lo contrario. A partir de un síntoma crean muchas preguntas, abriendo incertidumbres para intentar probarlas con el método científico. Estamos teniendo personas enfermas, así que cuáles son las posibles explicaciones, qué ocurrirá en los próximos días y los posibles tratamientos, amplían el abanico para encontrar una respuesta. Es la diferencia entre medicina y salud pública”, explica.

“Pero a las personas que no lo entienden o no se dedican a esto, les complica. Ellos buscan respuestas simples -sean explicaciones trágicas o beneficiosas-, y la idea es que sea lo más sencilla posible. A las personas les cuesta entender mensajes complejos y prefiere lo menos complejo. Pero la realidad no es así de simple y en un fenómeno con tantos factores y tan extenso en el tiempo como este, es imposible entregar respuestas satisfactorias”, dice el especialista.

“Es ahí donde surge esta forma de enfrentar la realidad de muchas personas en las que su preferencia emocional se vincula con una explicación que los satisfaga rápidamente, y sea muy simple”, afirma Ramírez. “No importa si son buenos contra malos, no analizan las complejidades entre medio. Eso es más complicado porque toma tiempo y esfuerzo. Por lo tanto, mucha gente prefiere explicaciones rápidamente descartables o inverosímiles, pero sencillas”.

Es importante separar el concepto de la disponibilidad de información, datos y la educación, que implica un proceso de entendimiento superior. El proceso de globalización ha hecho que la información esté aún más disponible y por lo tanto es mucho más difícil que antes poder acceder a una buena educación para poder usar esos datos de buena manera. Hay una carencia de herramientas por parte de la población general para contrastar datos y hacerse una opinión propia en base a hechos comprobables. Además, desde el estallido social y pandemia no ha habido una capacidad de las autoridades de disponibilizar la información. Ante la oscuridad, aparecen estas teorías conspirativas”, añade.

El especialista indica que al no haber una transparencia de los datos por parte de las autoridades, incluso con quienes tienen la preparación para poder contrastarlos, ha derivado en una discusión entre la autoridad legal y los expertos, que beneficia a la propagación de noticias falsas.

Pero también hay quienes, a pesar de poder contrastar la información, de todas maneras deciden esparcir este tipo de contenido. Al respecto, Ramírez señala que “es un fenómeno muy estudiado en la ciencia. Probar algo es muy complejo, y la comunidad científica lo que hace es sumar evidencia cuando se trata de comprobaciones. Un sólo estudio en particular no va a probar una ley general, sino que irá sumando evidencia cada vez más robusta para establecer si un punto es cierto o no”.

“Por ejemplo, este camino, el de llegar a tener leyes generales o cosas que pasan a ser conocimiento incuestionable -como la transmisión del Sars-Cov-2 y el desarrollo de la vacuna-, se ha ido construyendo ladrillo a ladrillo. Lo que ocurre cuando uno tiene una idea y la quiere reforzar, se pueden escoger las fuentes que están en concordancia con esa opinión. En internet uno elige qué evidencia voy a tomar para demostrar un argumento, descartando aquellas que no estén ligadas con lo que uno cree”, afirma.

“Así, si tenemos la idea de una teoría de conspiración y no tenemos la educación para discernir, vamos a encontrar la evidencia que diga lo que esperamos encontrar”, sostienen Ramírez.

“Pero el método científico nos obliga a buscar todas las fuentes y contrastarlas, incluso las que contradicen lo que yo creo. Después de una ponderación de las evidencias uno puede tener una opinión informada. Pero si sólo tenemos una opinión en base a una evidencia que sólo apoya a una idea que tenemos es cuando aparece este fenómeno”, asevera.

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