¿Qué dice la ciencia sobre la transmisión del coronavirus en las iglesias?

A priest celebrates Easter Mass via livestream from an empty church in San Giorgio Ionico, Italy, April 12, 2020, during the COVID-19 pandemic. The Italian bishops and government have agreed on a protocol to allow the public to be present for liturgical celebrations starting May 18. (CNS photo/Alessandro Garofalo, Reuters) See COVID-ITALY-MASSES April 27, 2020.

A pesar de la apertura de estos lugares de reunión, respaldada por el Gobierno, la evidencia práctica y científica es clara: las reuniones de tipo religioso presentan un alto riesgo de aumentar la propagación del Covid-19 durante esta emergencia de salud pública.




Este domingo y en medio del endurecimiento de las medidas impuestas por el Gobierno en materia sanitaria, la Iglesia de Santiago anunció la autorización para la celebración de misas con 20 personas en espacios abiertos y 10 en espacios cerrados, de lunes a domingo, en las comunas que se encuentren en Fase 2. El hecho contó con el respaldo del vocero de Gobierno, Jaime Bellolio, quien en el programa Tolerancia Cero indicó que “no he visto ningún paper científico que diga que el contagio pasa en las misas o en otros ritos religiosos (...) La espiritualidad de las personas no es algo a minimizar y es algo muy importante en términos de la salud mental. Yo no soy practicante, pero más allá de eso, creo que es relevante”, agregó.

Sin embargo, la realidad dice lo contrario. Una búsqueda en Google Scholar (motor enfocado en artículos científicos y académicos) con los términos “covid-19″, “iglesia”, “transmisión”, da como resultado 14.600 artículos; y en más de un año de pandemia, los ejemplos prácticos de contagios en iglesias o reuniones en recintos cerrados se cuentan por miles. Así ocurrió en Singapur, con tres grupos de Covid-19 que comprenden 28 casos provenientes de dos iglesias y una reunión familiar en enero de 2020; y el conocido caso de “la paciente 31″ de Corea del Sur, una mujer que en apenas unos días infectó a más de mil personas sin haber viajado al extranjero ni tener contacto conocido con casos confirmados, y que estuvo en almuerzos, iglesias y sitios concurridos en el país ante de ser diagnosticada.

Otro de los casos emblemáticos ocurrió entre el 6 y el 8 de marzo de 2020, cuando una iglesia en la zona rural de Arkansas organizó un evento para niños con la presencia de adultos y un buffet a libre disposición. Tres días después, tanto el pastor como su esposa comenzaron a desarrollar una tos leve y fiebre, cerrando la iglesia por el peligro de estar contagiado. Finalmente se contaron 35 casos directamente relacionados a la actividad infantil y una clase de estudio bíblico en el lugar.

De los 92 asistentes vinculados a diversos eventos de la iglesia durante esos cinco días, el 38% se contagió con coronavirus, y tres personas murieron. De acuerdo al informe, es posible que se sumen 26 casos más a esta cadena, todos derivados de dos personas sintomáticas que asistieron a la iglesia.

“Los pacientes primarios no tenían exposiciones conocidas a COVID-19 en los 14 días anteriores a las fechas de inicio de los síntomas, lo que sugiere que se estaba produciendo una transmisión local antes de la detección del caso”, indica el documento.

Por ello, oficialmente “las reuniones de tipo religioso presentan un riesgo de aumentar la propagación del COVID-19 durante esta emergencia de salud pública”, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU..

Para Claudio Castillo, académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago y experto en políticas públicas en el Área de la Salud, “lo importante distinguir que no se trata que las actividades religiosas per se sean de mayor riesgo, sino las características asociadas que la rodean. Es decir, si no hay ventilación natural, si existen aglomeraciones, si las personas se acercan y se dan la mano y no usen mascarilla, canten o eleven el tono de la voz, eso es el riesgo que se produce, y por lo tanto hay que minimizar. Esto, según los expertos, son los puntos de interés de los súper difusores (alguien que infecta a más personas de lo que lo hace un paciente habitual)”.

“En EE.UU. la revista Nature hizo un estudio muy acabado y determinó que las actividades religiosas eran una de las más riesgosas y con mayor probabilidad de contagio. Por una parte hay que considerar una restricción de ocupación máxima -es la medida más eficaz en espacios no ventilados- pero también el tiempo de permanencia. Eso, si es que se autoriza cierto tipo de actividad de índole religiosa imposible de suspender, como responsos fúnebres, que debiesen ser en tiempos acotados y en espacios al aire libre de manera de permitir a las familias despedir a sus seres queridos. Es parte de un rito que también da humanidad en esta etapa de la pandemia, que no podemos olvidar”, añade.

Stephania Passalacqua, infectóloga y académica Escuela de Medicina U. Austral y miembro del Consejo Asesor científico para la estrategia de vacuna Covid-19, señala que “en estos momentos nos enfrentamos a varias regiones con casos elevados todos los días y la Región Metropolitana ad portas de una segunda ola, por lo que los esfuerzos deberían ser en mantener las restricciones como el distanciamiento social, uso de mascarilla y lavado de manos.

“Si bien es cierto que se han ido abriendo malls, negocios y parques, la apertura de la iglesia es emblemática y controversial, porque desde el inicio de la pandemia se han vinculado como lugares de brotes frecuentes. A nivel nacional varios brotes han comenzado en estos lugares -sobre todo al inicio cuando no existían regulaciones- porque allí se pueden reunir muchas personas sin mantener distanciamiento deseable, se producen momentos donde la gente se acerca, abraza y el riesgo existe”, agrega.

“Pero por otro lado las iglesias cumplen un rol muy importante. La gente muchas veces le tiene más confianza al pastor o sacerdote que a otros líderes y es fundamental contar con el respaldo de estas figuras para fomentar la vacunación. Quizá se pueda hacer un acercamiento para bajar el aforo en las misas y tener celebraciones siempre y cuando el aforo sea pequeño, se restrinja el contacto y sobre todo, se realice en ciudades donde no haya cuarentena”, sostiene la infectóloga.

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