De un dormitorio en Chile a Silicon Valley: El robot que enseñará a los niños de EE.UU.

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Comenzó como un proyecto personal para su hijo pequeño y actualmente se presenta con una nueva versión en la feria de tecnología más grande del mundo. Se trata del primer tipo de robot social nacido en Latinoamérica.




Felipe Araya es una persona feliz. Mitad chileno y venezolano, despliega alegría al hablar de lo que él llama "su hijo", un pequeño robot social educativo llamado Sima Robot, proyecto que desde su lanzamiento no le ha entregado más que satisfacciones y que ahora lo tiene en la mayor feria de tecnología del mundo, el CES de Las Vegas, como el único representante nacional en el evento.

El robot, un colorido humanoide impreso en un cuerpo 3D, tiene la capacidad de escuchar, hablar, cantar, bailar, contar chistes y caminar, entre otros. Es interactivo y una conexión Bluetooth a un smartphone ubicado en su estructura le permite realizar expresiones faciales que ayudan a los niños -de 4 a 9 años- a aprender, al mismo tiempo que se entretienen. Cuenta con ocho grados de movilidad, seis motores en sus piernas y brazos y su alma es una aplicación desarrollada por Araya.  Es el primer tipo de robot social nacido en Latinoamérica.

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Su historia comienza con Nikola -su hijo real, bautizado en honor a Tesla- y la necesidad de su padre, ingeniero mecánico de profesión, de entregarle un entretenimiento distinto y que tuviese un nuevo tipo de estímulo: "Empecé a construir un robot humanoide con herramientas disponibles en internet. Hice algunos prototipos y los utilizaba con mi hijo, luego imprimí las piezas en 3D, lo armé y programé una aplicación que reconociera la voz y tuviera control sobre el movimiento", señala.

Luego, cuando vio que el robot funcionaba, decidió dar un paso más allá empleando sus conocimientos en una maestría en negocios. Fue así como junto a su esposa, Virginia Días, de profesión educadora con especialización en psicología, se aventuraron creando un prototipo funcional con el que postularon a Startup Chile hace dos años.

"Nos devolvimos a Venezuela y luego nos avisaron que estábamos aceptados. Nos asustamos, porque teníamos que volver", señala.

"Fue difícil, yo trabajaba en una empresa tradicional de ingeniería relacionada con excavaciones, perforaciones y máquinas muy grandes. Y tuve que decidir si dar el salto o no", cuenta Araya.

"Es una tecnología que comencé a desarrollar en una habitación en casa y que planeé llevar a una realidad como la chilena. En Asia los robots educativos se hacen hace 20 años, y en Japón existen estudios sobre su impacto. Pero realizar lo mismo en el contexto latino, donde los papas y profesores no están acostumbrados, es complejo", asegura.

Fue ahí cuando con su esposa y su pequeño hijo, decidieron dar el salto definitivo.

"Por suerte, el ecosistema chileno es reconocido en todos lados, se sabe que en Chile se hacen cosas interesantes. Nos vinimos y continuamos con el desarrollo del robot en casa de mi familia paterna en Ovalle, cuarta región", dice.

Aún así, se encontró con los cuestionamientos de su familia, que incluso llamó a su país natal para preguntarle a su padre por qué se sumergiría en esta loca e impredecible aventura.

"'Entonces vas a hacer un robot?', me preguntaron. ¿'Y de qué vas a vivir?'".

"Sólo estábamos embriagados con la fantasía que el robot funcionara", afirma Araya.

El camino del emprendedor

Pero aquella aventura recién comenzaba. Tras la buena aceptación en Startup chile, además se transformaron en la primera empresa que desde Chile, lanzó su propuesta en la popularmente conocida plataforma de financiamiento colectivo Kickstarter. Y la iniciativa fue un éxito: vendieron casi 50 robots desde distintos sitios del mundo, sobrepasando su meta de 6 mil dólares a más de 8 mil dólares.

El ingeniero mecánico no esconde su satisfacción por el camino recorrido, considerando que "un robot no es lo más prioritario y que no estamos en el ecosistema mas tecnológico del mundo como ocurriría en Japón u otro país", según cuenta.

Araya indica que a la fecha, 35 colegios chilenos con profesores parvularios y de básica han utilizado los robots para hacer evaluaciones, dictados y como una herramienta educativa. Señala que al principio hubo dudas sobre las capacidades del pequeño humanoide y que de todas maneras había que salir a vender el producto.

"Hablamos hasta con la oficina de innovación del Ministerio de Educación, puerta por puerta por todo Santiago buscando aliados que puedan utilizar esta tecnología", afirma.

Eso, hasta que algunos jardines de las comunas de Huechuraba, Providencia y La Reina creyeron en el proyecto.

Un nuevo comienzo

En 2018, Virginia Dias hizo un diplomado y se ganó la posibilidad de viajar a Silicon Valley, la cuna de la tecnología mundial, con Sima Robot como uno de los mejores proyectos presentes. Fue entonces cuando los colegios se interesaron en el proyecto y surgió la posibilidad de llevarlo fuera de las fronteras nacionales.

Felipe Araya cuenta que el paso siguiente fue adaptar el robot a las necesidades curriculares requeridas, y traducir todo al inglés. Este 13 de enero, cuando la feria CES ya haya finalizado, se iniciará la capacitación en uno de los dos colegios de San Mateo, en California.

Además, señala que desde ahora los robots están listos para ser fabricados en escala y poder venderlo también en el exterior. El nuevo modelo presentado en la feria de Las Vegas añade conectividad con iPhone (antes sólo estaba disponible en Android), más autonomía, cinemáticas y compatibilidad con modelos de smartphones.

Pero se tiene fe, y puede que la llegada del robot a los colegios en Silicon Valley sea sólo el comienzo.

"Mal que mal, estamos esperando que los robots formen parte de nuestra vida al desde hace 100 años", sentencia.

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