Juez de la Corte Suprema, Lamberto Cisternas: “La ley debe facilitar el derecho de cultivo de marihuana para fines terapéuticos”

Mario Tellez.

El integrante de la Sala Penal entra al debate, que se inicia el lunes 7 en el Senado, por la modificación al Código Sanitario, que permitirá el cultivo de cannabis sativa con fines medicinales. El juez Lamberto Cisternas está a favor de la iniciativa de Cultivo Seguro y critica que “tenemos una tendencia a criminalizar las cosas y eso no es bueno para la comunidad”.


El ministro de la Corte Suprema e integrante de la Sala Penal Lamberto Cisternas entrará el lunes 7 a apoyar el cultivo personal para el uso medicinal de la marihuana. Fue invitado por la Comisión de Salud del Senado a exponer su postura como juez sobre la modificación al Código Sanitario que -de transformarse en la Ley de Cultivo Seguro- permitirá a pacientes de diversas enfermedades tener plantas de cannabis sativa en su casa sin ser perseguidos por la fiscalía.

¿Por qué apoya esta iniciativa?

Mi punto de vista tiene que ver con lo terapéutico, vale decir, si alguien quiere seguir una línea de medicina alternativa y tomar algún producto que sea beneficioso, con algún respaldo, por supuesto, de tipo médico o de experiencia, yo creo que debe permitírsele hacerlo. Si alguien quiere curarse con hierbas medicinales y hay un médico del tipo naturista que lo respalda, ¡qué problema habría en que lo haga! Y en este caso nos encontramos con la marihuana, que tiene, por supuesto, efectos adversos si se consume en demasía o en alguna forma en particular, pero que si se regula bien ese consumo con la finalidad terapéutica, esa persona debería ser respetada en su decisión.

Eso lo ha declarado la propia Corte Suprema en fallos donde se ha demostrado que el consumo era para fines medicinales…

Así es. Vimos el caso de una persona imputada por haber hecho un cultivo ilegal y resultó que esa persona lo estaba haciendo con un grupo que tenía una finalidad terapéutica, se reunían periódicamente, tenían una orientación, lo cultivaban ellos mismos y lo consumían con ese fin. Entonces, prohibir eso significa limitar mucho el derecho de la persona, su posibilidad de progresar, de avanzar y, en segundo lugar, no calza con el tipo penal… Acá el gran punto es que la Ley 20.000 sanciona el tráfico y, en ese sentido, nosotros como jueces tenemos que generarnos la convicción de que esa persona lo que pretende al cultivar es traficar, pero cuando nos enfrentamos a casos donde queda claro que el propósito es terapéutico, nosotros hemos anulado esas condenas. En esos casos, ha sido claro que se trataba de un consumo personal o con fines medicinales que no caen en el tipo penal que nosotros debemos sancionar.

Han llegado a tribunales varios casos de ese tipo, imputados de microtráfico y que en realidad lo usaban como medicina…

Lo que pasa es que en la actualidad el particular que es hallado con cultivos es imputado por la fiscalía, y en esto la fiscalía cumple con su rol, no cabe duda, pero lo que tiene que hacer entonces ese particular es acreditar que lo está haciendo con la finalidad terapéutica, responder frente a la policía y frente al Ministerio Público y probar que su cultivo no estaba destinado al tráfico, sino que tiene un fin medicinal. Lo que ahora pretende el proyecto de ley es que la persona pueda estar premunida con una certificación médica, con ciertos requisitos que le permitan acreditar ante la policía, el Ministerio Público y el tribunal que su consumo obedece a una prescripción del tipo médico, con lo cual, entonces, se combina la presunción de inocencia que favorece a cada persona con la exigencia del cumplimiento del tipo penal que es lo que está tratando de constatar el Ministerio Público. Y si frente a esto la fiscalía recibe esta certificación, tendrá que respetar a esta persona, y si no le parece suficiente, llegar hasta el tribunal y la evaluación la haremos los jueces finalmente.

¿No cree que, entonces, debería haberse modificado la Ley 20.000 y regular esto?

Son distintas vías de llegar. Una vía de llegar en este caso ha sido modificar el Código Sanitario, de tal manera que este producto que derive del cultivo de la cannabis entre dentro, vamos a decirlo así, de los productos farmacéuticos o de uso medicinal. Y si es un producto de esa naturaleza, y así lo dice la ley, vendría a ser un cultivo permitido, legal. Por eso se ha denominado “Cultivo Seguro”, es decir, ‘yo cultivo porque tengo esta prescripción médica y requiero proveerme de este producto para satisfacer ciertas necesidades de la salud’. Otro enfoque sería haber modificado la Ley 20.000 y haber colocado ahí esta excepción que permitiera que el particular tuviera los elementos para defenderse o bien haber modificado las dos normas.

Hay quienes creen que esta ley es la puerta de entrada al consumo recreativo de la marihuana. ¿Cree que será así?

Puede que eso sea así, pero creo que hay ciertas cosas en la vida en las que uno debe correr un riesgo. Y si prevé el riesgo puede prever los antídotos, una mayor fiscalización, por ejemplo, incluir algún complemento a la norma…, aunque nunca se van a prever todos los riesgos.

¿Usted ha estudiado los beneficios de los productos hechos con cannabis en distintas enfermedades?

Algo he estudiado y tengo versiones de personas que trabajan en este ámbito, la gente de la Fundación Daya, que lo hace con bastante dedicación. Ellos cuentan con testimonios de lo que normalmente se denomina “medicina de la experiencia”, vale decir, ya no tanto una medicina de tipo científico -aunque hay quienes reclaman también tener una buena cantidad de elementos científicos-, pero la cannabis, a lo menos, tomada como una medicina de la experiencia produce el resultado de que hay ciertas personas que les ha ido bien , que han aminorado sus dolores, sin recurrir a otras drogas que siendo medicinales son mucho más duras, provocan acostumbramiento y son mucho más caras.

¿Qué será lo más importante de su intervención mañana en esta comisión del Senado?

Para mí, lo importante es que quede claro que la ley debe facilitar el derecho de cultivo de las personas a medicinas alternativas, como la marihuana, cuando se usa con fines terapéuticos. Debe facilitarlo tomando todos los resguardos para que los fiscales, la policía y la comunidad tengan la seguridad de que no se mal utilizará esta ley. Ahora, que alguien lo vaya a usar mal alguna vez, lo sabemos. Con ley, sin ley, siempre es así.

De hecho hay consumo de marihuana recreativa sin la despenalización de esta conducta…

Claro, usted puede decir ‘esta zona se exime de tributos’, y aunque con eso se haya querido fomentar la zona, no va a faltar quien va allá y con un subterfugio instala algo que no es nada y se exime de los impuestos. La ley está pensada para que todos la cumplamos dentro de un marco normal y de buena fe, pero siempre va a haber quienes se aprovechen. Ahora, ojo, la ley permite formas farmacéuticas: ungüentos, soluciones, comprimidos, pero en ningún caso por la vía inhalatoria o de combustión tradicional de la marihuana.

¿Siente que el Estado es muy restrictivo con las libertades de sus ciudadanos?

Todas estas cosas necesitan un proceso de evolución social. No es fácil. Están siempre los promotores o personas avanzadas de pensamiento que proclaman antes esto y poco a poco la gente va tomando conocimiento. En alguna medida pareciera que el Estado confiara poco en la capacidad de decisión de las personas y tenemos una cierta tendencia a criminalizar las cosas y de penalizarlas en demasía, y me parece que eso no es bueno para la comunidad. Hay cosas que no se solucionan sancionando. Tenemos que tener una conciencia que se forma desde la educación, la familia, la convivencia social, y en mi opinión, al menos, las normas punitivas, penales y sancionatorias debieran ser las menos.

En ese sentido, ¿estaría de acuerdo con regular el consumo recreacional de la marihuana?

No sé si decir sí o no. Le digo sí a que la sociedad lo estudie, lo converse y lo debata hasta que se llegue a una conclusión. Creo que es un muy buen camino para avanzar. En lo personal, no estoy completamente convencido, como sí lo estoy en el caso del consumo terapéutico.

¿Por qué no está tan seguro respecto del uso recreacional?

Porque no es mi manera de recrearme, pues.

¿Pero lo ve como peligroso? Las autoridades han advertido el aumento del consumo de marihuana en menores de edad…

Sí, pero para mí las cosas pueden tener diversas explicaciones. A lo mejor, precisamente un sistema muy restrictivo hace que la gente camine hacia lo prohibido. Y a lo mejor si esto no lo estuviera de esa manera o estuviera con un sistema regulado en que la gente pudiera decir “mire, yo me llamo Pedro y quiero comprar tanto de marihuana” y no hubiera mayor problema, debiera ser mucho menos complicado. Hay experiencias de ese tipo en el mundo en que se pretende combatir el tráfico duro con una ley abierta, que permita que la gente lo consuma, se inscriba. Ahora, es una cuestión y debate complejo.

¿Cuál es el ideal de plantas que usted cree se debería poder tener para el uso medicinal?

No hay ideales. Si pensamos en 180 parece mucho, ¿no?, pero si pensamos en una parece como muy mezquino. Entonces, cuatro o cinco parece ser una cantidad que naturalmente uno entiende que responde a una cuestión terapéutica. Si el médico le ha dicho a usted que tiene que tomarse una infusión tres veces al día, con una planta no llega a fin de mes. Pero no necesita, como le digo, 180 o 200 plantas, con ocho o 10, no es cierto, alcanza a dar una vuelta. Eso no lo sé exactamente, pero por ahí iría yo, por ese camino.

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