La persistencia de la memoria

Museo de la Memoria (Crédito: Laura Campos).

Durante la controversia que terminó esta semana con la renuncia de Mauricio Rojas como ministro de las Culturas, hubo dos conceptos que surgieron con fuerza para criticar la visión de los hechos que presenta el Museo de la Memoria: “montaje” y “sesgo”. A propósito de eso, las preguntas son inevitables: ¿Cómo se construye la memoria?, ¿cómo se la convierte en espacio de exposición?, ¿qué es lo medular en esta discusión? Investigadores extranjeros y encargados de museos internacionales de derechos humanos abordan este debate y cuentan cómo reconstruyen el pasado.


Linda Norris: “Los sitios de conciencia siempre priorizan las voces de las víctimas”

La Coalición Internacional de Sitios de Conciencia fue fundada en 1999. Agrupa a más de 250 miembros en 65 países, incluyendo lugares como el Museo de la Memoria y el Parque por la Paz de Villa Grimaldi en Chile. Linda Norris, directora global de programas, comenta a Tendencias que los memoriales “no sólo proveen lugares seguros para recordar y preservar incluso los recuerdos más traumáticos, sino que permiten que sus visitantes hagan conexiones entre el pasado y temas contemporáneos de derechos humanos”. Por ejemplo, agrega, lugares como la Casa de Esclavos en Senegal y el Memorial ACTe en la isla de Guadalupe hoy se “enfocan tanto en el comercio de esclavos como en sus repercusiones modernas”.

Linda Norris.

-En la controversia que terminó con la salida del ex ministro de las Culturas, algunos políticos plantearon que el Museo de la Memoria presenta una visión sesgada de lo ocurrido en el régimen militar. ¿Qué le parece esa postura?

-La historia raramente es blanca o negra. Existen muchos puntos de vista distintos. Sin embargo, los sitios de conciencia siempre priorizan las voces de las víctimas y los supervivientes de los abusos a los derechos humanos, que bastante a menudo son mujeres y miembros de grupos marginalizados. Desafortunadamente, no es sorpresa que esos puntos de vista no siempre sean aceptados por otros, particularmente por aquellos que se beneficiaron de dictaduras y regímenes totalitarios.

-¿Cómo se construyen las “memorias” de estos sitios?

-Cada lugar lo hace de manera diferente. Por ejemplo, Gulag.cz, de la República Checa, mapea los gulags en la ex Unión Soviética usando tecnología remota y a veces con arqueología in situ para que la gente pueda experimentar esos lugares a través de internet. El Museo Tuol Sleng en Cambodia -dedicado al genocidio del Khmer Rouge- es un lugar real y como visitante te ves abrumado por ese lugar donde ocurrieron atrocidades. En muchos otros lugares la recolección de memorias y testimonios es parte vital de su trabajo. En otros casos, la labor de archivo, como lo que hace Memoria Abierta en Argentina, ha sido esencial para construir puentes entre el pasado y el presente.

– ¿Se podría decir que muchos memoriales operan como laboratorios sociales?

-Algunos invitan más a la reflexión; otros son más activistas. Según mi experiencia, cualquier instancia, ya sea un concierto, un museo de arte o un memorial, es un lugar para aprender más de ti mismo. Aunque todos lo hacen de manera diferente, los sitios de conciencia están comprometidos a usar el diálogo en su trabajo. Plantean preguntas esenciales para las personas y para su mundo: ¿Por qué ocurrió esto?, ¿qué pasa con la responsabilidad individual?, ¿cómo puedo evitar que vuelva a ocurrir?


Christopher Till:  “El desafío es ir más allá de presentar una lección histórica”

Entre 1948 y comienzo de los 90, Sudáfrica implantó un férreo sistema de segregación racial, conocido como apartheid. Según la Comisión de Verdad y Reconciliación de ese país, más de ocho mil personas fallecieron por la represión estatal y los enfrentamientos. Entre 1948 y comienzo de los 90, Sudáfrica implantó un férreo sistema de segregación racial, conocido como apartheid. Según la Comisión de Verdad y Reconciliación de ese país, más de ocho mil personas fallecieron por la represión estatal y los enfrentamientos. Recordar ese oscuro período es la misión del Museo del Apartheid, que desde 2001 opera en las cercanías de la capital, Johannesburgo, y busca plantear una reflexión incluso en detalles tan básicos como la entrada: hay un ingreso para “blancos” y otro para “no blancos”, y los visitantes son separados arbitrariamente para que experimenten la vida segregada.

Christopher Till, director del recinto, explica a Tendencias que hoy el Museo “se ha vuelto central para los debates en torno a la restitución de tierras, la xenofobia, el legado colonial, los llamados para la educación gratuita y las demandas por mejores servicios. Hoy es más relevante que nunca al presentar los eventos históricos que moldearon la transición”. Por eso, para él los memoriales “son necesarios como espejos que permiten evaluar eventos actuales que están enraizados en el pasado”.

Christopher Till.

– ¿Se busca impactar al visitante a través de las experiencias?

-El desafío de estos museos es ir más allá de limitarse a presentar una lección histórica. Deben cautivar a una generación contemporánea que nació en un mundo marcado por la realidad virtual y el ciberespacio.  Lograr que eventos que tuvieron impacto en la historia y la condición humana sean pertinentes para enjuiciar los prejuicios actuales es una parte de lo que se busca con los visitantes.

– ¿Qué ocurre cuando se intenta negar o relativizar las represiones políticas o los crímenes contra la humanidad?

-En un mundo en el que las noticias falsas se han vuelto un fenómeno real y desagradable, y donde las redes sociales son capaces de moldear la percepción pública, el riesgo de distorsionar los hechos históricos es muy real. Cuando esto se lleva a lugares de aprendizaje como los museos, la amenaza se legitima y genera un riesgo bastante claro.

Para Christopher Till, la vigencia de un museo de estas características se basa en que“sigue siendo un espejo que nos permite mirar el rostro del apartheid y que nos confronta con lo que ocurre si nos permitimos ser llevados a un estado que nos haga creer que nunca fuimos parte de los excesos o que podemos renegar de los efectos que eso tuvo en millones de personas. Las semillas de la discriminación siguen echando raíces en el mundo y siempre deberían ser enfrentadas de manera inmediata”.


Katherine Hite: “El Museo de la Memoria de Chile ha establecido un ejemplo”

Katherine Hite conoció de cerca el régimen militar de Chile. En 1983 era estudiante de pregrado en Estados Unidos y decidió realizar un intercambio que la trajo al país, donde se entrevistó con familiares de detenidos políticos. Hoy es profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Vassar y uno de sus focos es la memoria y los movimientos sociales de Latinoamérica, labor que la llevó a ser profesora visitante de la Universidad Diego Portales en 2015.

Katherine Hite.

-¿Los museos de la memoria siguen siendo necesarios, incluso décadas después de los crímenes que recuerdan?

-Al reflejar las sociedades en las que están inmersos, proveen un reconocimiento institucional al hecho de que no se puede hacer desaparecer la violencia política a gran escala del pasado, sin importar lo mucho que algunos políticos quieran enterrar la verdad de lo que ocurrió. El Museo de la Memoria de Chile ha establecido un ejemplo para otros museos del mundo, cuya misión es educar a sus ciudadanos, particularmente a los más jóvenes, en la manera en que las violaciones a los derechos humanos pueden ser comprendidas, discutidas y recordadas.

– ¿Qué le parecen las críticas de que el Museo es un “montaje” y las acusaciones de que presenta una visión sesgada?

-Las palabras de (Mauricio) Rojas y sus partidarios son irónicas. Es la dictadura chilena en sí la que define la línea de tiempo del Museo, desde el día del golpe hasta la transición al régimen civil en 1990. La mayor fuerza del Museo de la Memoria es la presentación de la institucionalización de la dictadura, a través de la remoción de un presidente elegido democráticamente, la declaración del estado de sitio, el cierre del Congreso, los arrestos, las ejecuciones, etc. Los políticos que alguna vez plantearon que a la sociedad le convenía “dar vuelta la página”, ahora reconocen que deben desarrollar y sustentar políticas que confronten el pasado con el fin de reforzar la democracia y los derechos humanos. La molestia pública por los esfuerzos de Rojas de denigrar el Museo validan ese proceso.


Daniel Tarnopolsky:  “La verdad siempre es parcial porque es la nuestra”

El Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA) de Buenos Aires está en la ex Escuela de Mecánica de la Armada argentina, utilizada durante la dictadura de ese país como centro de detención y tortura. El lugar fue creado en 1998 por el gobierno argentino, la Ciudad de Buenos Aires y organismos de derechos humanos trasandinos. Daniel Tarnopolsky es representante en ESMA de esos grupos.

Escuela de Mecánica de la Armada.

-¿Les han dicho que entregan una mirada parcial de lo que pasó en Argentina?

-Esa es una crítica recurrente y a ella respondemos que mientras los perpetradores de los crímenes guarden silencio no nos pueden criticar sobre la verdad que reconstruimos. La única manera de armar otra memoria sería que los perpetradores explicitaran lo que sucedió con las víctimas. Ahí podríamos pensar en ver si podemos armar de otra manera la estructura de los sitios de memoria y lo que se explicita en ellos. Todo lo que hemos reconstruido lo hemos hecho a partir de los testimonios de unos pocos perpetradores y sobre todo de los detenidos que fueron liberados o de algunos testigos civiles. Entonces, la verdad siempre es parcial porque es la nuestra.

-¿Cuál es el rol de los sitios de conciencia cuando personajes públicos o figuras políticas entregan opiniones así?

-Hacemos permanentemente comunicados de prensa, pero fuera de eso tenemos una acción cotidiana. En todos los sitios de memoria argentinos hay acción pedagógica hacia los colegios y universidades; se organizan coloquios, conferencias y acciones culturales. Se participa en movilizaciones populares y en la prensa. Tenemos una acción permanente de memoria, justicia y recuerdo por el “nunca más”.

-¿Algún día no tendrán detractores?

-No sé si va a suceder. Estamos en 2018 y sigue habiendo negacionistas del Holocausto, pretendiendo que no sucedió lo que sucedió en Europa. No hablo sólo de lo ocurrido a los judíos, sino también a los comunistas, los homosexuales, los niños y jóvenes con enfermedades, los gitanos. Hay grupos neonazis que reivindican que eso no pasó.


Verónica Torras: “Lo que pasó en Chile no es un fenómeno sólo de ese país”

Es la directora ejecutiva de Memoria Abierta de Argentina, organización que coordina la Red de Sitios de Memoria Latinoamericanos y Caribeños (Reslac).

Verónica Torras.

-¿Lo que ocurrió con el ex ministro Mauricio Rojas es algo aislado?

-Lo que pasó en Chile en los últimos días no es un fenómeno sólo de ese país. Estamos enfrentando una ola de negacionismo revanchista en la región. No se trata sólo de un intento de negar las graves violaciones de derechos humanos del pasado, sino que de deconstruir los procesos de memoria, verdad y justicia que con gran esfuerzo atravesaron nuestros países y que en gran medida fueron impulsados desde las organizaciones de víctimas y grupos sociales comprometidos con esa lucha.

En el último año, dice Torras, se han producido en diferentes países de la región ataques a sitios, museos o espacios que tienen algún vínculo con la memoria. Ella los relaciona con el intento de cuestionar la memoria de las víctimas por ser parcial o sesgada: “Algo similar a lo que sucedió en Chile, donde los ataques al Museo de la Memoria surgieron casi al mismo tiempo que se produjo la decisión de liberar a siete militares presos por delitos de lesa humanidad, pasó en Perú. Con posterioridad al indulto al ex presidente Alberto Fujimori se desataron una serie de ataques contra sitios de memoria de ese país que cuestionaban su sentido y legitimidad”.

-¿Cuál es para usted la gran diferencia entre un museo de la memoria y un museo tradicional?

-Todos los museos son espacios que guardan memorias. Los denominados museos de memoria se organizan en torno a la visibilidad y transmisión de un tipo de memoria social y política respecto de sucesos relevantes del pasado, muchas veces traumáticos, que dejaron huellas en el conjunto social. Lo que los diferencia de otros, incluyendo a los de historia, es que buscan llamar la atención sobre los hechos de un pasado que mientras no haya sido totalmente erradicado en las prácticas sociales, políticas, económicas y culturales, se puede entender que sigue estando presente. Los museos de memoria hablan de un tiempo que no ha terminado de pasar y prueba de ello es lo incómodos que resultan a los gobiernos, cuando éstos buscan establecer regresiones en los derechos humanos.


Elena Monicelli:  “La narración del horror no es suficiente para vacunarnos contra él”

Entre el 29 de septiembre y el 5 de octubre de 1944, ochocientas personas de las zonas montañosas en las afueras de Boloña, Italia, fueron asesinadas por tropas nazis y grupos fascistas. En el lugar, donde muchas casas e iglesias fueron quemadas, existe un parque natural e histórico donde opera la Escuela de la Paz de Monte Sole. Sus miembros realizan programas educativos para que los jóvenes reflexionen sobre la masacre; y también elaboran memorias a partir de relatos de lo que ocurrió, charlas y conferencias.

Escuela de la Paz de Monte Sole.

Elena Monicelli, coordinadora de la organización, señala a Tendencias que la “narración del horror no es suficiente para vacunarnos contra él. Por ejemplo, la descripción del Holocausto no pudo evitar masacres en el corazón mismo de Europa, tal como ocurrió en la ex Yugoslavia. Y a menudo los estudiantes que visitan Monte Sole condenan a los soldados nazis y al siguiente momento respaldan atacar a varios otros grupos”. Por eso, agrega, siempre hay que preguntarse qué se busca al recordar el pasado: “¿Puede ayudarnos a examinar y aceptar que el bien y el mal vienen de una misma fuente como el ser humano? Esto significa que debemos interrogarnos a nosotros mismos, porque el mal no viene de un lugar lejano, sino de nosotros. Debemos intentar comprenderlo, dominarlo y admitir que está en cada uno y a nuestro alrededor”.

– ¿Discusiones como la que se dio en Chile en torno al sesgo que tendría el Museo de la Memoria le parecen pertinentes?

-El debate no parece estar fuera de lugar porque la memoria fue, y siempre será, una de las principales fuentes que tiene el poder político para construir su identidad colectiva. Por eso, mientras un memorial más se distancie de la historia completa, más se puede ver expuesto al revisionismo y las críticas. Nadie nos permitiría contar la masacre de Monte Sole sin el contexto de la II Guerra Mundial, el régimen nazi, la dictadura fascista y el violento dominio social. Cada violencia tiene sus raíces y procesos que deben ser investigados, de la manera más científica posible, para así evitarla en el futuro”.


Narine Margaryan: “Los memoriales son un disuasivo para que los crímenes no vuelvan a ocurrir”

“Genocidio armenio” u “Holocausto armenio” son los nombres que se le dan al exterminio de 1,5 millones de personas realizado por el Imperio Otomano entre 1914 y 1923. Además del asesinato sistemático de la población masculina; mujeres, niños y enfermos fueron forzados a participar en “marchas de la muerte” hacia el desierto de Siria. En 1967 se construyó un memorial dedicado a las víctimas en Tsitsernakaberd, una colina de la capital armenia de Yerevan. Allí, en 1995, se abrió el Museo del Genocidio Armenio, que ha sido visitado por personalidades como el Papa Francisco y el presidente ruso Vladimir Putin.

Museo del Genocidio Armenio.

Narine Margaryan, directora (S), concuerda con los demás expertos en que los memoriales “tienen un importante rol en prevenir el olvido de los crímenes, lo que al mismo tiempo es un disuasivo para evitar que vuelvan a ocurrir. En el caso del Museo del Genocidio Armenio, su objetivo clave es diseminar la información sobre ese evento e involucrarse en la lucha contra su negación”.

-¿Qué metodología usaron para elaborar su exhibición?

-Se basa en tendencias contemporáneas que se pueden hallar en varios museos modernos dedicados a genocidios. Principalmente distribuimos por el lugar fotos tomadas por misioneros extranjeros, diplomáticos y otras personas. Muchas de esas imágenes fueron publicadas inmediatamente tras el genocidio en diferentes periódicos y revistas. También tenemos un salón especial dedicado a la historia oral.

Margaryan cuenta a Tendencias que cuando surgen políticos o personalidades que niegan el genocidio, un instituto de investigación que opera dentro del memorial es el encargado de reaccionar. Agrega que cualquier tipo de comentario sobre el suceso es aceptable sólo “si se basa en hechos históricos y documentos con pruebas claras”.

 

 

 

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