Los científicos que lucharán contra las bacterias

Autor: Carlos Montes

Un grupo multidisciplinario de investigadores chilenos conformará el Núcleo Milenio para la Investigación Colaborativa en Resistencia Antimicrobiana (MICROB-R), centro de excelencia que intentará develar cómo las bacterias se están volviendo más poderosas.


La resistencia antimicrobiana (RAM) es uno de los principales desafíos sanitarios del siglo XXI. Se estima que en 2050 morirán más personas por infecciones resistentes a los antibióticos que por cáncer.

Un nuevo Núcleo Milenio, dirigido por José Munita y Andrea Moreno, académicos de las universidades del Desarrollo y Andrés Bello, respectivamente, estudiará la resistencia antimicrobiana con un grupo de expertos de diferentes instituciones del país (universidad del Desarrollo Andrés Bello, de Concepción y Católica de Valparaíso) de forma interdisciplinaria, incorporando salud humana y veterinaria, agricultura y producción de alimentos, además de factores ambientales.

José Munita, director del Núcleo, señala que el centro estudiará por qué se generan las bacterias resistentes a los antibióticos, su comportamiento en diferentes situaciones y su impacto en la salud pública. “En este Núcleo trabajamos distintos profesionales; todos aproximándose al estudio de la resistencia desde distintas perspectivas. Así tenemos diferentes miradas para un fenómeno cada vez más preocupante. Esto porque, si bien es un problema que surgió en los hospitales, hoy nos percatamos que esas mismas bacterias las podemos encontrar en animales, en aguas y en el ambiente en general. Buscaremos responder interrogantes para las que no existe respuesta. Aún no somos capaces de comprender cómo surgen las bacterias resistentes y qué determina que se propaguen”.

Munita explica que las bacterias son resistentes a los antibióticos por evolución. “El principal determinante para favorecer la aparición de éstas es la presión selectiva que ejerce el uso de antimicrobianos. Las bacterias están en la Tierra hace miles de millones de años y han sido capaces de adaptarse a prácticamente todas las condiciones. Es posible encontrar bacterias en los volcanes o en el medio de un glaciar, pues han desarrollado formas de resistir estos ambientes”.

De la misma forma, agrega, “el uso de antibióticos favorece el desarrollo de resistencia y seleccionar aquellas bacterias capaces de resistir el ataque de los antimicrobianos. Tres cuartas partes de los antibióticos que se usan en el mundo se utilizan para el crecimiento de ganado, pollos y salmones, además de la agricultura. Es ahí donde también se están formando algunas bacterias resistentes y necesitamos saber cuál es su rol en la salud humana. Hoy sabemos que existe gente muriendo por las bacterias resistentes y precisamos disminuir el impacto de estas infecciones en nuestra población”.

Carolina Torrealba, directora ejecutiva de la Iniciativa Científica Milenio, dice que el Núcleo generará conocimiento de frontera en un tema crucial. “La expectativa de vida de los humanos se ha alargado en gran medida debido a cuatro factores: higiene, salubridad, vacunas y antibióticos. Gracias a la resistencia a estos últimos, una cirugía sencilla, como una apendicectomía, puede ser mortal. Se trata de un complejo problema de alcance mundial que requiere una aproximación interdisciplinaria”.

Desafío de salud pública

El nuevo centro tiene tres objetivos: la investigación básica y clínica de vanguardia sobre los organismos resistentes a los antibióticos; generar una masa crítica de académicos para formar investigadores al más alto nivel y favorecer las capacidades de investigación de la comunidad científica nacional.

“Además, un objetivo transversal es aportar con datos que permitan diseñar políticas públicas para disminuir el impacto de la resistencia en nuestro sistema de salud. Paralelamente, queremos comprender el rol que juega la comunidad, el ambiente y los animales en la generación y propagación de bacterias resistentes”, dice Munita.

La resistencia antimicrobiana es uno de los principales desafíos de salud pública a nivel mundial.

Munita señala que entender la importancia de enfrentar este fenómeno es primordial. “Básicamente sin antimicrobianos la medicina moderna retrocede al siglo XIX. Sin antibióticos no podríamos realizar cirugías, trasplantes o tratamientos para el cáncer, por nombrar algunos ejemplos”, advierte.

Además, añade, infecciones habituales hoy consideradas fácilmente tratables, podrían terminar siendo frecuentemente mortales. “Históricamente, las infecciones como la neumonía y la diarrea estaban entre las primeras causas de muerte, pero hoy no es frecuente que un paciente sano y joven muera de neumonía gracias a que tenemos antibióticos que nos permiten controlar a las bacterias. Pero si ellas se vuelven resistentes al tratamiento y no responden de manera habitual, las personas corren el riesgo de morir”. Es decir, advierte, “volveríamos a la época de la medicina preantibiótica, lo que sería muy alarmante”.

Chile aún está atrasado en la manera de medir el impacto de las bacterias con respecto a países desarrollados. “Si bien aún no poseen grandes adelantos o entendimientos en la materia, países como Estados Unidos saben que 23 mil personas se mueren al año por infecciones con bacterias resistentes a antibióticos. Este tipo de cifras aún son poco claras en Chile y aportar con datos de este tipo será un gran avance para todos. Este Núcleo es una tremenda oportunidad para mejorar nuestro entendimiento del problema”, señala Munita.

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