Dos hermanas que dan nueva vida a la basura

Rossana y Alejandra Venegas, diseñadoras gráficas, reutilizan lonas publicitarias para elaborar accesorios. Fotos: Puro Viento.

Con ganas de dar un giro a su profesión de diseñadoras, las puntarenenses Alejandra y Rossana Venegas crearon una línea de accesorios confeccionados con restos de lonas publicitarias. Lo que comenzó como un hobbie, hoy se ha convertido en un emprendimiento que recicla y da trabajo a dueñas de casa y a internos de la cárcel de Punta Arenas.


Alejandra (48) y Rossana Venegas (52), ambas diseñadoras gráficas, llevaban muchos años sentadas frente a la pantalla de un computador: una, ofreciendo servicios de diseño a empresas; la otra, en un medio de comunicación- Hasta que un día, conversando, se dieron cuenta de que buscaban lo mismo: querían reinventarse en sus vidas.

Era 2009 y ambas hermanas comenzaron a pensar en opciones para explorar algún área del diseño que se complementara con su incipiente interés por el reciclaje y el cuidado del medioambiente. Lo primero era fácil: tenían interés por los accesorios como los bolsos, las carteras y las mochilas. Lo segundo surgió a raíz de su propia experiencia e investigación: el material utilizado para las lonas publicitarias estaba generando un problema ambiental en Punta Arenas, ya que iban a dar al vertedero una vez que estas eran dadas de baja. O peor aún: los desechos eran trasladados a Santiago.

Entonces, como por arte del destino, entre vuelta y vuelta en búsqueda de inspiración se encontraron con una idea similar de unos hermanos suecos que reutilizaban las lonas de los camiones y fabricaban accesorios como esos.

Así se mezclaron los ingredientes que le dieron vida a su obra maestra, Puro Viento: una línea de accesorios que hoy tiene desde billeteras (a partir de $8 mil) y estuches ($8 mil) hasta mochilas ($20 mil), entre otros productos confeccionados con material de desecho.

Alejandra y Rossana Venegas empezaron Puro Viento primero como hobbie, pero poco a poco se fueron encantando del impacto que este emprendimiento podría tener en su entorno, sobre todo en una época donde conceptos como la economía circular o el reciclaje no se escuchaban en todas partes.

Puro Viento tiene línea de accesorios que va desde billeteras a mochiles, entre otros productos confeccionados con material de desecho, como estas bolsas multiuso que prometen ser a prueba de cualquier peso.

Ya tenían un propósito. La siguiente tarea era conseguir los materiales. Primero hablaron con algunas empresas chicas para que les donaran sus pendones y lonas; luego hubo que convencer a las tiendas del retail de su ciudad para que hicieran lo mismo.

“Fuimos vistas como bichos raros al explicar que podíamos hacer nuevas cosas a partir de ‘basura’ y que, además, podía haber un impacto positivo en las empresas”, dice Alejandra Venegas. Que sacaran provecho de su basura era una razón por la que los ejecutivos de las empresas fruncían el ceño y miraban la idea con recelo, aunque tras casi un año entendieron que el beneficio era para todos y todas; con algunos de ellos, de hecho, mantienen alianzas hasta hoy.

Armar los primeros productos no fue una tarea sencilla. Las lonas publicitarias son rígidas y una máquina tradicional no sirve para coserlas; además, ninguna de las hermanas Venegas tenía experiencia haciendo esa labor. Así se la pasaron investigando, preguntando en talleres de confección y experimentando. No había ningún curso que calzara con ellas porque todos eran enfocados en la lana, el cuero o la madera.

Puro Viento delegó a confección de los productos a dueñas de casa con el objetivo de fomentar su autonomía económica.

Como una máquina de casa no les serviría, tendrían que comprar algunas industriales. “Partimos con recursos propios, muy básicos, entonces tuvimos que postular a algunos fondos. Obtuvimos el Capital Semilla de Sercotec, que nos permitió comprar un par de máquinas rectas industriales y una cortadora eléctrica. Como teníamos los primeros prototipos que habían funcionado, nos tiramos con todo a la piscina”, detalla Alejandra Venegas. Así llegó el momento de dejar sus trabajos y enfocar sus energías.

Esos fondos fueron la clave para surgir. Pero la menor de las dos hermanas reconoce que el comienzo fue todo un proceso complejo y en el que tuvieron que pedir ayuda. “Entender los formularios es un poco difícil, los términos son complicados y nosotras no sabíamos ni cómo sacar costos. Es todo un aprendizaje y pedimos ayuda para redactar el proyecto”, recuerda.

La expansión y el sentido social

Los productos de Puro Viento son únicos. Básicamente porque las lonas gráficas no tienen ninguna intervención más que el lavado para sacarle la tierra y la suciedad, entonces ninguno se iguala a otro. Una característica que aprovecharon ambas hermanas, quienes realizan los diseños, fue potenciar visualmente su marca, sobre todo entre tanta oferta característica de la Patagonia. “Desarrollamos un logo, una etiqueta con la explicación de nuestros productos, nuestra puesta en escena en las diferentes ferias de acá nos ayudó a sobresalir”, dice Alejandra Venegas.

El proceso de confección era desconocido para ellas. Por eso empezaron a trabajar con una amiga que tenía conocimientos, pero rápido pensaron que lo mejor sería tener más manos. “Esa se hizo nuestra característica: no tenemos un taller propio, lo que hacemos es llevarle el material a las personas, dueñas de casa, y que trabajen en la producción” detalla Venegas. “En una feria nos cruzamos con gente de Gendarmería con un stand que mostraban los productos que hacían los internos en el centro penitenciario. Hablamos con la asistente social y le preguntamos si había personas que supieran coser”.

Primero trabajaron con el Centro de Régimen Cerrado para Jóvenes y luego hicieron un trato directo con una interna, en el recinto de mujeres, quien partió confeccionando en el interior de su celda y al poco tiempo fue trasladada a un espacio más amplio. Sin embargo, tras dos años, no pudieron seguir, pues no era un espacio de trabajo exclusivo en el que pudieran asegurar una producción estable, además de otras contingencias dentro de la cárcel.

La parte de lavado y corte del material lo realizan internos del centro penitenciario de Punta Arenas.

Eso sí, como el trabajo era positivo dentro del penal, la Seremi de Justicia, además de Gendarmería citaron a las creadoras de Puro Viento para coordinar de mejor forma el trabajo. Concretaron un convenio con el Centro de Educación y Trabajo cerrado de la cárcel de hombres –porque no había un símil en la de mujeres– para la limpieza y corte del material. Así entonces, ellas diseñaban y atendían, los internos limpiaban el material y las mujeres confeccionaban en sus hogares.

Por toda esta labor, resultaron ganadoras en el concurso Desafío Emprendedor en 2016, lo que les permitió darse más a conocer y a empoderarse de su trabajo.

Con la pandemia se vio un tanto trastocado su modelo de negocio. Primero, porque era difícil llevarle el material a las mujeres que colaboraban con ellas y a los internos del centro penitenciario. Así tuvieron que retomar el trabajo de los primeros años, y con ello, el rigor de los dolores físicos, las posturas, las manos, el desgaste físico de un trabajo tan repetitivo.

Sin embargo, a partir de esta experiencia vieron una oportunidad de mejora: “Pensamos en cómo mejorar esto para que a las chicas no les sea un sacrificio físico seguir trabajando en la confección. La idea es dar con una solución en la que los productos se puedan armar más fácil y evitar la costura, por ejemplo. Por eso le pedimos ayuda a un amigo diseñador industrial y estamos trabajando con impresiones 3D para que se puedan ensamblar los productos. Nos adjudicamos unos fondos pequeños de Corfo para este proceso y la compra de impresiones, y aunque falta un poco, queremos darle otro giro a Puro Viento y evitar que la confección sea tediosa”, detalla Alejandra Venegas.

Es el próximo ciclo de Puro Viento, un emprendimiento que inventa y reinventa.

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