Crisis en Venezuela: el derrumbe de la industria del libro

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En medio de la hiperinflación, las editoriales han dejado de imprimir. De los grandes grupos editores solo queda Planeta, luego de que Random House y Océano abandonaran el país en 2014. El año pasado cerraron cerca de 80 librerías, y la mayoría de sus autores ha emigrado, como Rodrigo Blanco, Gisela Kozak y Alberto Barrera.


"He aprendido mucho en las colas. Me parece que los expendios de comida son lugares de alto riesgo", apuntó el 2 de diciembre de 2017 la escritora venezolana Ana Teresa Torres (73) en Diario en ruinas. "En el automercado que frecuento cuando llegan productos regulados aparece personal de seguridad, por ahora sin armas", observa Torres, quien aún vive en Caracas y ha hecho de su narrativa una crónica de la vida cotidiana. Muchos de sus pares han salido del país debido a la crisis política y social que vive Venezuela.

"Es un peso muy grande ver desmantelado el país, tantas personas en situaciones inhumanas, tantos amigos lejos. Lo más duro para mí ha sido la fractura de la familia", dice Torres desde Caracas a Culto.

Como muchos de sus coterráneos, la narradora publica sus libros por la editorial uruguaya Alfa, con sede en Venezuela, que lleva más de 60 años en el mercado latinoamericano, pero que desde el año pasado publica solo en edición digital.

Este es uno de los síntomas de la depresión que atraviesa el mundo del libro en ese país, principalmente debido a la hiperinflación de su economía. Hay datos concretos: de los grandes grupos editoriales solo opera editorial Planeta; Random House y Océano dejaron el país en 2014. Otro signo de la crisis fue la suspensión hace dos años de la entrega del tradicional Premio de Novela Rómulo Gallegos.

"Los costos de producción han llevado a los editores a suspender las publicaciones o a reducirlas, y son pocos los lectores con la capacidad de comprar libros por lo elevado de los precios", cuenta Torres, y cree como autora que es "casi imposible que un texto escrito en estos años no refleje directa o indirectamente lo que ocurre en Venezuela".

No solo se han cerrado imprentas en el país, sino también librerías y sitios asociados al gobierno, como el del Centro Nacional del Libro, que entrega cifras sobre los títulos publicados anualmente (ISBN). Hoy ya no funciona. Según cálculos de la Cámara Venezolana del Libro (Cavelibro), la producción y venta ha caído entre el 80 y 90% desde 2015. El precio de los libros locales se disparó de 2.000 a más de 10.000 bolívares (el sueldo mínimo es de 4.500). Y durante 2018 se registró el cierre de 80 librerías en todo el país.

La situación repercute también en el sistema educativo: "Los colegios se están viendo afectados por la falta de material para poder dar clases", dijo en noviembre Ricardo Acevedo, tesorero de Cavelibro. Según él, hoy venden el 10% de los textos escolares que facturaban en 2008.

Además, gran parte de los profesionales del sector, como editores, ilustradores y diseñadores han emigrado a otros países como Colombia, Argentina y Chile.

"Se ha destruido toda la cadena editorial, los libros extranjeros han dejado de llegar porque resultan inaccesibles; la comida y medicina son prioridad", cuenta Patricio Fernández, fundador de The Clinic, quien visitó Caracas hace unas semanas.

"La dimensión de la crisis venezolana es muy grande. Es inevitable que afecte el sector", cuenta Gabriela Ávila, gerenta de administración de Planeta Venezuela. "Han cerrado muchos puntos de venta de las principales cadenas de librerías, así como han cerrado algunas librerías independientes", agrega. Las librerías que subsisten venden textos de segunda mano, artículos de escritorio y juguetes.

"Planeta ha resistido con mucha creatividad y esfuerzo, pero no podemos hablar de 'normalidad' en una dinámica comercial marcada por los controles, la terrible situación económica que supone la hiperinflación", añade Ávila.

El editor y diseñador gráfico Juan Mercerón (35) salió de Caracas rumbo a Chile en 2017. "Sin duda que la crisis ha afectado de manera profunda a la industria editorial en Venezuela, hasta el punto de casi hacerla desaparecer. Un libro ahora en mi país es un producto más que de lujo, es casi imposible de pagar para una gran mayoría", cuenta Mercerón, quien en 2013 fundó la editorial Libros del Fuego.

"Las editoriales estatales como Biblioteca Ayacucho y Monteávila, otrora referencias en la región, ahora son un instrumento más del régimen, es decir, están prácticamente anuladas", dice.

Libros del Fuego sigue funcionando en Venezuela, Colombia y Chile, y su catálogo cuenta con obras de Juan Villoro, Andrés Neuman y Alberto Salcedo Ramos. Ahora acaba de publicar la novela La trayectoria de los aviones en el aire, de la chilena Constanza Ternicier (1985).

Memoria y cultura

La crisis venezolana se ha convertido en un tema insoslayable para sus autores .

La polarización política con la presencia aún de Hugo Chávez en el poder, recorre Patria o muerte (2016, Tusquets Editores), de Alberto Barrera Tyszka (58), que obtuvo el Premio Tusquets de Novela en 2015. El año pasado, Barrera publicó Mujeres que matan (2018, Random House) . Esta fue presentada como "una distopía caribeña", y es el retrato de la precariedad en la que hoy vive la sociedad venezolana, entre la pobreza y la militarización.

"Situé la novela en Venezuela sin decir que es Venezuela. Está la presencia del Alto Mando, con eso quiero decir que el poder está en manos de los militares, en alianza con Nicolás Maduro", dice Barrera, quien vive en México.

A México se trasladó también en 2017 la narradora Gisela Kozak (56). "Después de 25 años como profesora universitaria, con el más alto escalafón, la paga no da para alimentar a una persona", afirma. "Perdí el público de mis libros en Venezuela, dejé atrás a una madre muy mayor, a sobrinos y grandes amigos, mi casa y mi biblioteca", dice la autora de En rojo (2011), y quien colabora para medios como Letras Libres y The New York Times.

Gisela Kozak considera que "es una tragedia mayor para la memoria, cultura y letras venezolanas que sus pensadores y escritores se hayan quedado sin editores profesionales y que el fondo editorial manejado por el Estado no cumpla con la importante función de educar". Para aproximarse a la vida actual en su país, recomienda una antología que ella misma compiló: Siete sellos: crónicas de la Venezuela Revolucionaria (2017).

Hace cuatro años, Rodrigo Blanco Calderón (38) también abandonó su país. Vivió en Francia y hoy reside en Málaga, España. Su primera novela, The Night (2016, Alfaguara), que narra crímenes ocurridos mientras el gobierno decreta cortes eléctricos debido a la crisis, recibió elogios de la crítica y fue traducida al inglés y francés.

"La industria editorial se ha visto severamente golpeada, al igual que cualquier otro rubro productivo, sin excepción. La producción de libros oscila entre el desabastecimiento de materias primas, principalmente papel, hasta la imposibilidad de que una editorial cubra costos de impresión por los precios exorbitantes que impone una economía hiperinflacionaria", afirma Blanco desde España.

Según el novelista, "la debacle del país" está presente en todos lo géneros de la literatura venezolana actual, desde la poesía hasta el teatro y el ensayo. "Como denuncia, como crítica o como inevitable registro de una transformación absoluta: el país en que nacimos, ese país que evolucionó y se transformó en el siglo XX, ya no existe", afirma.

En su caso, la crisis lo empujó a renunciar a su mundo personal: "Dejar a mi familia, perder a mis perros y el contacto directo con mis amigos. Me ha llevado a construir una morada junto con mi esposa, una morada profundamente solitaria, apenas paleada por las redes sociales y las conversaciones de WhatsApp".

El autor de The Night trabaja ya en una nueva novela, sin perder de vista Venezuela: "Supongo que será mi libro sobre el país en el que nací y su apocalipsis".

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