Cómo hacer preguntas

Matías Rivas.

El escepticismo melancólico es el estado anímico que comienza a imperar. Las sospechas de que nos manipulan, de que la información que nos dan es falsa y está inoculada. Los hechos en que se sustenta esta apatía son contundentes: la mentira y el abuso reinan en la boca de los predicadores y de quienes hacen ostentación del poder.



Cada vez escucho a más personas que prefieren ubicarse ante la realidad en un sitio donde nada está claro, donde la duda es lo único posible. Creer en las preguntas más que en las respuestas es lo que se viene imponiendo a nivel ideológico. Un lugar común que corre de boca en boca. El escepticismo melancólico es el estado anímico que comienza a imperar. Las sospechas de que nos manipulan, de que la información que nos dan es falsa y está inoculada. Los hechos en que se sustenta esta apatía son contundentes: la mentira y el abuso reinan en la boca de los predicadores y de quienes hacen ostentación del poder. Ante un posible engaño, entonces, es mejor abstenerse, oscilar en el territorio de la indiferencia, vacilar.

Slavoj Zizek propone una salida a esta situación de estupor: profundizar en la filosofía. Es la disciplina adecuada para tomar distancia y repensar las preguntas, ya que posiblemente estas no tienen respuesta, puesto que están mal ejecutadas. Necesitamos volver a interrogar cuestiones esenciales cuando se diluyen las certezas. Esto que suena abstracto, si nos damos el tiempo de leer, abandona esa condición. No existe mejor manera de indagar lo que sentimos y padecemos que seguir las pesquisas acometidas por los pensadores. Acercarse a textos que examinan los conceptos que nos sustentan es primordial.

Interrogar el lenguaje, sondear la modificación de los significados de los términos es una tarea sofisticada que ayuda a esclarecer lo que vivimos. Giorgio Agamben es un autor cuya capacidad para investigar procede de su afán por descubrir acepciones que alumbran y que no están en el diccionario habitual. El las encuentra en la teología, la historia, la observación del arte, el diálogo y la lectura de poetas antiguos. Es un erudito dispuesto a contestar ciertas preguntas que circulan con sutileza. La estridencia está fuera de su radio de acción.

En su ensayo Sobre lo que podemos no hacer especula sobre la importancia de resistir, que está en nosotros y hay que considerar. Es una potencia que olvidamos. Una defensa política del individuo. Agamben lo sintetiza de forma elocuente: "La idea de que cada uno pueda hacer o ser indistintamente cualquier cosa, la sospecha de que no solo el médico que me examina podría ser mañana un videoartista, sino que incluso el verdugo que me mata ya sea en realidad, como en El proceso, de Kafka, un cantante, no son sino el reflejo de la conciencia de que todos simplemente están plegándose a esa flexibilidad que hoy es la primera cualidad que el mercado exige de cada uno".

Creer que la filosofía es ilegible por su densidad es una justificación para evitar los textos que obligan a concentrarse. Hay filósofos que tienen una prosa nefasta, son tantos como los narradores de novelas despreciables y los malos poetas. La filosofía escrita con estilo es literatura. En muchos casos está cerca de la poesía. El pensamiento crítico que trae distinciones nuevas es fundamental para desbloquear la mente y advertir lo que pasa en la sociedad. Compartir con otro cómo hila su pensamiento es entender el alcance de las ideas, los acercamientos a los temas recónditos. Despejar las apariencias y crear perspectivas, abrir el espectro intelectual es tarea de los filósofos. Sus herramientas son las palabras y la sintaxis que permiten hacer asociaciones inesperadas entre ideas y experiencias, conocimientos e intuiciones.

Leer filosofía, en ocasiones, tranquiliza el ánimo y anula la angustia. También agita los ímpetus y explica pulsiones. Es lo que pasa con Nietzsche: imposible quedar indiferente ante sus escritos. Entregarse intelectualmente es complicado. Implica dar tiempo y suprimir el orgullo a cambio de oír mentalmente elucubraciones, matices y modos de articular explicaciones acerca de aquello que observamos y sentimos. Reconocerse ignorante o equivocado es indecoroso para algunos, pero es básico si la decisión es pensar. Las respuestas y las preguntas que tenemos deben ser constantemente sondeadas y refutadas si queremos conocer el latido de la realidad.

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