Peter Handke: una literatura que rompe el mundo

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Peter Handke, Premio Nobel de Literatura 2019.

El escritor austriaco, que acaba de recibir el Premio Nobel, ha transitado por el teatro, la novela y el ensayo con talento e inteligencia. Un galardón merecidísimo para un autor cuya obra es tan ambiciosa como contundente.




Anoche, un amigo —un poco en broma, un poco en serio— preguntaba si era verdad que Peter Handke estaba vivo. Había entrado a revisar el sitio web donde aparecían las apuestas por el Nobel de Literatura y vio su nombre encumbrado en los primeros lugares. Lo cierto que es nadie supo responder de forma contundente.

Hubo un tiempo, hace no mucho, quizá en los 90, en el que parecía que todo el mundo leía a Handke, o que debía estar leyendo a Handke o que ya lo habían leído —como hubo un tiempo en que todos debían estar leyendo a Thomas Bernhard o a Sebald o a ¿Knausgård?—. Pero ese tiempo era el pasado y Handke desapareció de las conversaciones y se convirtió en un nombre más de esos escritores imprescindibles que provienen de Europa Central, como el mismo Bernhard, o Joseph Roth, o Karl Kraus, o Schnitzler o Canetti o Hermann Broch. O Sebald, ya que estamos.

Pero sí, Handke acaba de ganar el Nobel y, entonces, ya todos sabemos que está vivo, vivísimo, y que ya es hora de volver a leerlo.

Juan Villoro describió de esta forma los primeros años del austriaco: "En los años sesenta, Handke surgió como una especie de Bob Dylan de la literatura alemana. Sus temas no eran ajenos a la contracultura ni a la provocación. La obra de teatro Insultos al público, la novela El miedo del portero al penalty, el libro de poemas El mundo interior del mundo exterior del mundo interior, su traducción de El amigo americano, novela negra de Patricia Highsmith, y los guiones para el cineasta Wim Wenders le dieron la engañosa notoriedad de un enfant terrible que operaba en los límites entre lo culto y lo popular. Su novela Carta breve para un largo adiós, que narra una errancia sin brújula por Estados Unidos, parecía la respuesta europea, adiestrada en el existencialismo, a En el camino, de Jack Kerouac. Sin embargo, las carreteras, el fútbol y el rock adquirían en sus páginas una densidad peculiar".

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Quizá habría que hablar de esa densidad peculiar y decir que la obra de Handke sigue poseyendo esa virtud, y que en estos tiempos de tanta liquidez, no viene mal volver a sus novelas y ensayos. No viene mal que Handke vuelva a la conversación y sus libros, cómo no, tengan una nueva vida. Aunque hay que decir que la editorial Alianza viene publicándolos desde hace un tiempo y que esos libros —una buena parte— efectivamente se consiguen por estos lados. Sobre todo sus novelas Carta breve para un largo adiós y El miedo del portero al penalty, pero también algunos de sus libros más singulares, como Ensayo sobre el cansancio, Lento en la sombra —una recopilación genial de sus textos sobre literatura, arte y cine que publicó Eterna Cadencia— o El peso del mundo, un diario que llevó entre 1975 y 1977, y que apareció en Adriana Hidalgo. O ese libro incómodo que es Preguntando entre lágrimas. Apuntes sobre Yugoslavia bajo las bombas y en torno al Tribunal de La Haya, publicado por Ediciones UDP en 2010, en el que el autor austriaco —nacido en 1942— aborda las guerras balcánicas.

Quizás, entonces, haya dos formas de entrar en el Universo Handke desde nuestro presente: ir a sus novelas más importantes, dejarse envolver por esa prosa que tradujo con muchísimo talento Miguel Sáenz en Carta breve para un largo adiós, por ejemplo, o empezar por sus diarios y subrayar todos esos momentos epifánicos que logra registrar: nimiedades que esconden, en realidad, el peso del mundo. "En este momento soy tan feliz que no puedo leer", escribe. Y días más tarde, agrega: "Literatura: poner al descubierto los lugares todavía no ocupados por el sentido". O comenzar por sus ensayos y descubrir la inteligencia de un escritor que siempre ha buscado dialogar con su tradición y con una figura insoslayable como es la de Walter Benjamin. Ese fantasma recorre una buena parte de los textos que seleccionó Matías Serra Bradford en Lento a la sombra, una recopilación de ensayos en la que Handke se detiene en algunas de sus mayores obsesiones: Kafka, Bernhard, Emmanuel Bove —ese francés maravilloso al que Handke tradujo al alemán—, o sus lúcidas reflexiones sobre cine, o ese texto brillante sobre el pintor alemán Anselm Kiefer.

Hace más de cincuenta años atrás, Handke decía: "Espero de una obra literaria una novedad para mí, algo que, aunque sólo escasamente, produzca un cambio en mí; algo que me vuelva consciente de una todavía no pensada, todavía no consciente posibilidad de la realidad; una nueva posibilidad de mirar, de hablar, de pensar, de existir. Espero de la literatura que rompa todos los aparentemente definitivos conceptos del mundo".

Eso es lo que viene haciendo Handke desde que escribiera sus primeras obras de teatro en los 60 y publicara en 1966 Los avispones, su novela debut: una literatura que rompe el mundo.

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