La revelación en un sueño: la historia de cómo Paul McCartney compuso Let it be

Paul McCartney durante las sesiones de Let it be, en 1969.

El último álbum de los Beatles en ser publicado traía también una de las canciones más conocidas de su catálogo. Inspirado en su madre, fallecida de forma dramática años antes, el bajista compuso el tema como una suerte de catalizador frente a las adversidades que estaba viviendo. En Culto te contamos los entretelones del track.


Paul McCartney no olvidó más esa noche. Hacia fines de 1968, en su casa de Cavendish, Londres, se había ido a la cama con un dejo de angustia, pues estaba viendo impotente cómo las cosas en The Beatles se estaban empezando a desmoronar con una inquietante rapidez. En el sueño, tuvo una visión.

“Vi a mi mamá. Fue algo maravilloso, y ella me tranquilizó mucho. En el sueño, me decía ‘todo saldrá bien’. No estoy seguro de si usó las palabras ‘Let it be’, pero esa era la esencia”, recuerda el bajista en Paul McCartney, la biografía, de Philip Norman (Malpaso, 2017).

Para Paul, volver a ver a su madre no era poca cosa. Ella, la enfermera Mary Mohin, había fallecido el 31 de octubre de 1956, producto de un cáncer de mama (como una cruel ironía del destino, la misma enfermedad que se llevaría a su esposa, Linda, años después).

En 1956, el creador de “Penny Lane” contaba con 14 años y la situación se dio de manera muy dramática y fulminante. El tumor se presentó en el cuerpo de Mary de manera agresiva y con una avanzada metástasis, en un momento en que Paul y su hermano Mike estaban fuera de Liverpool, en un campamento scout.

El padre, Jim, reaccionó rápido. Llevó a su esposa al hospital donde le diagnosticaron la enfermedad. Mary, como una calificada enfermera, sabía que un cáncer de mama equivalía a una sentencia de muerte. Antes de partir rumbo al Northern Hospital de Liverpool para someterse a una masectomía, y pese a los fuertes dolores que sentía, limpió la casa de arriba a abajo y dejó lavada y planchada la ropa de su esposo y sus hijos.

Cuando Paul y su hermano volvieron del campamento, su padre pasó a recogerlos y los llevó al hospital. Jim intentó hacer como si todo anduviera bien. Pero Paul vio sangre en las sábanas de la cama donde estaba su madre y comenzó a sospechar.

La masectomía no pudo realizarse debido a lo extendido del cáncer. Mary, católica como buena descendiente de irlandeses, pidió la extremaunción. Ya no había nada que hacer, salvo esperar el final.

El hecho fue algo que a Paul lo marcó. “La muerte de mi madre cuando yo tenía catorce años fue el gran golpe de mi adolescencia. Murió de cáncer, pero de eso me enteré más tarde, en el momento no supe de qué había muerto”, cuenta Paul en el libro The Beatles Anthology.

Sin embargo, ya desde esa edad, había adoptado la actitud pragmática que lo acompañaría para siempre. “Aquello fue lo peor para mí. Ver llorar a mi papá. Pero, había decidido que no permitiría que me afectara. Seguí adelante. Aprendí a rodearme de un caparazón”, cuenta Paul en la citada biografía de Philip Norman.

Por ello, cuando conoció a John Lennon no solo conectaron por su gusto por el rock ‘n roll, sino que además, el autor de “Strawberry Fields Forever” también perdió a su madre, Julia Stanley, en 1958, atropellada por un policía borracho. Ese hito común fue una especie de cadena que los uniría fuertemente, como una hermandad.

Paul, Ringo y George Harrison durante las sesiones de Let it be. Enero de 1969.

Un catalizador

Al amanecer, y en algo similar como que le había ocurrido cinco años atrás con “Yesterday”, Paul comenzó a trabajar en el tema. Para él, el sueño no solo era una revelación, era un dejo de esperanza.

“Escribí la canción cuando todos esos problemas de negocios comenzaron a abrumarme. Realmente estaba pasando mi ‘hora de oscuridad’ y escribir una canción fue mi forma de exorcizar los fantasmas. Solía acostarme en la cama y preguntarme qué estaba pasando, y me sentía realmente paranoico”, explica el bajista en el libro Los Beatles, en el final, de Sergio Marchi y Fernando Blanco (Planeta, 2019).

Tras la muerte de su manager histórico, Brian Epstein, los Beatles habían creado la empresa (y sello discográfico) Apple, con el fin de manejar su carrera. Sin embargo, lo de Paul fue siempre ser el bajista y pianista de una banda de rock n roll, no un empresario preocupado de los balances. Además, no solo componía, sino que además debía preocuparse de otros artistas que producía –para Apple-, como la cantante Mary Hopkin.

Asimismo, las fuertes tensiones surgidas durante las grabaciones del White álbum, en 1968, habían mellado el espíritu de Paul. John Lennon había tomado con fuerza las riendas del grupo durante esas duras sesiones, y además, había encontrado una nueva pareja, Yoko Ono, quien no solo era una compañera afectiva, sino creativa. Con ello, Paul de a poco comenzó a quedar relegado.

Así, el soñar con su madre fue una especie de catalizador. “Recordarla me hizo muy bien: me dio fuerzas”, añade Paul en el citado libro de Marchi y Blanco.

En rigor, “Let it be” era una frase que usaban sus padres cuando le aconsejaban que no se amargara por alguna insignificante pelea de niño. Suele ser traducida como “Déjalo ser”, pero en rigor, el sentido de la frase es otro. “En los casos en que Paul o Mike querían posponer una tarea aburrida, la respuesta de su padre siempre era ‘DIN’, iniciales de ‘Do it now’ [hazlo ahora]; si se peleaban, él les decía ‘Let it be’, es decir, que lo olvidaran”, señala Philip Norman en la citada biografía.

George Harrison, John Lennon (con el bajo Fender VI) y Paul McCartney durante las sesiones de Let it be. Enero de 1969.

Un himno devoto

Paul comenzó a trabajar la canción junto a los otros Beatles durante las turbulentas sesiones del álbum que en un principio se iba a llamar Get back, en enero de 1969. “Fue tocada varias veces en los estudios Twickenham y también en Apple. El 31 de enero de 1969, se decidieron por la toma 27 de aquel día”, cuentan Marchi y Blanco.

Al escuchar la canción, es imposible no sentir el aire de trascendencia que transmite, que es una especie de himno, y eso no fue al azar. “Paul había trabajado con George Martin…una versión terminada en la que unos acordes de órgano de iglesia se fusionaban con un rock suave sin arruinar la atmósfera de devoción”, cuenta Norman.

La inspiración para darle esa atmósfera de himno devoto vino también de pasado de Paul. En su infancia, había sido parte del coro de la iglesia de St. Barnabas, cerca de Penny Lane. Ahí, estuvo en contacto con los himnos de las ceremonias anglicanas, los cuales le fascinaron. Sobre todo, le encantaban los sonoros acordes de órgano.

“Años más tarde, cuando empezó a componer canciones que resonaron por todo el mundo, muchas veces la gente comentaba que las más serias ‘sonaban como himno’”, señala Norman. “Let it be” fue una de las ocasiones en que el gusto de Paul por la música que escuchó en la iglesia salió a flote. No era para menos dada la especial experiencia que lo motivó a componerla.

En la grabación, el órgano había sido tocado por Billy Preston. Paul tripuló el piano; John Lennon tocó el bajo Fender VI, de seis cuerdas; Ringo en la batería y George en la guitarra solista.

Para completar la grabación, solo faltaba el solo de guitarra. Un ácido Lennon comentó: “¿No deberíamos reírnos durante el solo?”. Más allá del desinterés absoluto del hombre de “Come together”, el solo grabado por Harrison fue pasado por un Leslie y es el que se escucha en la versión del single, lanzado el 6 de marzo de 1970, producido por George Martin y Paul.

Esta grabación es la que se puede escuchar en el compilado The Beatles 1967-1970, y cuenta con Linda McCartney en los coros. La blonda esposa de Paul había realizado la misma labor para el disco solista que Paul había grabado entre enero y febrero de 1970, entonces, el hombre de “Hey Jude” quiso replicar la experiencia.

Sin embargo, no fue el único solo que se grabó. El 4 de enero de 1970, Harrison grabó otro solo, más agresivo y con fuzz, y fue el que utilizó Phil Spector en la versión del álbum.

Pero el huraño productor no solo le metió ese guitarrazo de Harrison, sino que añadió una orquesta que incluía dieciocho violines, y un coro femenino de catorce voces. Una sobreproducción que a Paul –al igual que con “The long and winding road”- le molestó bastante.

Irritado por este -a su juicio- empalagoso arreglo de Spector, es que Paul luchó por editar una versión remasterizada y remezclada del álbum, que respetara su idea original de canciones sencillas. Así, en 2003, se lanzó Let it be…naked.

El single de 1970, con “You know my name como lado B”, alcanzó el número 1 en Estados Unidos y el 2 en Inglaterra. Luego, el 17 de abril de 1970, Paul sacaría su disco solista titulado McCartney y anunciaría su salida de The Beatles. “Mother Mary” tenía razón, las cosas iban a estar mejor.

La portada del single "Let it be / You know my name" en Francia.

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