Pau Donés y la historia de un concierto con Celia Cruz y Pavarotti

Pavarotti & Friends. Foto: Daniele Verturelli

Invitado personalmente por el tenor en 2001, para acudir a su festival en beneficio de los niños afectados por la guerra en Afganistán, Pau Donés viajó hasta Módena para codearse con Deep Purple, Barry White, George Benson y Tom Jones, entre actrices, futbolistas y la alta sociedad italiana, para acabar cantando al cierre junto a la cubana y un sorprendido Luciano Pavarotti.


Acostumbrado a la cruza de estilos entre nombres estelares de la música, el tenor italiano Luciano Pavarotti (1935-2007) mezcló sobre el escenario de su Pavarotti & Friends 2001 la salsa de Celia Cruz (1925-2003) y el rock montuno de Jarabe de Palo.

“¿Quién me iba a decir a mí que un día estaríamos cantando ‘Guantanamera’ en un escenario con doña Celia Cruz y el maestro Luciano Pavarotti? Pues por increíble que parezca, sucedió”, relata el músico Pau Donés (1966-2020) en sus memorias 50 palos… y sigo soñando (Planeta, 2017).

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Celia Cruz

Allí explica que la gala benéfica fue organizada por el tenor en beneficio de la ONG War Child, para ayudar a la población de países en guerra, y en especial a los niños. “¡Cómo no! Organizamos la agenda y, cuando nos confirmaron la fecha del 29 de mayo, viajamos a Módena, ciudad que da nombre al vinagre y en la que nació este tenor en 1935, y muy cerca de la fábrica de Ferrari, en Maranello”, relata el músico.

El grupo aterrizó en Italia por la mañana y una delegación los fue a buscar hasta la misma pista de aterrizaje, con una comitiva que incluía sendos automóviles y guardaespaldas.

“Abro la puerta para subirme al vehículo y ahí ya me cae la primera bronca de mi bodyguard: ‘A partir de ahora la puerta siempre te la abriré yo, y te sentarás detrás de mí, nunca detrás del conductor’. ¡A la orden, jefe, no he hecho la mili, pero por ningún concepto hubiera querido que semejante armario se enfadara conmigo! El chavalote debía medir dos metros y tenía un brazo que fácilmente era como mi pierna, o más. A continuación nos llevaron al recinto donde se celebraba el evento y esperé a que el gigante me abriera la puerta, ¿qué otra cosa podía hacer? Salgo y el ‘armario’ me dice que siempre detrás de él, y que no cruce ninguna puerta si él no la ha cruzado antes. ¡Joder, por un momento pensé que estaba en Medellín, cuando en la época dura de la ciudad íbamos allí de promoción hace veinte años!”, cuenta Pau Donés en su libro.

Luciano Pavarotti

Sorprendido por el nivel de la producción, con camarines, servicios, zonas comunes y cáterin, “¡top de gama, a la americana!”, según el hombre de “La flaca”, como buenos invitados “le habíamos comprado a ill Maestro un par de obsequios por tan generosa invitación: un cajita de seis botellas de Enate Cabernet-Cabernet, un vinazo made in Somontano con el que siempre quedas bien, y un jamón de Guijuelo de aquí te espero, Baldomero”.

La guitarra de jamón ibérico

Esperando el momento de ensayar para la actuación, la banda se situó a esperar su turno en la zona de camarines y, para matar el tiempo, se les ocurrió echar un vistazo a la programación del evento.

El cartel, por así decirlo, encandilaba de solo mirarlo: Deep Purple, Barry White, George Benson y Tom Jones, entre nombres como Morcheeba y Anastacia… “¿Qué? Ojeé bien el programa por si era el de otro festival, pero efectivamente era el cartel para el ‘Pavarotti & Friends’ de ese año. ¡Qué lujo! Al rato nos llamaron al escenario para ensayar la canción que teníamos con Celia Cruz y el Maestro. Subo la escalerilla y me lo encuentro de cara”, narra en su estilo Pau Donés.

Según el músico, la impresión de toparse de frente con el tenor fue muy fuerte.

“El Maestro Pavarotti era de esas personas que cuando te las encuentras te tiran pa’trás, no tanto por su corpulencia como por el porte, la clase, la manera en la que te miraba, en cómo gesticulaba y se movía”, cuenta.

Y recuerda un diálogo entre ambos:

Ciao, “Garabe” —los italianos no pronuncian bien la “j”.

Ciao, Maestro.

E andato bene il viaggio?

Benissimo, Maestro.

“Estaba cagado de miedo, ¿qué iba a decir? Por fortuna llevaba conmigo la caja de vino y el jamón, así que enseguida se lo ofrecí, dándole las gracias por habernos invitado a su evento. Al vino le hizo un caso relativo, aunque seguro que lo disfrutó muchísimo el día que lo abrió, pero cuando vio el jamón… se le iluminaron los ojos”, escribe Pau Donés y revela otro diálogo con el fallecido tenor:

—Le hemos traído un poco de vino, que esperamos que le guste, y también un poquito de prosciutto de España.

Ohhhh! Jamón de Jabugo, il caviale spagnolo. Tante grazzie, caro amico… ¡Ranranrán, ranranrán!

“Lo de ranranrán lo digo porque agarró el jamón como si fuera una guitarra y se puso a rascarlo como si la tocara”, cuenta Donés y pondera: “En Italia se presume mucho del prosciutto, que es como un jamón salado, pero nada que ver con los jamones ibéricos, ¿eh? Su secretario se quedó con la caja de vino, pero il Maestro se llevó el jamón bajo el brazo al escenario y, ‘guitarra’ en mano, ensayamos el ‘Guantanamera’, no sin antes proferir un cariñosísimo saludo a doña Celia Cruz, quien nos esperaba en el escenario apoyada sobre una silla como quien espera el autobús. Porque ese escenario era para impresionar a cualquiera: dos directores de orquesta, uno únicamente para Pavarotti y otro para una orquesta de cuarenta músicos, más un coro de cuarenta personas más; en la parte de abajo nuestros instrumentos para el ensayo de ‘La flaca’; a los lados una PA (sistema de sonorización del concierto) gigante, luces, escenografía…

Recuerdo acabar el ensayo y a pie de escenario saludar a Morcheeba, ir al bar a buscar un refresco y encontrarme a George Benson conversando con Jordi Mena (guitarrista de Jarabe durante diez años) y, al rato, en el camerino de Celia Cruz, oír cómo llamaban a la puerta y detrás de dos megagorilas aparecía una mujer rubia de poca altura, de nombre Anastacia, que, al ver a la Señora, saludó con gran admiración”.

Guantanamera

Al día siguiente todo estaba preparado. El recinto era enorme y se llenó hasta la bandera. “Antes del concierto se pasearon por el backstage gran cantidad de invitados que después vendrían a la cena benéfica: Donatella Versace, Giorgio Armani, Zuccaro, Berlusconi, actores, futbolistas, presentadores de televisión… y la que fue la mujer más admirada y venerada por la mayoría de los varones de mi generación en la adolescencia, Ornella Mutti, bella entre las bellas, por la cual casi llegamos tarde a la cena. Basta decir que cuando la vio Jordi se quedó como paralizado. Recuerdo que permaneció totalmente noqueado, tanto que al presentarse le dijo: ‘Hola, soy Jordi Mena, bajista de Jarabe de Palo’. ¡Ja, ja, ja!, todavía me río hasta ahora al recordarlo. Y es que para nosotros la Mutti había sido un icono, como también lo fue la cantante Jeanette, a la cual también tuvimos la suerte de conocer en otra ocasión”, relata el músico.

Luego sigue: “La cena resultó muy entretenida, toda la créme de la créme italiana reunida en un evento para recaudar fondos para los niños de Afganistán. Creo no haber visto nunca tanto glamour junto. Al término del acto nos fuimos a despedir del Maestro, que estaba en una mesa enorme, en el centro del comedor, cual rey presidiendo un banquete. Le di la mano y las gracias por tan estupenda estancia en su festival. Él, sentado en su trono, me tira del brazo suavemente, se me acerca a la oreja y me dice: ‘Grazzie per venire, grazzie di cuore per la vostra musica, y especialmente grazzie per il jamón de Jabugo, mi é piaciuto da morire’”.

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