Hugo Forno: “Soy un tipo de muy mala memoria, estoy escribiendo para no olvidar”

Hugo Forno

El también director de programación de IARC acaba de publicar la novela La historia no era así, via Alquimia Ediciones. En ella mezcla tres relatos, el de la lucha de un niño partisano contra la ocupación nazi, el de la vida de su padre, y el suyo propio, con la característica de que todos comparten el mismo nombre: Hugo Forno. ¿Cómo fue aproximarse a esta singular aventura literaria? A continuación lo cuenta para Culto.



Fue una casualidad digna de una película la que inspiró a Hugo Forno (1970) para comenzar a trabajar en última novela, La historia no era así (Alquimia Ediciones, 2020).

Como una especie de doppelgänger venido desde el pasado, Hugo rescató la historia de un niño italiano llamado Ugo Forno, de 12 años, quien fue un partisano (es decir, un guerrillero de la resistencia italiana) abatido por los nazis cuando intentaba defender un puente de su natal Roma ante la retirada de las tropas alemanas de la ciudad, en 1944.

“Es una historia que la conocía hace como 20 años. De alguna forma, siempre estuvo como telón de fondo –cuenta Forno a Culto vía Hangouts– “. Y señala que el tema de la guerra es un tópico que le interesa. “En mi novela anterior, Yayo (Lolita Editores, 2018) hay varios temas que se cruzan con esta. Mi abuelo peleó en la guerra civil española y en la segunda guerra mundial por parte de los nazis. Eso por parte de mi familia española”.

Cuando terminó Yayo, inmediatamente supo que tenía que tributar a la otra parte de su familia, la italiana. Así, rescató esta historia curiosa del partisano (“que no es pariente nuestro”, aclara Hugo) y se le ocurrió mezclarla con otras dos historias, la de su padre y la de él mismo, ambos llamados Hugo Forno.

Así, se configuró una novela donde conviven tres personajes con el mismo nombre. Cada uno con su respectiva historia, alternando entre el narrador personaje y un narrador externo.

“Encontré como raro hacer una historia con el mismo nombre del autor, que el papá se llamara igual, y el personaje del partisano que los une de alguna forma”, cuenta Hugo.

-¿No temes a que se diga que es demasiado autorreferente que los 3 personajes principales se llamen como tu?

-Sí…o sea alguien podría decir “puta el ego grande del autor”, pero la verdad es que son los temas que me interesan. Creo que no es gratuito lo que hice, había una intención literaria de unir la historia de este héroe cabro chico con la de mi viejo y la mía. Aunque en realidad, no me preocupa mucho.

Forno está fumando un cigarrillo mientras habla. Bota unas colillas y agrega: “El 80% de la literatura está basada en cosas que uno vive. Podría escribir una novela sobre África, pero ahí no hay ningún lazo que me incentive a hacerlo”.

“Igual, Ugo Forno es como un héroe bien menor ¿ah?, no es que sea un tipo importante en Roma. Le hicieron una plaza, pero es bien pequeña”, se apresura en aclarar Hugo. “Busqué información en internet sobre él, todo en italiano por supuesto, y ahí mi viejo me ayudó. Es decir, no solo lo ocupé como personaje, sino también como traductor” (ríe).

-¿Y hay alguna biografía de este niño héroe?

-Hay un libro que se llama El chico del puente, o El niño de puente, algo así, que es la biografía de este famoso Ugo Forno. No lo pude encontrar nunca. Primero fue una decepción no pillarlo, pero después pensé: “Bueno, me da más libertad de jugar con su historia”. Si bien la información que encontré sobre él en internet está en el libro, tuve que meter parte de ficción también. Sus sueños, sus pensamientos.

Hugo agrega que otro interés que lo movió para escribir esta novela fue la memoria. El hecho de poder contar los recuerdos familiares. “Yo soy un tipo de muy mala memoria, estoy escribiendo para no olvidar, eso es lo que me tiene más entusiasmado”, cuenta.

“Igual, yo a veces me pregunto ¿a quién le interesa la historia de mi familia pos hueón? Pero tengo una familia que tiene historias bastante literarias. El tema de participar en una guerra, de la inmigración. Puta, fue gente que en los años 20 agarraron sus maletas y se fueron al fin del mundo, me parece de unos cojones absolutos, ¡cosa que yo no haría, por supuesto!”, añade Forno.

-Llama la atención lo mucho que aparece Italia en la novela, casi como un personaje más…

-Es curioso porque la familia de mi mamá es española, la de mi viejo, italiana. Aunque yo no hablo italiano, lo entiendo sí. Pero ponte tu –y tal como sale en la novela–, para mí, ir a Quilpué era como ir a Italia. Era el núcleo de la familia italiana, se hablaba italiano, la comida era italiana, mi Nono italiano. Había una suerte de competencia, porque la parte española quería que yo fuese más español, y los italianos, más italiano, ¡y nacido y viviendo en Chile pos hueón!

Entrecruzando una novela

Hugo se demoró cerca de dos años en la escritura de la La historia no era así, entremedio de sus actividades principales como director de programación de Iberoamericana Radio Chile. Principalmente, escribía en sus ratos libres, pero todo cambió cuando se le acercó Guido Arroyo, director de Alquimia Ediciones.

“A él le gustó mucho mi novela Yayo, y cuando me pide que le muestre lo que llevaba, que fue el año pasado, ahí ya me puse a escribir de forma intensa”, cuenta Forno.

Al leerla, el lector se da cuenta que las tres historias: la del partisano Ugo Forno, la de Hugo Forno padre, y Hugo Forno hijo, van entrecruzadas. Curiosamente, esta no es la estructura que pensó originalmente el autor.

“A Guido le presenté un manuscrito bastante pobre, de unas 60 páginas, y la segunda entrega que le hice fue una novela bastante tosca. Guido fue fundamental, él me dijo que tenía que entrelazar las historias, él fue el pillo. Yo la tenía de otra forma: primero la historia del partisano, luego la historia de mi viejo, y al final la mía”, relata Forno.

-¿Tenías miedo de que la novela no se entendiera debido a la estructura entrelazada?

-Sí, fue lo que más me fijé. Te diría que eso fue a lo que más le puse trabajo. Tanta fecha, tanto nombre, Forno para allá, Forno para acá, y era el temor que tenía cuando la mostraba para los primeros cometarios. Y la verdad es que hasta la fecha nadie me ha dicho “oye la hueá complicada”. Al parecer, se resolvió bien.

-¿Qué fue lo más complicado al momento de escribir esta novela?

-Bueno, para mí escribir es difícil, no es fácil. Lo más fácil fue la historia del partisano Ugo Forno, que de alguna forma ya estaba escrita. El tema padre-hijo fue lo que más me costó, porque, aunque es ficción, vas jugando con tu recuerdo de pendejo, y te va alimentando y a veces dañando. Esa fue la parte más ruda.

Hugo toma un respiro, prende otro cigarro. Tras la respectiva bocanada añade otra cosa.

“La parte de mi viejo también me costó. Lo de los fantasmas, resolver esas cosas, porque ahí ya me estaba metiendo en ficción-ficción. Como yo no estaba muy acostumbrado a eso, fue bastante demoroso”.

-¿Tu viejo ya la leyó?

-¡No, no se la he podido mandar! Tengo puras ganas de que la lea. Claro, lo típico, me va a decir “Oye, yo no soy así” (ríe). Pero la ficción supera la realidad, y eso me pasó con Yayo también.

-¿Y tu viejo es muy distinto a cómo lo retratas en la novela?

-No, no es tan distinto. Es un tipo calmado, tranquilo. Hay cosas que son bastante fieles, partiendo de su hobby, que es armar aviones. Efectivamente lo hace. Es un tema que me trató de meter de cabro chico, pero nunca lo soporté, no tenía la paciencia de él.

Incluso, cuenta una anécdota. “Una vez se vino a quedar a mi casa, y me anduvo sapeando el manuscrito, le encontré unas correcciones. Me dijo, ‘oye, esto no fue así, fue en tal año’”.

“Mejor lector que novelista”

Es inevitable preguntarle a Hugo sobre su camino como escritor, sobre todo pensando en que no es alguien que venga 100% del mundo literario. Más bien lo suyo han sido los medios, estuvo en Rolling Stone Chile, fue uno de los fundadores de la extinta Radio Uno y ya mencionamos su relación actual con Iberoamericana Radio Chile.

-Háblame un poco de ti en tu formación como escritor. Autores que te hayan influenciado.

-Puta, diría que soy mejor lector que novelista. Leo harto. Tengo una biblioteca grande, aunque son más los libros que no he leído que los que he leído (ríe). Me gusta de todo. Gay Talese me gusta mucho, tiene esa cosa italiana neoyorkina. De pendejo, como todo veinteañero, el primero que me movió heavy fue Jack Kerouac. Ahí sentí el movimiento beatnik...

-¿En el camino?

-¡Claro! Y de ahí me volví un fanático de Kerouac, me compré todos los libros, los poemas, etc. De ahí salté a Ginsberg y me creí poeta. Esa fue la primera influencia. Ahora, no diría que tengo un escritor favorito. Karl Ove Knausgård me lo devoré, su saga Mi lucha me encantó. De los chilenos, me gusta Álvaro Bisama. Una vez escribí una reseña en la Rolling Stone de su libro Postales urbanas (Aguilar, 2006), ¡y de ahí nos hicimos amigos! Bolaño también me gusta mucho.

-¿Has tomado algún taller literario?

-Pasé por un uno de poesía con la Teresa Calderón. De narrativa, el único que he hecho fue con la Andrea Jeftanovic. Súper buen taller. De ahí preparé el proyecto Jíbaro (Chancacazo, 2012), que fue el libro de cuentos que publiqué. Yo soy súper fan de los talleres, siempre los recomiendo, te dan metodología y lecturas que te ayudan bastante a trabajar tu libro.

-Has publicado libros de cuentos y poesía, pero mayormente novelas, ¿es en el formato donde te sientes más cómodo?

-¡Sí! Mucho más. La otra vez estaba pensando en volver a los cuentos, pero me compliqué entero. Aunque yo escribo cuentos cortos, son microcuentos. Esto partió porque yo fui dos veces finalista de Santiago en 100 palabras, me las di de escritor, digamos. Entonces, cuando decidí pasar de los microcuentos a la novela me daba pánico, pero ya tengo dos libros, no me muevo de acá.

-¿Ya tienes pensado un próximo libro?

-En eso estoy. Tengo unas 20 páginas de algo, que aún no se muy bien qué es. Yo soy fan de las buenas y las malas series de asesinos en serie. Esas basuras que da Netflix que son todas iguales. Ahí hay un tema que me interesa, y quiero mezclarlo –no se cómo– con la música. Tengo una relación fuerte con la música, no con la de ahora, sino la mal llamada “Música AM” que le dicen. Entonces, quiero mezclar a Camilo Sesto con asesinatos en serie.

La historia no fue así, ya está disponible en librerías y por venta directa vía Alquimia Ediciones a través de sus redes sociales, con despacho gratuito para la región metropolitana.

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