Mario Toral: “El estallido social nos hizo abrir los ojos”

Mario Toral

En medio de la cuarentena, el artista habla sobre el momento actual y los proyectos que está desarrollando para mostrar en 2021.



Durante los últimos meses Mario Toral (86) ha pasado la cuarentena en su parcela donde además está su taller. Consultado sobre cómo ha vivido la pandemia, sus proyectos y la crisis social que vive el país, a continuación el artista reflexiona y adelanta algunos de los proyectos en los que se encuentra trabajando.

Lo que el viento se llevó

Dos acontecimientos han caído sobre nuestro país al mismo tiempo. Se levantó un manto de oropeles y armiños y por debajo apareció un país en calzoncillos lleno de agujeros. Adiós a las frases bonitas que comenzamos a creer que eran verdaderas. “Somos los jaguares de América, pronto estaremos al nivel de alejarnos de ser un país tercermundista como el resto de América, somos una democracia ejemplar”.

Y con el pecho inflado nuestros mandatarios se paseaban por Europa y EEUU, por supuesto en primera clase, celebrando este futuro glamoroso, pero inexistente.

El estallido social nos hizo abrir los ojos. Vimos el clasismo de la sociedad, el racismo hereditario, las tremebundas diferencias económicas, las faltas de oportunidades, la pobreza cruda. El camino cerrado a causa de estas carencias a los beneficios de la cultura como la música el arte la poesía.

Y vino la pandemia y la televisión mostró inexorablemente, sin discursos acomodaticios la verdadera realidad. Aparecen hogares donde una familia de padre, madre, hijos, tal vez un allegado conviven en un espacio de 25 m2. La ollas comunes, la visión de ver como salía el vapor de las ropas húmedas secándolas en un anafe y vistiéndolas de nuevo aunque no estuvieran secas. Se acabaron las latas de atún en conserva, las toallas novas, los tallarines de estas canastas limosneras. Y los ancianos desdentados esperando la muerte en mansedumbre.

Sin embargo

Sin embargo, al pasado pecho. Tocamos fondo y ahora es el momento de reflexiones y de proyectarnos hacia el futuro de nuestro país. La gente no quiere gestos aislados y caritativos, quiere justicia y por ello lucharán, por tener derechos.

Tal vez yo no sea la persona adecuada para dar consejos pero mirando mi profesión y viendo la realidad cotidiana, antes de entregar la cultura debe existir un caldo saciado de las carencias elementales como el hambre, la salud, y la educación. Siempre estará en mi recuerdo el texto de Albert Camus en el libro La peste, en el cual un escritor pasa los días y noches corrigiendo gramáticamente su texto mientras pasan a través de su ventana infectados o ya muertos cuerpos en una carretilla. Su misión era la perfección, la armonía, la belleza y orden de las palabras.

Qué hago yo viviendo la cuarentena

Sufro ante estos dos episodios y mi carpeta es incierta ante la situación que vivimos, pero no abandono los propósitos que se van a concretizar ojalá en un futuro próximo. Ellos son una gran exposición con cerca de 65 obras en la Universidad Autónoma de Santiago, la edición de un libro y una muestra de acuarelas representando 50 años después, desde 1970 al 2020, interviniéndolas. Se trata del libro de Pablo Neruda 20 Poemas de Amor. Estoy trabajando en algo que nunca había hecho antes que son esculturas que serán vaciadas en bronce. Estamos pensando con una institución cultural, en un Museo sobre los murales de la región del Biobío y experiencias mías, todo esto en Lota.

No tengo celular, sólo se abrir el computador para ver si llegó un mensaje el cual no sabré contestar. Y no quiero aprender aunque pierdo mucho tiempo pero no confío en el tecnicismo ni le veleidad de las cosas modernas.

Vivo en un aislamiento productivo observando cosas aparentemente inútiles, por ejemplo cómo crecen tan rápido los tallos verdes de las varas de San José en mi parcela y tengo la intención de venir de noche en secreto o disfrazado y descubrir su modo de crecer.

Don Abrahan era mi jardinero y cuando le quise pedir que hiciera un determinado trabajo se molestó y me dijo lo siguiente: “Don Mario, por favor no me moleste que estoy hablando con Dios”.

En esta forzada reclusión ha disminuido la vida social y la pérdida de tiempo en tonterías. Estoy leyendo y releyendo textos como de Stevenson, Sandor Mária, George Orwel, TinTin, Gerald Brenan.

Me he puesto límites a la abundancia de materiales y por varios meses sólo he trabajado con carboncillo y tinta china. Menos es más.

Amigas y amigos me han alimentado material y espiritualmente, soy un convencido que la amistad y el amor es lo que debe encausar la energía de la vida.

Futuro con signos de interrogación

En la historia de la humanidad ha habido pandemias peores que la que estamos viviendo, no hemos cuidado a la madre tierra, las florestas de antaño se convierten en pellets, por el calor y la evaporación los océanos se contraen y los ríos disminuyen sus caudales, miles y miles de animales e insectos ya se han extinguido. El Diluvio Universal narrado en nuestro libro sagrado muestra no sólo la extinción de la humanidad y sus animales, sino también la Barca que anuncia la recuperación.

Pero este hombrecito bípedo ha registrado todo en su memoria y con optimismo y buen oído escuchemos lo que las tragedias inspiran. Como dice la frase de Las mil y una noches no se puede olvidar lo que fue escrito con un alfiler en el globo del ojo.

Ahora o nunca

En las páginas autobiográficas que estoy escribiendo, que también podría llamar memorias, recuerdos o justificación de haber vivido y seguir viviendo, creo que la extensión mas grande es la parte referida a mi niñez, el barrio, y los sueños. Después es el viaje cuando a los 16 años dejé el colegio inconcluso y narro en detalle a ese niño caminando con una maleta casi de madrugada hacia la Estación Mapocho, yendo a donde no sabia con una intención tan nublada que el derrotero estaba demasiado lejos de sus manos como para sentir sus dedos.

He vivido una larga vida, pero siempre creo que nací ayer, por lo tanto soy muy joven y abierto para recibir lo nuevo. Mi contribución no es un granito de arena sino una semilla que quiero plantar y que crezca. El destino me regaló vivir entre pobres y ricos, entre los que tienen todo y los que tienen nada. Quiero pertenecer a la estirpe de los que no creen en las cosas materiales, pues, al final las cosas nos odian por que no tienen alma y así se auto inmola el consumismo.

No hablo de mi vida profesional porque está en los catálogos.

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