Creatividad y euforia: rescatan el legado cultural de la Unidad Popular

Realización audiovisual 40 Medidas de un metro, de Camila Ramírez Gajardo, parte de la serie Visiones Retrospectivas del proyecto 50 Años/ La Cultura en la Unidad Popular. Foto: Camila Ramírez.

Más de 70 profesionales, entre artistas, intelectuales y especialistas, construyeron una plataforma que reúne testimonios en primera persona, piezas audiovisuales inspiradas en las Primeras 40 Medidas de Salvador Allende y versiones actuales de las canciones emblemáticas del período. La iniciativa es del Centro para las Humanidades de la Universidad Diego Portales.



Al cumplirse 50 años desde que Salvador Allende asumió la Presidencia de la República, el Centro para las Humanidades de la Universidad Diego Portales (UDP) estrena en línea este 4 de noviembre una plataforma que registra y reinterpreta el legado cultural y artístico de la Unidad Popular.

La columna vertebral es una serie de 33 entrevistas con figuras que protagonizaron distintos frentes artísticos en los mil días de ese gobierno. El proyecto “50 años/La Cultura en la Unidad Popular”, además, incluye dos conjuntos de cápsulas. En “Banda Sonora”, seis cantautores reinterpretan canciones emblemáticas del período en el GAM, y “Visiones Retrospectivas” consiste en siete realizaciones audiovisuales inspiradas en las 40 Primeras Medidas de Allende.

Avanzaremos hasta la palabra fin, de Gonzalo Aguirre, es un inquietante collage de archivos de época, que han sido enmudecidos y contrastan con paisajes musicalizados. Foto: Gonzalo Aguirre.

“Nos propusimos saldar una deuda histórica con la cultura de ese período, que en general es contado desde la perspectiva de la política o de la historia social”, explica Manuel Vicuña, director del Centro para las Humanidades de la UDP y del proyecto, que tuvo la conducción artística de Camilo Yáñez.

“Esta época, siempre se cuenta ensombrecida por la tragedia que significó el Golpe, y eso supone dejar de lado la euforia que se vivió en las calles, pero también la euforia que vivieron los creadores, que en su inmensa mayoría estaban comprometidos con el proceso de transformación socialista”, agrega el historiador.

“Yo me acuerdo de esa época con una alegría desbordante”, dice por ejemplo el dramaturgo Ariel Dorfman, en su entrevista. “La alegría de resaltar la creatividad popular de la gente”, continúa.

“Nos llamó la atención la euforia por estar participando de algo colectivo y que era algo absolutamente increíble. La sensación también, de que había que sacar adelante a como dé lugar algo que desde muy temprano se advirtió como casi condenado al fracaso y, aun así, persistía esa especie de energía individual y colectiva muy potente”, destaca Manuel Vicuña.

El historiador aclara uno de los focos del proyecto: “También nos interesaba mostrar este ámbito de la cultura que siempre es disruptivo, porque los creadores pueden estar comprometidos y pueden incluso militar en un partido, pero no se van a cuadrar con la autoridad. Eso es lo interesante de la dimensión cultural de la Unidad Popular, que no es un mundo de gente que sigue órdenes, es un mundo de gente que de alguna manera se entrega a sus impulsos y sus convicciones”.

Todos estos contenidos están en centroparalashumanidades.udp.cl. Entre los entrevistados están el arquitecto Miguel Lawner, coordinador de la épica construcción en sólo 275 días del edificio de la Unctad; Guillermo Núñez, director del MAC en la época; el cineasta Miguel Littin, entonces presidente de Chilefilms, y el sociólogo Manuel Antonio Garretón, director del Centro de Estudios de la Realidad Nacional (CEREN) hasta su disolución, en 1973.

Se suman, entre otros, Eduardo Carrasco, de Quilapayún, y Horacio Salinas, de Inti Illimani, el muralista Alejandro “Mono” González, estrecho colaborador de la Brigada Ramona Parra; Eduardo Martínez Bonati, Claudio Di Girolamo y Gaspar Galaz.

En algunas áreas, se incorporan testigos que eran muy jóvenes en la época, como Diamela Eltit o Soledad Bianchi, y también especialistas en temas puntuales, como Pía Montalva, en diseño y moda, y Eden Medina, en el vanguardista proyecto cibernético Synco.

“Hubo muchas personas que no pudimos entrevistar, desde gente que perdió la memoria hasta personas que decidieron tener computador sin cámara por miedo a ser espiados. La pandemia nos dio la posibilidad de hacer esto, a través de Zoom, lo que le da una marca de época. Uno lo va a ver en el futuro y va a decir ‘Ésta es la época del Covid’”, apunta Vicuña.

“La negación y la violencia contra la realidad de lo que fue la Unidad Popular, continúa en Chile”

Las entrevistas tienen una duración de 20 a 25 minutos y en muchas ocasiones logran verdaderas revelaciones, tanto en lo personal, como en lo artístico. Es el caso de Cecilia Vicuña: en su diálogo con Camilo Yáñez. Confiesa que se emociona “indescriptiblemente” al hablar de la Unidad Popular, y recuerda la visita de Fidel Castro a Chile. "Había una especie de relación erótica, de sentir la revolución y la pasión por la justicia como algo potente, no un deber, sino una delicia”, dice.

La artista cuenta también una “historia muy chilena” y revela por qué terminó cubriendo la pierna, que había pintado desnuda, en un retrato suyo de Salvador Allende y Fidel Castro, dándose la mano en una suerte de danza, enmarcados por flores. “En Chile se hizo algo que nunca jamás se había hecho y que nunca más se ha vuelto a hacer, que es una revolución democrática dentro del marco de la ley y sin persecución a la oposición, sin violencia, por eso fue una luz en el planeta entero”, dice.

Cecilia Vicuña, en su taller. En la entrevista, recuerda cuando Nemesio Antúnez dijo en una radio que ella hacía ate conceptual. "Yo lo escuché y pensé qué es eso", dice. "Era el zeitgeist de la época", asegura. Foto: UDP.

Cuando llegó becada a Londres, en 1971, recuerda la artista, no le tomó “más que unos poquitos días de que toda la esperanza de la intelectualidad europea estaba enfocada en Chile como la esperanza del planeta”. Cecilia Vicuña es enfática. “El único lugar donde esa perspectiva es invisible es en Chile porque la negación y la violencia contra la historia, contra la realidad de lo que fue la Unidad Popular, continúa”, concluye, visiblemente emocionada, antes de pedir cortar.

Horacio Salinas, por su parte, reconoce que “el encanto de militar estaba en que era un mundo de mucha libertad”, y que por lo mismo nunca tuvieron efectos las críticas que les hacían a Inti Illimani por “tocar muchas cosas instrumentales”. Entrevistado por Marisol García, dice que “independiente del PIB, de la caída que hubo, el valor está en la entrega total con que todos participamos en una cosa que era aparentemente impracticable, pero hoy día vemos que tiene un valor enorme”.

Camilo Salinas y Elizabeth Morris interpretan El amor, de Luis Advis. La grabación se realizó en el GAM. Foto: UDP.

Las miradas de estos músicos históricos se contraponen a la serie “Banda Sonora”, que fue grabada en el GAM. Participan Miguel Conejeros, Tan Levine, Camilo Salinas y Elizabeth Morris, estos dos últimos, con una estremecedora versión de El amor, canción de Luis Advis con texto de Violeta Parra. Asimismo, Fernando Milagros e Isidora O’Ryan ofrecen una relectura de Vamos Mujer, también de Luis Advis.

“Ni las balas, ni las dictaduras, ni la muerte son superiores al poder cultural de una sociedad completa”

Camilo Yáñez asegura que la Unidad Popular fue “un momento de múltiples formas culturales, de alta experimentación, de riesgo y audacia institucional. Lo que uno percibe fuertemente en cada entrevista es el nivel de conciencia del rol que cada uno debía jugar. Todos hablan de un compromiso, más que con un gobierno, con la gente, con el pueblo, con la historia cultural del país. En cada testimonio hay una sensación de emergencia, pasión y esperanza realmente emocionante”.

El curador destaca que las Primeras 40 medidas de la Unidad Popular son “un manifiesto, analogable a cualquier manifiesto de arte; son una declaración de principios fuertes y utópicos”. En su propia génesis, por lo mismo, tomaron formas artísticas: el disco Canto al Programa, que grabó Inti Illimani, en la forma de cantata, con textos de Julio Rojas y música de Luis Advis y Sergio Ortega, y la exposición sobre las 40 medidas que organizó Guillermo Núñez en el MAC.

Es por ello que convocaron a ocho artistas visuales y cineastas a repensar ese corpus, en la serie “Visiones Retrospectivas”, que reúne realizaciones de entre 4 y 10 minutos de Magdalena Carrasco, Rafael Guendelman Hales, Carolina Saquel, Sergio Castro San Martín y Marco Martínez Farías, entre otros. El conjunto es polifónico y rico en lenguajes.

Cristián Sánchez, por ejemplo, adopta en Encargo para Chile un punto de vista autobiográfico, y Camila Ramírez Gajardo, en 40 medidas de un metro, trababa con pureza conceptual: recorta con una tijera la franja roja de una banda presidencial. Se destaca la belleza poética de Avanzaremos hasta la palabra fin, de Gonzalo Aguirre, un inquietante collage de archivos de época, que han sido enmudecidos y contrastan con paisajes musicalizados.

En Encargo para Chile, Cristián Sánchez articula archivos fotográficos y de video, locuciones y sonidos ambientes. Foto: Cristián Sánchez.

“El resultado es sugerente e interesante, pues es posible detectar que las aspiraciones culturales de la Unidad Popular están en la ADN de cada artista invitado y que la historia del país inevitablemente pasa por la suma de las biografías de todos. Las piezas de video logran amplificar, sensiblemente, el sentido de lo sucedido en la UP”, apunta Camilo Yáñez.

A su juicio, más que un momento político, la Unidad Popular fue “un hito cultural sin precedentes”. Y lo explica: “La potencia cultural que se logró en se momento llega hasta hoy y lo vemos cuando en medio de las manifestaciones del 18 de octubre se escucha El Derecho de Vivir en Paz, cuando uno ve la UNCTAD III convertida en un centro de arte como el GAM, o si uno va la Granja y ve el mural de Roberto Matta y la Brigada Ramona Parra, recuperado por la comunidad, o el Museo de la Solidaridad Salvador Allende”.

Cuando hoy alguien escucha un disco de la época, o lee un libro de editorial Quimantú, asegura Yáñez, “se da cuenta que ni las balas, ni las dictaduras, ni la muerte son superiores al poder cultural de una sociedad completa”.

“Queríamos rescatar la erupción volcánica de creatividad que hubo en la Unidad Popular”

La plataforma del Centro para las Humanidades de la UDP se mantendrá indefinidamente en línea, y con acceso gratuito, según indica Manuel Vicuña. "Éste es un archivo abierto, la idea es que sea de consulta, y es el primero de varios proyectos, queremos hacer análogo a esto todos los años”, anuncia.

En el proyecto actual participaron más de 70 personas. “Terminó siendo un esfuerzo de colaboración muy amplio y hay mucha gente que se sumó con total entusiasmo, cuestión que yo creo que no hubiera ocurrido si el proyecto se hubiera llamado ‘La cultura del gremialismo en dictadura’”, ríe el historiador.

¿Qué destacaría de las entrevistas? ¿Algo que le conmovió o que le sorprendió?

Diría que, si bien uno divide las artes por áreas, música, artes visuales, y así, los vasos comunicantes entre unas y otras son muy fuertes, y ese espíritu colaborativo es muy propio de la época. Hay cineastas, por ejemplo, que no quieren firmar sus películas, porque la consideran una obra hecha a varias manos. No había compartimientos estancos, sino un mundo fluido en donde todos estaban participando del mismo baile. Y lo otro que me llamó la atención es la potencia de los proyectos institucionales; está el edificio de la Unctad, construido en 275 días, totalmente contra el tiempo, y en donde por primera vez conversan de manera muy fluida arquitectura, diseño, artes visuales y artes populares. Quimantú también es alucinante; no estaba en el programa, pero tempranamente fue adoptado por el gobierno y logró un grado de democratización de la cultura nunca antes visto. Entre 1971 y 1973 vendieron casi 12 millones de ejemplares. En varios testimonios aparece que era una época en que, por una parte uno veía a todo el mundo debatiendo y en donde los obreros efectivamente se tomaron la palabra, y por otra parte, se veía a todo el mundo leyendo, en cualquier lado. La gente andaba con un libro en la mano y esos libros eran de Quimantú.

Con este ejercicio de registro, ¿no queda un gusto amargo, por la sensación de pérdida cultural?

Sí, pero yo me propuse algo con este proyecto. Este período siempre lo miramos bajo el prisma del Golpe de Estado, y eso hace que todo cobre el color de la tragedia. Nosotros queríamos mostrar la euforia. Por supuesto que todo este mundo se acabó el 11 de septiembre, y en muchas ocasiones ya no hubo vuelta atrás, pero queríamos rescatar esa erupción volcánica de creatividad, y eso suponía que en el Golpe no se robara la película, aun cuando todos sabemos que está presente y siempre va a ser una realidad ominosa que se anda colando por todos lados.

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