Las superproducciones son para la gran pantalla

ESPECIAL 70 AÑOS LT: VERDADES QUE YA NO SON

Mulan (Jasin Boland/Disney via AP)

Game of thrones inició una revolución que desembocó en que las grandes franquicias de Hollywood –los blockbusters que han reinado en las últimas décadas, desde Star Wars hasta Marvel– saltaran a las series. Netflix ha intentado lo propio reclutando a estrellas como Charlize Theron y Ryan Reynolds en grandes producciones que, en otra época, habrían tenido como único destino la oscuridad de una sala de cine.



Cuando Disney+ lanzó hace un año la serie The Mandalorian en Estados Unidos no sólo estaba abriendo una nueva era de la marca Star Wars bajo propiedad del ratón Mickey. También estaba inaugurando una nueva posibilidad para las grandes franquicias de Hollywood: la TV como una vía tanto o más válida que la pantalla grande para contar nuevas historias y dar rienda suelta a su despliegue tecnológico.

Un hito que en el caso de la trama liderada por Pedro Pascal se instaló por las propias bondades de la producción, pero también porque vino seguido del sabor agridulce que dejó el estreno en salas de El ascenso de Skywalker; tras el deslavado cierre de la última trilogía de la saga que revolucionó Hollywood, todas las miradas estuvieron aún más concentradas en la historia acerca del cazarrecompensas y Baby Yoda, cuya primer ciclo habría costado cerca de US$ 100 millones y deslumbró tanto con sus virtudes narrativas como con el debut de StageCraft, una nueva tecnología que facilita y mejora el trabajo de efectos visuales.

WandaVision llega el 15 de enero el streaming. Foto: Disney

Más cara será la serie que prepara Amazon Prime Video sobre El señor de los anillos (US$ 250 millones sólo corresponden a los derechos de los libros), y también las primeras series del MCU para Disney+ (WandaVision, The Falcon and the Winter Soldier, entre otras), encabezadas por las mismas estrellas que han compartido con Iron Man y Thor en los cines.

Una expansión de las producciones a gran escala hacia la TV que no se entiende sin el suceso encarnado por Game of thrones, que sobre todo en sus últimas temporadas abultó su presupuesto y consolidó la idea de la otrora pantalla chica como un lugar idóneo para grandes batallas, dragones y costosas secuencias de acción.

De no ser por la crisis que generó la pandemia en la industria de la exhibición cinematográfica, este desarrollo de las series habría seguido acompañado de la noción clásica de blockbuster: los grandes tanques que se adueñan de la cartelera y congregan al público en la oscuridad de una sala de cine. Pero este año parte de esos títulos terminaron en el streaming (Mulán, que debuta el 4 de diciembre en Disney+, es el caso más emblemático), huyeron hasta 2021 (de Rápidos y furiosos 9 a Dune) o se arriesgaron y llegaron igual a los cines (Tenet en agosto, Mujer Maravilla 1984 en Navidad).

Luego la plataforma ha lanzado intentos que podrían acomodarse en una categoría intermedia, apuestas de acción con estrellas en frente realizadas con un presupuesto moderado para los estándares de Hollywood, como La vieja guardia, protagonizada por Charlize Theron, o Misión de rescate, con Chris Hemsworth.

Ryan Reynolds lideró Escuadrón 6. Foto: Christian Black/Netflix

Pero el mayor salto del servicio de streaming aún aguarda por ver la luz: The Gray Man, un thriller de espías de US$ 200 millones. Será protagonizado por Chris Evans y Ryan Gosling, y marcará el regreso a las superproducciones de Joe y Anthony Russo después de dirigir Avengers: Endgame, la culminación de una etapa de los filmes de Marvel y la cinta más taquillera de la historia.

¿Seguirá siendo la gran pantalla el lugar más propicio para ver una costosa película de acción, de fantasía o de superhéroes? Probablemente. Pero ya no el único. Menos después de la pandemia.

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