Martin Scorsese sobre el cine y la invasión del streaming: “Los algoritmos tratan al espectador como un consumidor y nada más”

En una apología al también cineasta Federico Fellini, el hombre tras Goodfellas y El Irlandés defiende el cine de antaño y, reconociendo que él mismo se ha visto beneficiado por la “visualización en casa”, plantea que actualmente “el arte del cine está siendo sistemática devaluado, marginado, degradado y reducido”.



“I’ll Maestro: Federico Fellini y la magia perdida del cine”, es el título de un ensayo escrito por Martin Scorsese para la revista Harper’s como un homenaje al director de La Dolce Vitta. Un reconocimiento a quien considera como uno de sus mentores, y el mejor ejemplo de lo que el cine ha perdido con el paso de los años, más en la era del streaming.

“Hace tan solo quince años, el término ‘contenido’ se escuchaba solo cuando la gente hablaba del cine en un nivel serio, y se contrastaba con la ‘forma’ y se comparaba con ella. Luego, gradualmente, fue utilizado cada vez más por las personas que se hicieron cargo de las empresas de medios, la mayoría de las cuales no sabían nada sobre la historia de la forma de arte, o ni siquiera se preocuparon lo suficiente como para pensar que deberían hacerlo”, afirmó Martin Scorsese en su escrito.

“‘Contenido’ se convirtió en un término comercial para todas las imágenes en movimiento: una película de David Lean, un video de gatos, un comercial de Super Bowl, una secuela de superhéroes, un episodio de serie... Todo esto vinculado, por supuesto, no a la experiencia teatral sino a la visualización en casa, en las plataformas de transmisión que han llegado a superar la experiencia de ir al cine, al igual que Amazon superó a las tiendas físicas”, expresó el reconocido cineasta.

“Por un lado, esto ha sido bueno para los cineastas, incluido yo mismo”, reconoció prontamente, y con justa razón. En 2019, estrenó para Netflix la cinta El Irlandés, nominada al Oscar, con un elenco estelar conformado por Robert De Niro, Al Pacino y Joe Pesci. Además, este 2021 estrenó en la misma plataforma la docuserie Supongamos que Nueva York es una ciudad, que sigue a la escritora Fran Lebowitz.

Lo anterior, sin considerar que gran parte de su catálogo está disponible en el servicio de Apple TV+, y otras cuantas repartidas entre Amazon Prime y HBO GO.

“Se ha creado una situación en la que todo se presenta al espectador en igualdad de condiciones, lo que suena democrático pero no lo es. Si los algoritmos ‘sugieren’ más visualización basados en lo que ya ha visto, y las sugerencias se basan solo en el tema o el género, ¿qué le hace eso al arte del cine?”, cuestionó el director de Toro Salvaje.

“La curaduría no es antidemocrática ni ‘elitista’, un término que ahora se usa con tanta frecuencia que ya no tiene sentido. Es un acto de generosidad: estás compartiendo lo que amas y lo que te ha inspirado. Los algoritmos, por definición, se basan en cálculos que tratan al espectador como un consumidor y nada más”, añadió destacando el trabajo en plataformas como Criterion Channel, MUBI y TCM, quienes -a juicio de Scorsese- realizan una curatoría a conciencia.

“Las circunstancias de ese momento se han ido para siempre, desde la primacía de la experiencia teatral hasta la emoción compartida por las posibilidades del cine. Por eso vuelvo a esos años con tanta frecuencia. Me siento afortunado de haber sido joven y estar vivo y abierto a todo lo que sucedía. El cine siempre ha sido mucho más que contenido, y siempre lo será, y la prueba son los años en los que esas películas salían de todas partes del mundo, hablando entre sí y redefiniendo la forma de arte semanalmente”, expresó en su carta de amor al cine de butacas, pantalla grande y sonido envolvente en una sala sumida en la oscuridad.

“Nadie operaba en el vacío y todos parecían estar respondiendo y alimentándose de los demás. Godard, Bertolucci, Antonioni, Bergman, Imamura, Ray, Cassavetes, Kubrick, Varda y Warhol reinventaron el cine con cada nuevo movimiento de cámara y cada nuevo corte, y cineastas más consagrados como Welles y Bresson y Huston y Visconti fueron revitalizados por la oleada en creatividad a su alrededor”, mencionó entre los grandes directores de la era dorada del cine teatral antes de volver a Federico Fellini, la razón para rememorar con ahínco aquella época.

“En el centro de todo, había un director al que todos conocían, un artista cuyo nombre era sinónimo de cine y lo que podía hacer. Era un nombre que evocaba instantáneamente cierto estilo, cierta actitud hacia el mundo. De hecho, se convirtió en adjetivo. Supongamos que desea describir la atmósfera surrealista en una cena, una boda, un funeral o una convención política, o para el caso, la locura de todo el planeta; todo lo que tenía que hacer era decir la palabra Felliniesque y la gente sabía exactamente lo que querías decir”, continuó.

“En los años sesenta, Federico Fellini se convirtió en más que un cineasta. Como Chaplin, Picasso y los Beatles, era mucho más grande que su propio arte. En cierto momento, ya no se trataba de tal o cual película, sino de todas las películas combinadas como un gran gesto escrito en toda la galaxia. (...) El único ejemplo comparable en el cine era Hitchcock, pero eso era otra cosa: una marca, un género en sí mismo. Fellini fue el virtuoso del cine”, agregó sobre su ídolo Fellini, a quien tuvo la oportunidad de conocer en 1970, cuando viajó a Italia en el marco de una selección de cortometrajes para un festival de cine. Desde entonces, se reunieron con frecuencia e incluso colaboraron en proyectos.

Federico Fellini

“Todo ha cambiado: el cine y la importancia que tiene en nuestra cultura. Por supuesto, no es de extrañar que artistas como Godard, Bergman, Kubrick y Fellini, que una vez dominaron nuestra gran forma de arte como dioses, eventualmente retrocedan en las sombras con el paso del tiempo. Pero en este punto, no podemos dar nada por sentado. No podemos depender del negocio del cine, tal como es, para cuidar el cine”, escribió con un dejo de desesperanza.

“En el negocio del cine, que ahora es el negocio del entretenimiento visual masivo, el énfasis siempre está en la palabra ‘negocio’, y el valor siempre está determinado por la cantidad de dinero que se puede ganar con una propiedad determinada. (...) Quienes conocemos el cine y su historia tenemos que compartir nuestro amor y nuestro conocimiento con la mayor cantidad de gente posible. Y tenemos que dejar muy claro a los propietarios legales actuales de estas películas que representan mucho, mucho más que una mera propiedad para ser explotada y luego encerrada. Se encuentran entre los mayores tesoros de nuestra cultura y deben ser tratados en consecuencia”, concluyó no sin antes alabar una vez más al fallecido director de cine.

“Supongo que también tenemos que afinar nuestras nociones sobre qué es y qué no es el cine. Federico Fellini es un buen punto de partida. Se pueden decir muchas cosas sobre las películas de Fellini, pero hay una cosa que es indiscutible: son cine. El trabajo de Fellini contribuye en gran medida a definir la forma de arte”, declaró Martin Scorsese para Harper’s Magazine.

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