Emmanuel del Real, músico de Café Tacvba: “Si tenemos la oportunidad de volver a Viña, yo encantado”

Tras un año alejado de los escenarios con la banda mexicana, el tecladista volvió en solitario al estudio de grabación como parte de un álbum de reversiones de Zoé. Aquí comenta a Culto cómo surgió su homenaje más reciente, el impacto de la pandemia en la relación grupal y su visión del documental "Rompan todo", donde dejan en claro la influencia que tuvo el Festival de Viña en el despegue continental del conjunto.



Tal como le ha ocurrido a todos, Café Tacvba tuvo que adaptarse a los tiempos y modificar su itinerario de trabajos y giras hasta nuevo aviso. El plan original de la banda mexicana era presentar el álbum Un segundo MTV unplugged (2019) durante el año pasado, sin embargo eso no sucedió y los seis meses sabáticos planeados de antemano por los integrantes se extendieron hasta el día de hoy.

En eso anda Emmanuel “Meme” del Real (52), tecladista y miembro multifacético del grupo mexicano, quien desde 2016 ha cultivado en paralelo una carrera como solista que ahora logró reavivar los ánimos artísticos, apaciguados por el encierro. Así, como parte de un nuevo álbum de reversiones de la banda Zoé, Del Real se sumó para aportar con un cover de Azul lanzado hace dos semanas.

La invitación al proyecto surgió tras su labor como productor en otro tema del disco, Paula, interpretado por Andrés Calamaro. “Si bien he hecho algunos trabajos fuera del grupo, no estoy muy habituado. Me gusta, también tengo la intención de seguir, pero hacerle un tributo a una banda así y en ese contexto, cuando todo el proyecto que se estaba gestando hasta ahora era con grupos o artistas en solitario que tienen mucho nombre, me parecía un reto”, dice el músico a Culto desde Ciudad de México, punto neurálgico de la canción latinoamericana y también de la pandemia, según él mismo asegura.

“Me acercó otra vez al trabajo de estudio. Si bien nunca lo dejé del todo a nivel individual, esto ya tenía una cuota de responsabilidad”, detalla sobre su última creación. Claro que, entre esas aventuras en solitario, las labores de producción y un confinamiento que bajó toda revolución posible, surgen interrogantes en torno al presente y futuro inmediato de su banda madre, una de las más activas e inquietas del circuito hispanoamericano en las últimas tres décadas.

A veces hablan y en ocasiones han colaborado a través del streaming, detalla el tecladista sobre el diálogo y el trabajo a distancia con los otros tres integrantes durante los últimos meses, que en su caso han estado marcados por las labores domésticas, sólo interrumpidas por el tributo al quinteto liderado por León Larregui.

Con un historial de 30 años en estudios, giras y grandes festivales, se podría pensar que la distancia termina por afectar los vínculos íntimos de los creadores de Eres. Sobre todo cuando Del Real admite que probablemente ha pasado más tiempo con ellos que con sus hermanos o padres. Pero el mismo músico se apura a descartar cualquier clase de impacto negativo en el cuarteto y apunta a que en situaciones como esta la relación “se fortalece”.

“Pasa que, en un momento dado, desayunar, cenar, ensayar, juntarse a trabajar y viajar juntos es muy desgastante. Puedo entender por qué los grupos se acaban separando. Es algo muy intenso y la convivencia más allá de los intereses creativos, profesionales y artísticos en común, acaba siendo superada por otras cosas. Entonces, definitivamente la distancia es muy sana y es como un espacio donde nosotros tratamos de poner nuestra mente en otro lado. Nos da espacio para realizar otras actividades, así que creo que este distanciamiento es bueno”, explica.

Además, el tecladista asegura que por ahora no tienen pensado impulsar un gran proyecto en conjunto, aunque sea de forma remota. “Llegará un momento donde el grupo sentirá naturalmente la necesidad de comenzar a trabajar”, asegura.

Entre Charly y Soda

Si bien lejos de los focos y de los escenarios, Café Tacvba no ha estado del todo ausente de la retina continental durante los meses de pandemia. A mediados de diciembre los cuatro integrantes aparecieron en la comentada serie documental de Netflix Rompan todo aportando su punto de vista -en su caso, de actores principales- al fenómeno y la historia del rock en América Latina. Una participación estelar y a la altura de su importancia en una producción de seis capítulos que generó tantos aplausos como críticas, sobre todo por el exceso de minutos en pantalla del productor argentino Gustavo Santaolalla y los proyectos con lo que trabajó, entre ellos los mismos mexicanos.

“Me gustó mucho porque presenta un documento que no existía en ese nivel de manufactura y de investigación. Sí, queda un poco sesgado y coartado en muchos lugares y ángulos, pero también creo que es una visión y opinión que tiene que ver con la experiencia de Gustavo Santaolalla y con la visión de los directores, que parte desde Argentina”, comenta.

Rompan todo

“Por supuesto que va a ser imposible que contenga todo y que complazca a todos”, sigue. “Por eso, me parece que generó un gran debate y que es buenísimo que lo haya habido. Ojalá ese sea un punto de partida para seguir produciendo productos así. Sin duda da para otras temporadas”, profundiza.

Más allá de las polémicas, Rompan todo reafirmó algo que los entendidos en el grupo ya saben: la conexión histórica entre los mexicanos y sus seguidores chilenos, así como la importancia que estos últimos tuvieron en el despegue continental del conjunto a mediados de los 90.

Un vínculo que, tal como deja claro el documental de Netflix, quedó marcado a fuego por la presencia del cuarteto en el Festival de Viña de 1996, las visitas constantes al país durante toda esa década y también las colaboraciones como productor de Del Real con grupos locales como Los Tres o Los Bunkers.

“Tuvimos esa oportunidad con el segundo disco, Re (1994). En Chile lo hicieron revivir y vivir de alguna manera, porque cuando fue editado en México no tuvo la respuesta que tal vez con el tiempo se dio. De hecho, no sabíamos cuál iba a ser al principio, pero ciertamente no fue muy comprendido. De pronto, nos dimos cuenta que en Chile había sido muy bien recibido y sonaba en la radio”, recuerda el músico.

Antes habían venido a Chile como parte de una especie de intercambio cultural, aunque el artista define aquella experiencia -de 1993- como “otra cosa”, tocando en lugares pequeños y conformándose con la parafernalia de abordar un avión con un destino lejano y siendo aún un grupo incipiente. En cambio, el salto al certamen viñamarino dejó una sensación diferente. “Una de las primera instancias cuando no esperas algo y lo que regresa es una muy buena noticia”, comenta.

“A nosotros Viña del Mar nos abrió muchas puertas que tal vez no esperábamos, pero sobre todo Chile y su gente nos dieron la oportunidad de salir, de también poder dar un brinco a Argentina -donde tampoco estaba pasando gran cosa-, de que cuando regresamos las personas, cercanas y de la compañía dijeran: ‘Bueno, si algo está pasando en Chile, vamos a revisar aquí’ y eso detonó que el disco se revalorizara y tuviera la vida que tuvo”, rememora.

“Creo que el público siempre tiene la razón. Cuando uno se presenta en vivo, conectas o no conectas. Puede ser que Viña tenga otra intención o que su propósito esencial se haya modificado, pero los tiempos cambian y se va adaptando (...) Si tenemos una oportunidad de volver, en lo individual o como grupo, yo encantado. Aparte en esas visitas me divertí mucho, me la pasé bomba”, cierra.

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