Bono y el fotógrafo: la historia chilena más íntima de U2

A escasos días de que una de sus obras maestras cumpla 30 años -Achtung baby, salida el 18 de noviembre de 1991-, recordamos el vínculo más duradero y profundo de los irlandeses con el país: el pintor y diseñador René Castro, a quien conocieron en San Francisco y que se convirtió en la bisagra para conocer la realidad de Latinoamérica, plasmada en sus discos y conciertos. En cada uno de sus últimos espectáculos en Santiago, el cuarteto lo ha invitado y varias veces lo mencionó en el escenario, sonando como una figura anónima y desconocida para gran parte del público.



Cerca de la mitad del segundo concierto de U2 en Chile, una cálida noche del 26 de febrero de 2006, Bono tras rematar algunos de los hits ochenteros de su banda avisó frente al Estadio Nacional atestado: “René Castro is in da house! Thank you René!”. Es muy probable que el aludido haya sonreído en primera fila.

Para la venida de 2011, para el tour 360° con un imponente escenario situado en la mitad del césped, el chileno también los miraba desde localidades privilegiadas, incluso cuando en las noches anteriores debieron ensayar, con el recinto a solas y el eco de sus temas rebotando entre el atardecer.

Poco más de seis años más tarde, el 14 de octubre de 2017, en el último paso de los irlandeses por la capital, el mismo cantante volvió a agradecer ante el coliseo repleto a ese hombre llamado René Castro. Entre todas las alusiones que el conjunto ha realizado a las figuras locales en sus espectáculos en Ñuñoa -Víctor Jara, Michelle Bachelet, la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos- asomaba una personalidad prácticamente anónima, un chileno que parecía ser cercano y aliado como pocos en el país, pero que casi nadie registraba con facilidad entre sus canciones y sus discos.

Pero estaba ahí: el fotógrafo René Castro ha sido un nombre esencial en la historia de U2 durante los 80 y en su reconocida sensibilidad con Latinoamérica extendida a través de las décadas. Parte de ese vínculo, sobre todo materializado alrededor de una de sus obras maestras, The Joshue tree (1987), tiene su cuna en su amistad con Castro.

Bono y Castro en una foto de los 80 en San Francisco.

La cuna chilena

Castro estudió Licenciatura en Arte en la Universidad de Chile en los años 60 y participó de forma marginal en la fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), encargándose de la dirección estudiantil. Tras el golpe militar, fue detenido y luego torturado en el regimiento Tacna y en el Estadio Nacional, partiendo al destierro en Estados Unidos.

Ahí levantó un colectivo que en 1985 montó en el Mission Cultural Center de San Francisco una exposición acerca del exilio que maravilló a Bono. Ese año, el cuarteto andaba de tour por Estados Unidos y el intérprete aprovechó de tomar un paseo, vistando el recinto: fue el 4 de junio de 1986, la noche previa al recital que darían en la ciudad, como parte del periplo A Conspiracy of Hope de Amnistía Internacional.

Tejió de inmediato buenas migas con el chileno, quien lo dejó invitado a su taller para mostrarle cómo trabajaba y cómo se armaban los diseños que se exhibían en el sitio, casi todos relativos a las dictaduras que durante los 70 y los 80 habían azotado el sur del mundo. También lo llevó a conocer unos murales que había pintado en las calles adyacentes.

“A Bono le gustó un grabado de Martin Luther King y se lo regalé. Su agente me dio dos credenciales para el backstage de un show en San Francisco. La más contenta fue mi hija”, recordó Castro años más tarde.

Claudia, la hija mayor de Castro, no fue la única afortunada de la noche. El propio pintor selló un contrato para encargarse de la escenografía de la banda junto a Willie Williams, iluminador histórico del cuarteto. Su prueba de fuego fue la gira que promocionó el disco y documental Rattle and Hum (1988), con escalas en Europa, Australia y Nueva Zelanda. El tour se llamó Love town y tuvo a BB King de telonero.

Uno de los afiches diseñados por Castro en el tour.

A Castro se le ocurrió que los focos proyectaran símbolos como una serpiente, una cruz y el signo dólar. Para los afiches, dibujó una luna cruzada por una guitarra, en solapado tributo a la hoz y el martillo comunista. De hecho, en varias web lo señalan como uno de los impulsores del simbolismo social en la gráfica U2.

En la gesta le ayudaron los hijos del asesinado canciller chileno Orlando Letelier, que vivían en Estados Unidos. Como premio, Castro aparece en los créditos de ese documental y Bono le dedicó durante varios shows el tema Out of control. Un mérito coronado con su rol en el tour ZooTV, donde hizo que las luces salieran de viejos autos rescatados de la Alemania oriental. Toda una marca de esa gira.

Por otro lado, con el vínculo ya afianzado, en 1986 Castro formó un grupo de ayuda para las víctimas de la guerra civil de El Salvador. Hasta allá llegó con Bono para ayudar a hospitales y escuelas. Fue un viaje anónimo, donde nadie se enteró del arribo del vocalista. Años después algunos diarios salvadoreños descubrieron la historia y recalcaron que junto al músico iba “su íntimo amigo chileno”.

En esa travesía, el artista dio forma a dos composiciones esenciales de esa era: Mothers of the disappeard, dedicada a las madres de los detenidos desaparecidos en las dicatduras de la región; y One tree hill, donde tributa a Víctor Jara (”Jara cantó/ su canción es un arma en las manos del amor/ Tú sabes que su sangre aún grita desde la tierra”, interpreta en la letra) . Ambos tracks irían a parar al disco Joshua tree.

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En varios shows de los años 80, el vocalista cerraba el tema Mothers of the disappeared con la línea en español “el pueblo vencerá”. Para evitar memorizarla, Bono le pidió al chileno que se la dictara a través del micrófono interno.

Alan McPherson, autor del libro The world and U2: one band’s remaking of global activism, comentó en una entrevista con Culto en 2017 desde Estados Unidos: “Ese viaje a El Salvador afectó mucho a Bono, porque conoció por primera vez la pobreza y las guerras apoyadas por Reagan. Antes, U2 no había salido de Norteamérica y Europa. Pero en El Salvador, se juntó con las madres de centroamericanos muertos. Vio pueblos bombardeados. Vio como arrojaban cadáveres desde los camiones. Y en todo eso, Castro fue el hombre que lo orientó”.

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En el libro autobiográfico U2 by U2, Bono rememora los meses previos a The Joshua tree y marca el punto en su mirada acerca del Chile de esos días: “Yo estaba enfadado. En Chile se había derrocado a un gobierno democrático mediante un golpe de estado respaldado por la CIA para imponer a una máquina de matar llamada Pinochet. EE.UU. tenía mucho de desdeñable, se comportaba de un modo vergonzoso para defender sus intereses”.

Con respect a Mothers of the disappeared, escribió: “Las madres necesitaban saber dónde estaban sus hijos. En Chile, para sembrar el terror, había ocurrido lo mismo con el mismo apoyo de EE.UU. Esa canción significa para mí más que cualquiera otra del disco; está en él por mí”.

Y también por Castro: el amigo chileno que U2 nunca olvidó.

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