“Un hermano que emprende el viaje”: la historia de Patricio González, el músico que dio vida y nombre a Congreso

El artista, fallecido ayer por la tarde a los 72 años, fue parte esencial de los orígenes y el desarrollo de Congreso, marcando a fuego su arquitectura musical y su impronta creativa. Aprendió a tocar guitarra con su hermano mayor y fue su idea bautizar a la banda bajo el nombre de una institución tan formal.



“Sólo te puedo decir que lo que siento es lo que se siente cuando un hermano emprende el viaje”.

Con esa declaración tan concisa como emotiva, el baterista Sergio “Tilo” González expresa a Culto su pesar ante al fallecimiento de su hermano Patricio, también parte medular de Congreso y quien murió ayer por la tarde luego de una serie de complicaciones derivadas de una enfermedad que le afectó su espina dorsal.

Pero en aquella línea breve -el adiós a un hermano- radica un trozo mayor de la importancia que tuvo Patricio González como persona e instrumentista en la escena musical chilena.

Nacido en 1949, fue el hermano del medio en el trío que integraron el mayor, Fernando (1946), y el menor, Sergio (1952), los impulsores a partir de los años 60 de lo que sería Congreso, una de las agrupaciones más inventivas y vitales del cancionero chileno.

Eso sí, cuando los tres formaron el embrión de la banda, Congreso no era Congreso ni su música era la fusión inquieta e impredecible que ha cubierto su huella creativa. Oriundos de la ciudad de Quilpué, los hermanos se unieron al bajista Fernando Hurtado para empezar a montar shows con distintos nombres, destacando a partir de 1966 su rol como grupo de apoyo de la intérprete viñamarina Cecilia Ossa.

Un año después, se calzaron un uniforme más elegante y se bautizaron como Los Masters, recorriendo fiestas universitarias, eventos comunales y citas radiales. Pero un detalle aún más esencial: empezaron a dar rienda suelta a su amor por el rock and roll, por The Beatles y por referentes del sonido instrumental, como los londinenses The Shadows.

FOTO: Archivo de Claudio Gajardo

En ese sentido, la crianza de Patricio y Fernando González en guitarra estuvo mucho más vinculada al carácter afilado de los rockeros ingleses que a los tonos más serenos de los autores latinoamericanos que se internaban por los parajes del folclore y el rescate del sonido de raíz.

“El iniciador de esto es mi hermano Fernando porque el estudió en un colegio (Rubén Castro de Quilpué) donde había un taller de guitarra, y donde aprendió más o menos rápido lo que había que aprender. Luego se puso a cantar en el programa radial Calducho. Yo, en cambio, no tocaba nada pero tuve que aprender a tocar la guitarra a punta de patadas del Negro que me pidió que lo acompañara y me enseñó de a poco. Cuando me equivocaba me llegaba la patá (risas). Ahí empezamos los dos y de repente se nos ocurrió que un aparador del comedor podía servir de batería. Imagínate”, recordaba Patricio en una entrevista de 2017 realizada por el periodista Rodrigo Pincheira.

Congreso sicodélico

La primera grabación de Los Masters fue el single En la quietud de la noche para el sello Pleno, y pese a que consiguieron llegar a las grandes ligas de la industria discográfica al firmar en 1968 con la compañía EMI-Odeon, la precariedad de la escena en esos días nos les permitió una proyección mayor.

Sólo se limitaron a los recitales y editaron un par de sencillos más, como El amor es azul y Cissy strut, sin llegar a grabar un álbum.

Según cuenta el sitio Música Popular, “decididos a probar otros rumbos musicales, Los Masters detuvieron su actividad en 1969 aunque sus miembros continuaron juntos preparando un quinteto con Waldo Morales como cantante, quien fuera originalmente guitarrista de la disuelta banda beat Los Sicodélicos. Fue el vocalista de dicha agrupación, Francisco Sazo, quien se uniría definitivamente a los ex Masters para explorar un rock fusionado con ritmos latinoamericanos bajo el nombre de Congreso”.

El salto de Francisco Sazo a sus filas no sólo determinó su nombre definitivo, sino que también precipitó un giro estilístico donde, más que la réplica y la repetición, ahora importaba la exploración, en un trayecto similar al que seguían coetáneos como Los Jaivas.

La contribución de Patricio se establece a partir de ahí: es el responsable de que Congreso se llame de esa forma.

Así lo explicó en 2017: “(El nombre es) mío. El Pancho siempre dice que es de Fernando, pero El Negro reconoce que es mío. No me preguntes porqué. Creo que fue inconscientemente una burla a la cuestión política que estaba complicada. Después se fue justificando el nombre en realidad, porque había varias opiniones musicales y como que funcionaba aunque pareciera que fue un capricho no mas, funcionó después con la explicación que si tiene su razón de ser porque en Congreso hay varias opiniones, varios tipos de músicas, clásicas, folclóricas, contemporáneas y populares. El primer nombre era El Congreso y después dijimos que lo singularizaba mucho y quedó como Congreso solo”.

Días de chelo y fusión

En 1971, mientras la banda edita su álbum debut (El Congreso), González comienza a estudiar chelo, lo que también resultaría clave para el posterior sonido del colectivo.

Pincheira es uno de los mayores expertos de Congreso en el país, con una serie de investigaciones que ha documentado en el detallado libro Los elementos: voces y asedios al grupo Congreso. Así profundiza la huella del fallecido músico en la historia de Congreso:

“Patricio es parte de la historia de un grupo de hermanos. Un modelo que tiene ejemplos en Chile: Illapu, Los Jaivas, Bunkers, lo que le da un sello particular, de familia y comunidad que se ha mantenido hasta hoy en el grupo, aunque Fernando y el Pato no estuvieran”.

“Gracias a Fernando, aprendió a tocar guitarra y a los veinte años se puso a estudiar chelo, por eso en el primer disco él es guitarrista pero ya en el segundo, Terra Incógnita, la marca del chelo será característica del sonido de Congreso. A partir de aquí, ese color instrumental, se hará oír hasta Por amor al Viento (1995). Curiosamente en la etapa progresiva de Congreso, el chelo será protagonista, en Terra Incognita y el disco Café, tal vez en una interesante tensión instrumental, de búsqueda y de experimentación, así como también el diálogo entre lo moderno y lo clásico, entre la tradición europea, la tradición andina y lo contemporáneo. Tal vez siguiendo la estética Beatles. Este modelo de banda con un chelista es continuado en Chile por grupos como Bordemar y Entrama. En Concepción por grupos como Quórum”.

“Después la banda cambiará hacia la fusión y privilegiará sonidos como los saxos y la marimba. El sonido del chelo quedó en un segundo plano, igual que la guitarra de Fernando, porque la música de Congreso había entrado en un devenir de mayores exigencias instrumentales. Patricio estudió diseño gráfico y es el autor de algunas carátulas de Congreso, en especial de Terra incognita donde hizo los dibujos de los lavadores de oro de Marga Marga con una plumita de gallina”.

El fallecido artista dejó a su banda madre en 2000, luego de Por amor al viento (1997). “Claro, ese disco tiene bien poco chelo. Incluso en el clip de la canción Heroína de Nueva York la única participación que tengo es guardando el chelo. Había que meter al hueón en alguna parte, pero resultó como simbólico pero fue sin querer”, dijo hace cuatro años.

Consultado por las razones de su partida, en ese instante comentó que simplemente fue un alejamiento natural y sobre todo detonado por el también adiós de su hermano Fernando.

“Nunca he estado enojado ni nada que se parezca. Incluso después que salí produje un recital en la Quinta Vergara que se llamaba La energía de nuestra música con Congreso y con Joe. Y se llamaba así porque lo auspició Chilquinta (risas). No puedo decir que no me dolió pero no hay ningún tipo de mala onda, ni nada. No he tocado tampoco este tema con El Tilo y no sé porqué”, aseguró.

Como fuere, la marca de Patricio González aún late fuerte en el destino de Congreso. Un hombre esencial en el origen y desarrollo de un hito de nuestra cultura vigente hasta estos días.

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