Jimmy Savile: un monstruo suelto en la BBC

El documental de Netflix no revela todas las brutalidades del animador más famoso de la televisión británica. Estos son algunos de los sórdidos detalles soslayados de un depredador sexual muerto en la impunidad.



Fines de 1978. La periodista Vivien Goldman entrevista en la BBC a Johnny Rotten, el líder de The Sex Pistols. La reportera pregunta al cantante si le gustaría actuar en una película.

“Sí”, responde la voz de Anarchy in the U.K. . “En ella me gustaría matar a un montón de gente”.

Goldman se entusiasma y atiza. “¿Cuánta gente?”. Johnny se envalentona. Habla de unas 200 personas. “Todas famosas”.

“Me gustaría matar a Mick Jagger en una película”, ejemplifica, “pero apuesto a que nunca lo haría porque su ego se desinflaría o algo absurdo”. La periodista retruca: cómo imagina la masacre. “No lo sé”, responde Rotten. “Sólo quiero hacer una película sobre ello”.

Entonces, suelta la bomba.

“Quiero matar a Jimmy Savile, es un hipócrita. Apuesto a que está metido en todo tipo de cosas sucias que todos conocemos pero de las que no se puede hablar. Conozco algunos rumores”.

La entrevista no se emitió.

El escándalo de Jimmy Savile, el presentador de la BBC que cometió más de 200 delitos sexuales desencadenó en una investigación más amplia.

En conversación con Piers Morgan en 2015, a cuatro años de la muerte de Savile, el cantante símbolo del punk aseguró que sus dichos sobre el más famoso animador de la televisión y radio británicas en la segunda mitad del siglo XX, significaron una larga censura a su figura en la BBC. “Estoy muy, muy amargado de que a gente como Savile y el resto de ellos se les permitiera continuar”, sentenció.

El reprochable comportamiento de una de las mayores personalidades públicas del Reino Unido por más de 50 años, era un secreto a voces. “¿No sabes que a Savile le gustan jóvenes?”, fue el argumento que recibió el periodista Alan Hardwick en la BBC en los 80, tras ser testigo de las conductas impropias y lascivas de Jimmy Savile con un grupo de jovencitas de apenas 12 años, cuando era amo y señor de la corporación británica y una especie de tesoro nacional.

Hardwick sólo observó la punta del iceberg. El animador iba mucho más allá de un comportamiento inapropiado con menores de edad, sino que durante décadas violó y abusó a medio millar de personas, desde niños hasta ancianos, gracias a las prerrogativas de la fama y el poder en las más altas esferas.

“No hablarás de esto. Nadie te creerá. Soy Jimmy Savile”, espetó a una chica de 16 años después de ultrajarla.

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Jimmy Savile, una historia de terror británica, el documental en dos capítulos de Netflix, no relata lo de Johnny Rotten ni la experiencia de Alan Hardwick. El primer episodio se concentra en la carrera mediática de este personaje excéntrico de rostro caricaturesco redondeado por una infantil melena decolorada, un eterno puro humeante y vestido estrafalariamente, que por largos años animó Top of the Pops, el legendario programa musical donde las estrellas del momento actuaban haciendo mímica. Fue su presentador original en 1964 y estuvo en el último episodio en 2006. En paralelo, era DJ estrella de las emisoras de la BBC, como entre 1975 y 1994 condujo Jim ‘ll Fix It, un programa donde niños de toda Gran Bretaña escribían pidiendo cumplir un determinado sueño, que el tío conductor realizaba por sencillo o disparatado que fuera.

La fama y el poder del animador escalaron hasta la realeza, la alta política, la policía y el Vaticano.

Jimmy Savile descubrió que las campañas benéficas eran la llave de acceso a esas esferas, al conquistar la devoción del público y la consideración de los poderosos ante el arraigo popular. Encontró la veta recaudando dinero para un desvencijado hospital en Leeds. No sólo reunió decenas de millones de libras esterlinas, sino que la iniciativa le abrió puertas. Primero, conquistó a la monarquía. El príncipe Carlos quedó impresionado por el manejo mediático y financiero de Savile. Lo incorporó como consejero, según lo demuestran varias cartas de su puño y letra requiriendo la opinión del animador en asuntos comunicacionales y manejo de crisis.

El hospital desató al monstruo que Jimmy Savile apenas ocultaba en camerinos de la BBC, donde solía abusar de menores sin muchas reservas. El animador más famoso del viejo imperio dedicaba su tiempo libre a atender pacientes de todas las edades, sin importar su carencia absoluta de conocimientos médicos. Para la opinión pública que conocía y dominaba al dedillo, Jimmy sólo quería ayudar, una de sus vocaciones junto con entretener. Pero esa colaboración aparentemente desinteresada, tenía un precio a pagar por los enfermos cuando quedaban a su cuidado.

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Hay detalles de esta historia de terror soslayadas por el documental. Jimmy Savile no sólo abusaba y violaba pacientes en Leeds y decenas de otras instituciones médicas donde circulaba sin control por su estatus de celebridad, atacando a enfermos en distintas condiciones, sino que se jactó con personal del recinto de practicar necrofilia en la morgue y utilizar cuerpos para montar escenas de índole sexual, para luego tomar fotografías. También exhibía anillos decorados con ojos de vidrio extraídos del depósito de cadáveres, al que tuvo acceso desde fines de los 70 hasta mediados de los 90 en Leeds.

(Photo by Michael Putland/Getty Images)

A la distancia, las señales de su comportamiento resultan explícitas, muchas de ellas registradas insólitamente en cámara incluyendo orgullosas declaraciones teñidas de vulgaridad sexual, manoseando jovencitas mientras despide un programa, o recogiendo un brutal testimonio de un menor postrado en cama que da a entender los abusos, mientras Jimmy declara sonriente que trabajar en un hospital es la diversión máxima.

El animador disfrutaba en público la impunidad debido a una red de poder y protección urdida en detalle que le permitió, por ejemplo, ser nombrado Sir por insistencia de su amiga, la primera ministra Margaret Thatcher, con quien solía vacacionar.

El documental, con más vueltas de las necesarias particularmente en el primer episodio, no cierra el caso. Se deslizan pocas pistas sobre las causas de su comportamiento criminal, y por qué la BBC no intervino cuando era un secreto a voces la pedofilia del animador muerto impune, como no hay datos sobre la postura de la casa real tras las revelaciones de su trayectoria criminal.

Jimmy Savile sigue siendo un monstruo de muchas cabezas, una bestia alimentada del cariño del público y del más alto poder, fingiendo compasión y empatía para ocultar apenas el impulso depredador.

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