Johnny Depp vs. Amber Heard: la batalla de divorcio hecha meme

Foto: Jim Lo Scalzo/Pool Photo via AP

Entremedio del mar de noticias que remecen al mundo, el juicio por difamación entre dos actores hollywoodenses pareciera haberse convertido en placer culpable. ¿Qué es lo que tiene esta batalla legal tan poco pudorosa convertida en una adicción?



Vivíamos al borde de un volcán emocionante. No es fácil estar casado o vivir conmigo. Yo explotaba de forma violenta alrededor de dos veces al año. Ella también lo hacía. Era grandioso. Pero también era un asesinato”.

Richard Burton recordaba así sus dos matrimonios y respectivos divorcios con Elizabeth Taylor; una de las parejas más glamorosas de la historia de Hollywood, cimentó en leyenda sus míticas peleas, agregando esa violencia al envoltorio de glamour en el que siempre serán recordados.

Otros tiempos, claro, en cuanto a la normalización de la violencia, como en lo que significa ser una estrella. Hemos visto divorcios y divorcios en Hollywood, desde un Allen versus Farrow que hasta hoy, cada ciertos años, resucita; al de Brangelina, donde siguen judicializando la custodia de sus múltiples hijos, pero la prensa se entera solo entre susurros y trascendidos. Los trapos sucios no siempre se han lavado en casa, pero ese muro invisible que nos separa a los mortales de estos humanos enrarecidos que son las estrellas de Hollywood se mantenía de alguna forma en pie, dejándonos asomarnos a veces a sus miserias y conflictos para un consumo casi morboso y también tranquilizador: en sus mansiones, en sus cuerpos y caras perfectas, detrás de su brillo en pantallas gigantes, los famosos son como nosotros: caóticos.

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Hasta que llegó el juicio Depp vs. Heard: han sido cuatro semanas de un circo que es un símbolo de los tiempos. Es quizás la Kardashianización del glamour hollywoodense, donde todo es público, no hay pudor y no existe la mala prensa, solo la cobertura. Pareciera que a medida en que pasan las semanas no podemos dejar de mirarlo: dedos cercenados, alcohol y drogas, violencia intrafamiliar, defecaciones en camas ajenas, peleas en aviones privados, mensajes de texto homicidas, diagnósticos siquiátricos lapidarios, llantos y risas en el estrado y cuánto más. Todo seguido no solo por los medios, sino que disectado en TikTok e Instagram.

El fin del amor

A saber: Johnny Depp, el James Dean de los 90, el ícono cool de la generación X y luego ídolo familiar como un pirata sexy en la saga Piratas del Caribe, conoció a Amber Heard en un set de película. Ella, estrella joven en ascenso varias décadas menor, una millennial que hoy es parte del universo de DC Comics como reina de los mares. Depp, quien ya había tenido parejas mediáticas como Vanessa Paradis, Kate Moss y Winona Ryder (su tatuaje “Winona forever” debe haber sido el más famoso de su década), parecía entrar a sus 50 años con vistas a estabilizarse al lado de una belleza juvenil, cual Warren Beatty y tantos más.

Pero lo que vino después es hoy material de juicio. Tras dos años de relación, y 15 meses de matrimonio (ceremonia oficiada en la playa de la isla privada del actor), la pareja se separó en malos términos y Depp le pagó a Heard siete millones de dólares en el acuerdo final en 2016, los que ella, dijo, donaría a ONG para probar que lo suyo no era interés. “Nuestra relación fue intensamente apasionada y a ratos volátil, pero siempre unida por el amor”, escribieron en un comunicado conjunto. “Ninguno de los dos ha mentido o hecho acusaciones falsas para ganar dinero, nunca hubo ningún intento de daños físicos o emocionales”.

Corte al año 2018. Depp venía de una racha de películas con mala crítica o desastres de taquilla (El Llanero solitario), a menos que se tratara de Jack Sparrow. Heard estaba lanzando su primera superproducción, con el rol de Mera en Aquaman, y coincidiendo con el estreno publicó una columna de opinión en el Washington Post donde dice ser una víctima de violencia doméstica. No nombra directamente a Depp, pero es visto como una confesión y acusación velada: Johnny Depp le pegaba.

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El actor comenzó su caída en desgracia hollywoodense a la par de muchos poderosos cazados por el MeToo. Parecía ser uno más que desilusionaba al mundo con su actuar privado, y parecía patéticamente haber llevado la vida e imagen de chico rudo más allá de su etapa de expiración. Salieron a la luz videos tomados por Heard donde aparecía borracho, peleando en su cocina, con una copa de vino salpicando en la mano, violento en su hablar.

Durante la cobertura mediática del caso, el tabloide británico The Sun hizo una nota donde llamaba a Depp “golpeador de esposas”. Los proyectos cinematográficos del actor se pusieron en pausa y parecía que Hollywood (e incluso la opinión pública) se debatía en si terminaba de condenar al actor al exilio de los famosos o le daba un periodo de gracia; después de todo, divorcios complejos hay en todos lados, y la asimetría de fama entre Heard y Depp también hizo lo suyo.

Depp demandó a The Sun y en plena reapertura pandémica en Gran Bretaña, ambos actores se vieron las caras en la corte, en un juicio no televisado que comenzó a destapar algunos de los episodios de violencia que ahora se vuelven virales. La corte decidió que el pasquín no había difamado al actor, porque sí habría golpeado a Heard, por ende, es un “golpeador de esposas”. La actriz emergía victoriosa. Depp perdió todos sus roles fílmicos, incluyendo el de la saga Animales Fantásticos, donde fue rápidamente reemplazado como el villano de turno, ahora que se convertía en un villano de la vida real.

El tema está en que Depp, habiendo perdido dinero, fama, trabajo e imagen pública, decidió que no iba a caer sin una pelea, o que por lo menos estaba dispuesto a arrastrar a su ex al infierno con él.

Depp contraatacó con una demanda por injurias a Heard, el juicio por $ 50 millones de dólares que ahora los tiene en esta especie de reality show en la corte de Fairfax, Virginia (donde están algunos servidores del Washington Post). Ella lo contrademandó por $ 100 millones de dólares por insinuar que su testimonio es un invento. Seis semanas en total, las primeras tres dedicadas a la versión de Depp y sus testigos del matrimonio, la otra al equipo Heard. ¿Qué es lo que buscan probar, ambas partes, desnudándose así frente a la opinión pública? Según Depp, ya que ha perdido todo, quiere solo que se escuche la verdad. Según Heard, esto es su peor pesadilla de revictimización, y aunque su defensa pidió la nulidad del juicio, este llegará a las últimas consecuencias y será un jurado el que decida quién tiene la razón.

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Depp presentó su propio arsenal de pruebas, dando un giro a lo visto y escuchado en Gran Bretaña. Su estrategia es intentar probar que no fue él solamente el agresor, sino que Heard también lo agredía. Que era una relación tóxica, que él tendrá problemas con el alcohol y las drogas, pero que nunca le ha pegado a una mujer. En un giro completo del #MeToo, una de sus pruebas fue una grabación donde Heard se escuchaba diciendo: “Cuéntale al mundo, Johnny, diles: ‘Yo, Johnny Depp, un hombre, soy víctima de violencia doméstica’”, insinuando que nadie le creería. La actriz ha aceptado que ella también golpeó a su exesposo, pero solo como defensa o respuesta a las agresiones originales.

Lo que necesita probar Depp ante los jurados es totalmente específico: son tres frases de la columna de opinión escrita por Heard que él tilda de difamatorias. El título, donde se refiere a “violencia sexual”; el segundo párrafo, donde Heard se describe como “figura pública representante del abuso doméstico”, y luego donde dice que las instituciones “protegen a los hombres acusados de abuso”.

Lo que sí logró Depp en tres semanas fue posicionarse con nueva fuerza en el campo de batalla. En TikTok, la red social del momento, el juicio se ha convertido en el preferido del algoritmo, con un nuevo ejército de tiktokers pro Depp que emergió como un volcán. El hashtag que exige justicia para el actor ha sido usado más de cinco mil millones de veces, mientras el que defiende a la actriz, 21 millones. Los detectives amateur que ahora abundan en redes sociales buscan contrastar pruebas y comparar testimonios. Y pareciera ser que la generación que creció viendo a Depp como Sparrow está dispuesto a defender a su ídolo de juventud.

Este no es un juicio por abuso o acoso sexual, como fueron el Caso Weinstein o Cosby (o López, en nuestro país). O lo es, pero acá no se arriesga pena de cárcel si se dice que la violencia ocurrió, sino dinero, muy a lo Hollywood. Este juicio en Virginia es sobre las palabras que describen la violencia, y si estas se adecuan al calibre de una relación explosiva. Es sobre mentiras y verdades y puntos de vista. Depp arriesga seguir enterrando su vida y carrera, pero la posibilidad de exoneración pareciera ser demasiado tentadora. Prefiere humillarse antes de seguir siendo cancelado. Heard arriesga ser culpada como una traicionera del #MeToo, si se cree exageró la historia u omitió sus agresiones, o convertirse en un ícono de las víctimas y el movimiento.

Foto: REUTERS/Elizabeth Frantz/Pool

Esta semana fue el turno de Heard en el estrado. La duda de si tenía algo que agregar a lo ya presentado en Gran Bretaña fue rápidamente despejada: con llantos, enumeró todo tipo de violencias y abusos, golpes, celos, control y hasta forcejeos sexuales horrorosos. Un infierno en vida, donde se quedó porque amaba a su marido, como muchas víctimas de violencia doméstica. Trajo más videos y fotografías de Depp completamente desmayado y borrado producto de las drogas y alcohol, alegando que las sustancias lo volvían incontrolable. Su lista de testigos incluye hasta el mismísimo Elon Musk, el hombre más rico del mundo, con quien Heard brevemente se emparejó tras su divorcio; no es seguro que participe del juicio, pero la sola posibilidad ya es noticia.

En las siguientes dos semanas veremos si la actriz logra probar el abuso del que dice haber sido víctima: hasta el momento hay miles de horas de grabaciones mutuas secretas, pero ninguna contiene un acto de violencia, excepto la verbal que se ha exhibido en ambas partes. ¿Puede Depp probar que es víctima también? ¿O puede Heard convencer, ya no solo al jurado, sino que al mundo, de que uno de los actores más famosos es un monstruo?

Por mientras el planeta mira, saboreando esa venganza pequeña de comprobar que el dinero no hace la felicidad, y la certeza de que mientras más alto llegas, más larga es la caída. Una relación tan públicamente deformada y manoseada por los medios, las redes sociales, tan convertida en meme, que la violencia que involucra deja de ser el centro de la historia y se vuelve en algo abstracto. Golpes y abusos memificados, repetidos infinitamente en algoritmos que los usan como anzuelo, ante nuestros ojos ya agotados e incapaces a ratos de definir si lo que vemos es bueno o es malo. Es simplemente espectáculo.

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El análisis se basa en 489 estudios de poblaciones de hormigas que abarcan todos los continentes donde habitan estos insectos.