Marisa Monte, la voz de Brasil: “Crecí escuchando a Violeta Parra”

Fotografia de Leo Aversa leo@leoaversa.com

Una de las artistas más destacadas del gigante sudamericano habla con Culto de su obra, del tono optimista con que renació tras la pandemia y de sus vínculos con Chile, con miras a los shows que dará en octubre en el Teatro Nescafé de las Artes.



La cantautora brasileña Marisa Monte (54) -una de las voces más representativas de la música de su país desde los años 90- asegura que en un minuto sólo imaginaba puertas. En este caso, puertas de salida y escape de la claustrofobia pandémica, la anhelada vía de retorno a esa existencia antes cotidiana de shows, promoción y comunión, paralizada durante casi dos años por la crisis sanitaria.

Por eso, cuando las puertas para oxigenarse ya podían volver a abrirse, bautizó su último álbum de esa forma (Portas, salido en 2021), e ideó un cancionero plácido y expresivo que celebra la vuelta a lo que alguna vez fuimos, lejos del sollozo sombrío que envolvió muchos álbumes despachados desde el encierro.

Grabado entre octubre de 2020 y marzo de 2021, el trabajo enfatiza su acento optimista con una portada colorida y un inicio con Calma, donde su letra dicta: “No le tengo miedo a la oscuridad / Sé que el amanecer llegará pronto / Deja que la luz del sol llegue a la ruta / ilumina el asfalto negro / Calma… ¡yo ya estoy pensando en el futuro!”.

“Las puertas son elementos muy simbólicos, que traen en sí mismos la idea de apertura, transformación, elección, paso, opción, decisión, cierre”, enumera ahora en conversación con Culto, en referencia a su primer disco en solitario en una década y que recoge la faz más tradicional de su obra, un tranco ligero que se desliza entre pop, jazz, soul, MPB y funk estilizado.

“Y abrir las puertas puede ser algo interno o externo. Grabamos durante la pandemia, en ese momento de aislamiento donde lo único que queríamos era salir por las puertas. Yo quería crear un universo lúdico, de pasajes a la imaginación, un soporte poético para los momentos difíciles que atravesábamos. Algo que pudiera apuntar a una existencia más llevadera”, define en torno a la personalidad del álbum.

El mismo tono que de seguro mostrará en sus próximos shows en Chile: 1 y 2 de octubre, a las 20.00 horas, en el Teatro Nescafé de las Artes (www.ticketek.cl). “Estuve en Chile por primera vez cuando tenía 15 años. Luego volví para cantar y ahora tengo muchas ganas de estar cerca de este hermoso país que tanto admiro. Recuerdo las flores, las montañas, el cielo estrellado, la cordillera y me impresionó mucho la belleza natural. Estoy muy feliz de llevar la música brasileña a Santiago”, expresa nuevamente, situando por lo demás la cuna de su espiral creativo en un eje base: “Crecí escuchando a Violeta Parra”.

Lógicamente el vínculo con voces femeninas se expande y alcanza a quienes estuvieron antes: Elis Regina, Gal Costa o Maria Bethânia. Marisa Monte es lo más similar a una sucesora, sobre todo al integrar proyectos de tanta relevancia e impacto en Brasil como Tribalistas, donde comparte funciones con Arnaldo Antunes y Carlinhos Brown. Sus ventas suman millones, varias nominaciones a los Grammy Latinos y un paso como cabezas de cartel del festival Lollapalooza Brasil en 2019, algo inédito para una banda de este lado del planeta. “Somos un gran ejemplo de sociedad musical, una suma que tiene un resultado que va más allá de sus partes”, plantea.

Si se trata de sociedades, la carioca ha establecido en los últimos años colaboraciones con diversos artistas hispanohablantes, como Julieta Vegas, Gustavo Santaolalla y Jorge Drexler, quien de hecho aparece en el tema Vento Sardo, de Portas.

“Conozco a Jorge Drexler desde hace unos años y nuestro acercamiento se dio a través de la música. Es un artista genial, un compositor brillante, al que admiro mucho como persona y creador. Creo que toda asociación comienza con la admiración mutua. Hace unos años nos encontramos en un viaje de vacaciones en Cerdeña, y allí en el barco, hicimos esta canción, que es un homenaje al viento, ese elemento que simboliza la mutación constante, la fluidez, la capacidad de adaptarse a cualquier obstáculo, con su fuerza y ligereza a la vez”, refuerza Monte, confirmando que lo suyo es un curso evolutivo constante e inexorable. b

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