De O’Higgins a Barros Luco: historia de la bandera de Chile

El actual emblema se creó en 1817 y posteriormente se le hicieron ajustes en cuanto a la proporción de los colores. Su sello distintivo es la estrella solitaria, sobre la cual han habido diferentes interpretaciones, desde la indigenista hasta una anclada en la religiosidad popular. No fue la única bandera que ha tenido el país. Además, inspiró un lúcido poemario.



Fue la que se usó en la jura de la independencia, el 12 de febrero de 1818. Ahí, de manera oficial, flameaba como un bautizo de viento a la joven nación. Lo cierto es que en Talca -y en otras ciudades de Chile- ese día se proclamó el nuevo estatus de la República. Era un paso que Bernardo O’Higgins, entonces Director Supremo, creía necesario.

Hasta ese entonces, el país tenía bandera y un escudo de armas, pero faltaba algo más. “No faltaba más que hacer una declaración expresa, como lo habían hecho los Estados Unidos en 1776, Venezuela en 1811, Nueva Granada y México en 1813...y las Provincias Unidas del Río de la Plata, en 1816″; explica el historiador Diego Barros Arana, en su fundamental Historia general de Chile.

No era la primera vez que Chile tenía una bandera. En 1812, y presentada para el aniversario de la independencia de los Estados Unidos, se izó la primera enseña, con los colores azul, blanco y amarillo, en tres franjas. Por entonces, gobernaba José Miguel Carrera como líder de una Junta de gobierno.

José Miguel Carrera, retrato de Francisco Mandiola

Tras el desastre de Rancagua, y el fin de la llamada “Patria Vieja”, la bandera perdió su uso. Solo tras el triunfo en Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, y el fin de la Reconquista española, los patriotas instauraron un gobierno. Así nació la llamada “Bandera de transición”, con los colores azul, blanco y rojo, en franjas.

Pero pronto vino la instauración de la bandera definitiva. Fue por decreto del 18 de octubre de 1817, al cual se ha hecho referencia en decretos reglamentarios posteriores. Porque curiosamente, se desconoce el decreto original. “No existe, o no ha podido descubrirse el decreto que sancionó esta innovación”; explica Barros Arana.

El diseño, según el señero historiador, correspondió al entonces ministro José Ignacio Zenteno, y tenía pequeñas diferencias en cuanto a la proporción y tamaño de los colores con la actual. “Se explica por la escasez de color uniformado, en todo semejantes a la actual”, comenta Barros Arana.

Una estrella que se mueve

Lo distintivo, hasta ese momento, era la inclusión de la estrella solitaria. En un ensayo de 1984 llamado La estrella de Chile, el esteta Gastón Soublette explicó su significado: “Fue el propio don Bernardo O’Higgins quien explicó su significado, diciendo extraoficialmente que era la estrella de Arauco. Años después, esta breve y enigmática explicación del jefe de Estado fue desarrollada en el decreto que se usó para fijar la composición de actual escudo nacional en los siguientes términos: La estrella de plata es el blasón que nuestros aborígenes ostentaron siempre en sus pendones y el mismo que representa ese caro pabellón a cuya sombra se ha ceñido la patria de tantos y tan gloriosos laureles”.

Soublette añade otra explicación para la estrella: “Por tradición oral se ha transmitido una interpretación particular de la estrella de Chile como símbolo de la Virgen. Ciertamente hay fundamento para considerar también esa interpretación, especialmente significativa para la base religiosa de nuestro pueblo, consagrado a María del Carmen desde que se la instruyó patrona de las fuerzas armadas por iniciativa misma de los libertadores”.

Pero incluso, Soublette agrega otro factor vinculado a la Virgen: “Otra asociación semejante se refiere al apelativo Stella Maris que a ésta se le solía aplicar, lo que en latín significa Estrella del mar. Esta interpretación atribuye una connotación marina al paño azul, en la cual la estrella viene a ser ese punto luminoso en el cielo obscuro que guía al navegante perdido en la noche oceánica”.

Fue recién en 1912, bajo el gobierno de Ramón Barros Luco, cuando se establecieron las proporciones definitivas. Estas se fijaron mediante la Ley 2597 del 12 de enero de ese año. “La Bandera de la República de Chile, se compondrá de los tres colores azul turquí, blanco i rojo combinados del modo siguiente: la bandera se dividirá en dos fajas horizontales de igual anchura; la faja inferior será roja, i la faja superior será azul en su tercera parte inmediata a la vaina, i blanca en los dos tercios de su vuelo, con una estrella blanca de cinco picos en medio del cuadro azul. El diámetro de la estrella será igual a la mitad de un costado del cuadrado azul. Las proporciones de la bandera son: en la vaina, dos tercios de su vuelo”.

La bandera inspiró el primer poemario de Elvira Hernández, llamado justamente La bandera de Chile, publicado en 1991. Un texto lúcido en el que reflexionaba acerca del emblema. “La Bandera de Chile no dice nada sobre si misma / se lee en su espejo de bolsillo redondo / espejea retardada en el tiempo como un eco / hay muchos vidrios rotos / trizados como las líneas de una mano abierta / se lee / en busca de piedras para sus ganas”.

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