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Carmen Gloria Larenas: “Hoy hay más diversidad social en el público del Teatro Municipal”

Tras un exitoso 2025, la directora aborda los desafíos del Teatro Municipal, entre ellos persistir en la renovación del publico, en una programación actual que no descuide lo clásico y, de cara a los 170 años del coliseo, modernizar su infraestructura. "El teatro necesita adecuarse a los estándares del siglo XXI", dice.

Carmen Gloria Larenas: “Hoy hay más diversidad social en el público del Teatro Municipal” MARIO TELLEZ

El Día de los Patrimonios suele ser una de las fechas más concurridas del Teatro Municipal de Santiago. Cada año, el edificio de Agustinas es uno de los más visitados del barrio cívico. A Carmen Gloria Larenas, directora general del teatro, le gusta participar de esa jornada. Ella misma hace de anfitriona y ofrece una visita guiada desde el foyer hasta los asientos de felpa de la sala principal, coronada por una lámpara de 14 mil cristales.

—Veo el impacto cuando las personas entran al foyer, cuando ingresan a la sala, cuando ven lo que preparamos en el escenario. Son personas que nunca han venido —dice.

Carmen Gloria Larenas se mueve por el teatro con la apostura de una bailarina clásica y la familiaridad de quien es parte de la casa. Después de todo, pasó diez años en el Ballet de Santiago, más tarde fue su jefa de prensa y es la primera directora general en una historia que está por cumplir 170 años.

“A Carmen Gloria le encanta ver el rostro de la gente que viene por primera vez”, dice uno de sus colaboradores. “Ella siente que hay que abrir las puertas del teatro”.

Eventualmente, ese puede ser uno de los sellos de su administración.

Estamos tratando de proponer nuevos formatos para ofrecer experiencias distintas a quienes tal vez todavía no se sienten invitados por lo que hacemos.

Nombrada en 2019, Carmen Gloria Larenas llegó a la dirección del Municipal de Santiago en un momento de crisis: heredó una deuda de $ 6 mil millones y relaciones humanas lastimadas tras la gestión del director francés Frédéric Chambert. A esa dificultad se sumaron el estallido social, el cierre del teatro y las perspectivas sombrías de la pandemia.

Seis años después, el teatro muestra cuentas ordenadas, ha reducido significativamente su deuda y en el aire se respira “una energía bullente”, en palabras de Paolo Bortolameolli, nuevo director titular de la Orquesta Filarmónica. En lo artístico, la dirección de Carmen Gloria Larenas ha diseñado una línea en la que el repertorio clásico abre espacio a lo innovador y a la audacia escénica.

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El ballet Frida, inspirado en Frida Kahlo; el musical La novicia rebelde; la ópera Madama Butterfly, con el debut de Verónica Villarroel en la dirección escénica, y el montaje de Salomé, de Richard Strauss, con un diseño contemporáneo, fueron algunos de los puntos altos de la temporada, que convocó a más 130 mil personas.

—En 2026 vamos a seguir el mismo camino: hacer propuestas clásicas, pero con un lenguaje más contemporáneo, tanto en la ópera como en el repertorio sinfónico y en el ballet. Y persistir también en la creación y en los estrenos mundiales -dice.

Así, en el programa de danza se encontrarán La Cenicienta, Romeo y Julieta y La noche de grandes coreógrafos contemporáneos, mientras que la Filarmónica interpretará a Shóstakovich, Mahler y cerrará con el Réquiem de Guerra, de Britten. En la ópera, a su vez, Cristina Gallardo-Domas asumirá la dirección escénica de La bohème; volverá la pasión de Carmen y el fin de año verá una versión de Elektra, de Strauss.

Un estreno absoluto será Orgullo y prejuicio, coreografía encargada especialmente para el Ballet de Santiago. La novela romántica de Jane Austen, una de las favoritas de Carmen Gloria Larenas, será llevada a la danza por el británico Kenneth Tindall.

—Me encanta el libro y me encanta la película con Keira Knightley. Le tengo mucho respeto a ese estreno porque hay muchas referencias de Orgullo y prejuicio en la literatura y en el cine, y la danza es otra plataforma de expresión. Creo que ese ejercicio va a ser interesante —dice.

También lo cree César Morales, director artístico del Ballet de Santiago y exfigura del Ballet de Birmingham. “Carmen Gloria es muy activa y actual. Le gusta innovar, mantiene al teatro en la actualidad del mundo, sin descuidar lo clásico”, afirma.

Entre la oferta menos convencional llegará Reflejos de Macondo, un recital-exposición basado en Cien años de soledad, donde el público se instalará en el escenario; un radioteatro inspirado en Martín Rivas y una puesta en escena de Elektra que buscará ser inmersiva.

—Estamos tratando de proponer nuevos formatos para ofrecer experiencias distintas a quienes tal vez todavía no se sienten invitados por lo que hacemos: venir a una gran ópera, a un gran ballet, a un gran concierto —dice Larenas.

En ese contexto se inscriben también Living filarmónico, donde el público es invitado al proceso de ensayo de un concierto; Experiencia Sub 30, funciones de ballet y ópera para jóvenes, y Tinta fresca, un concurso de composición para nuevos talentos.

Las cifras respaldan la gestión: el teatro cerró 2025 con un porcentaje de ocupación del 85%, nuevos auspiciadores y un aumento de abonados, que superan los 4.000. Todo ello, en el contexto de una audiencia que se está renovando y diversificando.

En el siglo XXI

En la oficina de Carmen Gloria Larenas cuelga un afiche firmado por el chelista Yo-Yo Ma. “Es de su última visita a Chile”, cuenta. Es decir, mayo de 2019, cuando el músico se presentó por segunda vez en el Teatro del Lago de Frutillar, donde ella ejercía entonces la dirección artística. En otra esquina luce una fotografía de la visita de Brigitte Macron, en 2024, con motivo de la alianza firmada con la Academia de Danza de la Ópera de París. Desde entonces, maestros parisinos asesoran la formación de los estudiantes de la Escuela de Ballet del Municipal.

Además, por estos días, profesores y exbailarines de la institución francesa dirigen una escuela de verano en el teatro, y dos de los principales intérpretes de la compañía ofrecieron funciones de El lago de los cisnes, que tuvo temporada a tablero vuelto.

Exalumna de la Alianza Francesa, el viernes pasado Carmen Gloria Larenas recibió la insignia de la Legión de Honor, en reconocimiento a su labor colaborativa con Francia.

La escena le habría resultado difícil de imaginar en los días posteriores a la pandemia, cuando la sala de conciertos se veía a medio llenar y el regreso del público era incierto. Tal vez ese fue el momento más difícil para esta periodista formada en la UNAB, que se define como energética, impaciente y de trabajo en equipo.

—La clave fue el triple esfuerzo del equipo: repensar todo permanentemente: precios, comunicación, redes sociales; probar y resistir.

Así fue como el público comenzó a volver, aunque no exclusivamente el de los abonados tradicionales.

—Hay un público histórico que no volvió. Después de la pandemia estaba estudiado que eso iba a pasar, y pasó en todas partes del mundo. Por eso es tan importante la renovación: volver a ampliar la base de público. Y diversificar, que no es lo mismo. Ampliar es cuantitativo; diversificar es cualitativo: comunas distintas, edades distintas, capitales culturales distintos -dice.

Para Carmen Gloria Larenas, este concepto es esencial: “Esa diversificación es importante porque creo que lo que el Teatro Municipal hace y lo que los artistas del teatro hacen tiene mucho valor en aportar a la educación de las personas”.

¿Hoy hay más diversidad social en el público del Municipal?

Sí, hay más diversidad social. Tenemos registro de comunas y, detrás del sector oriente, aparecen Maipú, La Florida, San Joaquín, Colina. Eso me hace muy feliz, porque creo que espacios como el Teatro Municipal son espacios de encuentro.

¿El Municipal dejó de ser un espacio de élite?

Si existía la percepción de que lo era, yo creo que sí; hemos trabajado para derribar ese prejuicio. “Dejar de ser un espacio de élite” significa que más personas y más diversas se sienten llamadas a conectarse con lo que proponemos. Cuando hablamos de crisis de la educación, las artes tienen un rol activo: te forman como ciudadano.

Patricio Melo.

Sin embargo, la incorporación de nuevos públicos ha provocado roces y algunos problemas de convivencia con los abonados antiguos, sobre todo en relación con las normas de comportamiento en la sala. Carmen Gloria Larenas lo reconoce.

—Sí, por supuesto. Lo más fácil es excluir y no educar; yo prefiero educar y no excluir. Las personas que nunca vienen al teatro no conocen los protocolos: el uso del celular, por ejemplo, o que no se puede entrar y salir a cada rato. Pero la gente en la sala no come; pudo haber alguna excepción, pero no es lo habitual. Ha sido un desafío que hemos asumido.

En otro plano, el teatro enfrenta un desafío mayor, dice la directora: renovar su infraestructura.

—En 2027 el teatro cumple 170 años y nunca ha tenido una gran intervención. No ha habido reconstrucciones que permitieran aprovecharlas para modernizar. Hay que partir por lo básico: los estándares sanitarios. Pero también hay desafíos más visibles: modernizar el escenario, mejorar la acústica, el sistema de climatización, ampliar espacios.

Con tres cuerpos artísticos y más de 200 artistas, el Municipal “necesita adecuarse a las necesidades y estándares del siglo XXI”.

El tema ya ha sido conversado con el directorio, pero aún está en estudio. “Estamos en una fase de análisis. No es todavía un proyecto ejecutivo, pero sí una visión inicial”, cuenta. Para 2027 esperan contar con un proyecto definido y un presupuesto aterrizado.

Visiones compartidas

La función está por comenzar. La directora camina por el pasillo alfombrado saludando al público. Ella suele llegar al teatro a las 9.00 de la mañana y, cuando hay función, se va una vez que las luces se apagan. Aun los fines de semana.

—Me apasiona mi trabajo. Sinceramente, creo que es mi deber trabajar de esta forma. Tengo una posición importante en un teatro importante, con artistas y trabajadores que esperan que uno lo dé todo. Si los trabajadores están acá, ¿cómo yo no voy a estar acá?

Esa dedicación la espera también de sus equipos, con los que mantiene un trato franco y abierto.

—Me gusta escuchar, preguntar, aprender, cambiar de opinión si es necesario. Soy directa y espero mucho de los equipos. No trabajo para cumplir sueños personales, sino para lo que es mejor para el teatro. Eso me permite vivir sin frustraciones permanentes.

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Uno de sus colaboradores confirma esta idea: “Es exigente, pero cercana; acompaña, nos pide siempre mejorar. No siempre estamos de acuerdo, pero escucha: confía en el trabajo en equipo, algo que antes no se hablaba en el teatro”.

Paolo Bortolameolli, al mando de la Orquesta, y César Morales, en el Ballet, son sus principales colaboradores artísticos. Evelyn Aravena está a cargo de comunicaciones, un área clave para la conexión con los nuevos públicos.

“Con Carmen Gloria compartimos una visión similar; nos entusiasma buscar propuestas nuevas, ser creativos”, dice Bortolameolli. Su formación en ballet facilita la comunicación y la comprensión de las necesidades artísticas, subraya César Morales.

Junto a ellos diseña la temporada del teatro, que según dice “es la teoría de la complejidad en su máxima expresión”.

—Hay miles de variables: artistas, fechas, presupuesto, capacidades técnicas, públicos, riesgo de venta. Se conversa con el titular de la orquesta, con el director del ballet, con el equipo artístico y técnico. Hay análisis históricos, financieros y artísticos. No es una cazuela: es una carbonada con muchos pedacitos distintos.

En su trabajo también le corresponde armonizar algo más impalpable y elusivo: el ego de los artistas. Pero dice que su propia formación la preparó para ello.

—Trato de tener el menor ego posible; trabajo mucho en eso. Es algo que aprendí cuando bailaba. Yo era cuerpo de baile y a veces me tocaba estar en la última fila. O hacer de ratón en El cascanueces, y nadie sabía que era yo. Pero lo vivía con un sentido de responsabilidad enorme. Y entendí que es tan importante estar en el último puesto como en el primero.

Hija de un abogado lector de Thomas Mann, interesada en la historia, practica pilates y encuentra distracción en el jardín de su casa. En vacaciones viaja habitualmente a Europa, donde estudia una de sus hijas. Desde luego, elige ciudades con museos y teatros: “Busco inspiración para mi trabajo. Es algo que me gusta mucho hacer”.

Con la misma convicción, insiste en el poder transformador del arte. Por eso quiere que más gente tenga esa experiencia: “No se trata de ser expertos en ópera. Me refiero a tener experiencias estéticas distintas: apreciar sonoridades diferentes, visualizar obras de danza y ver la belleza en movimiento. Eso es importante para la vida. Por eso me parece importante el mensaje de que esto no es para una élite”.

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