Culto

¿De dónde viene esa música? Creatividad, consciencia y humildad

Los mejores artistas son aquellos que tienen antenas más sensibles, plantea el legendario productor Rick Rubin. Una idea tan antigua como reconfortante.

¿De dónde viene esa música? Creatividad, consciencia y humildad

Subiendo cerros como lo hacía a diario en Colorado, Neil Young se sorprendió silbando melodías que no conocía. El asunto era más llamativo aún porque, según su propio juicio, Young es pésimo silbando. Así que decidió empezar a grabar esas melodías en su teléfono. Poco tiempo después, grabó un disco completo en torno a ellas. En World record (2022) trabajó con el legendario productor Rick Rubin, quien contó esta historia hace tres años en una entrevista a Ezra Klein para su podcast del New York Times a propósito de la publicación de su libro The creative act: A way of being (2019). “Si le preguntabas, te decía que él no creó esas melodías”, comentó Rubin. “Venían de algún lugar fuera de él. Nos reíamos en el estudio y decíamos: nos encantaría conocer al tipo que escribió estas canciones ¿quién es?”. La historia la cuenta a propósito de una idea que cruza su libro: que hay algo en el acto creativo que no viene de la sola subjetividad del artista, que también se trata de la capacidad de éste de “sintonizar” con una idea que está ahí afuera, esperando su turno. “Todos participamos de un acto creativo más grande que no estamos conduciendo. Estamos siendo conducidos. El artista está en una línea de tiempo cósmica, tal como toda la naturaleza. Si tienes una idea que te entusiasma y no le das vida, no es poco común que esa idea encuentre su voz a través de otro creador. No es que otro artista te haya robado la idea, sino que el tiempo de esa idea ha llegado”, escribe Rubin en el segundo capítulo de su libro. “Como artistas, es nuestro trabajo el bajar esta información, transmutarla y compartirla”, agrega. “Los mejores artistas tienden a ser aquellos con antenas más sensibles para elaborar sobre la energía resonando en un momento particular”.

Extraído de La Tercera

Escuchando esa conversación con Rubin recordé una idea relativa a algo más grande, general y elusivo a la razón: el fenómeno de la consciencia. El idealismo encuentra sus raíces en el budismo y en la Grecia antigua, pero la relación entre lo que plantea Rubin sobre el acto creativo y la consciencia sólo fue posible para mi particular y limitada consciencia gracias a Michael Pollan y su libro A world appears (2026), una impecable revisión de todas y cada una de las ideas y aventuras científicas por entender de qué hablamos cuando hablamos de consciencia. En este caso, la idea de que ésta es un fenómeno independiente de la materialidad gris del cerebro, que está ahí afuera, y que nuestra mente simplemente “sintoniza” con ella. (El filósofo y científico cognitivo David Chalmers -uno de los protagonistas del libro de Pollan- plantea que el idealismo es tan plausible -o implausible- como el materialismo y otras ofertas del menú para explicar el problema mente-cuerpo).

Nuestros cerebros serían, entonces, antenas que captan o pueden captar ideas que existen independientes de nosotros. Una idea antigua que Rubin lleva al acto creativo y -en su propio trabajo- a la música. Una reconfortante en su humildad en un mundo tan dominado por la celebración individualista y la búsqueda de gurúes instantáneos. Una idea que, por cierto, no podemos “demostrar” como demostramos que la Tierra no es plana, que las vacunas salvan vidas o que el calentamiento global provocado por el ser humano existe. Pero la podemos creer (sin riesgo de matar a nadie). Y, entre otras cosas, escuchar.

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