Pilar Quintana, escritora colombiana: “Solo se nos permite hablar de lo maravillosa que es la maternidad”

Pilar Quintana, foto por Manuela Uribe.

Acaba de llegar a nuestro país la novela Los abismos, por la cual Quintana recibió el Premio Alfaguara de Novela. En sus páginas, se cuenta la historia de una niña que mira el mundo de los adultos. Pero el tema central, es el deseo de muchas mujeres por no tener hijos, noción que para la autora, si bien fue más marcada antes, sigue existiendo.



Siempre quiso escribir una novela con una niña como protagonista, pero a Pilar Quintana (48), no le resultaba. “Estuve mucho tiempo tratando de hallar la historia, el tono, el narrador, y no lo logré”.

Frustrada, decidió desechar la idea y seguir con otra cosa. Publicó libros de cuentos y su celebrada novela La Perra (2012). Pero la vida da vueltas, y cuando menos lo esperaba, encontró la ocasión para concretar su anhelo.

“Empecé a escribir una novela de una mujer adulta, que iba a una finca por una carretera llena de curvas, peligrosa, con neblina, y empezaba acordarse de eventos de su niñez. Especialmente uno, su mamá le contó que en esa carretera desapareció una mujer. Yo trataba de avanzar en la historia de la adulta, pero algo me atrajo a la de la niña, y ahí me di cuenta que esa funcionaba”, cuenta Quintana en charla con Culto por Zoom. “Cuando le mostré el borrador a mi esposo, me dijo: ‘Ahh, escribiste la historia de la niña’”.

Esa historia finalmente se estampó en la novela Los abismos, que acaba de llegar a Chile vía Alfaguara. Le tomó cuatro años escribirla. “Nada más terminé La Perra y empecé con esta”, acota.

Los abismos se hizo durante las mañanas de Pilar, cuando su pequeño hijo empezó a ir al jardín y luego al colegio. “Tenía esas horas de trabajo para mí, entonces fue maravilloso”. Pero con la llegada de la pandemia, en 2020, la rutina cambió pues tuvo que tener a su hijo en casa. “Ya ves cómo terminé la escritura de Los Abismos”, dice sonriente Pilar mientras el pequeño le salta a sus rodillas.

-¿Qué es lo más complicado al escribir una novela del mundo adulto con la mirada de una niña?

-Era un reto contar una historia sin que la mirada adulta estuviera presente, que nada más fuera la mirada de una niña, más contemplativa. Muchas veces ese narrador infantil tiene menos información que el lector, que se da cuenta de cosas que la niña no es capaz de armar en su cabeza. Aunque en rigor, el presente de la novela es una mujer adulta que va recordando sus tiempos de niña.

-Eres de Cali, donde se ambienta esta novela. ¿Cuánto de tu propia biografía hay?

-Mucho y poquito. Transcurre en la Cali de mi infancia, pero es mi memoria de esa Cali, y la memoria siempre es imprecisa. Entonces, encima de esa memoria, que es ficción, construí otras ficciones. Hay muchas cosas que no tienen nada que ver, ella es hija única y yo tengo dos hermanas; mis papás son separados, los de ella no. Pero hay otras de mi visión de niña del zoológico, de las calles, el colegio, la carretera se parecía a mi visión de esa carretera llena de curvas y abismos. Es muy difícil reconocer la verdad de la invención.

Pilar Quintana. Foto: Manuela Uribe.

No ser madre

Uno de los temas centrales que toca Los abismos, es el deseo que muchas mujeres sienten de no ser madres. En un minuto, la abuela comenta a unas amigas que hubiera deseado no tener a Claudia. Años después, ella tiene las mismas dudas respecto a su hija homónima.

“Creo que eso pasa, pero era más marcado antes. Hay una imposición social a las mujeres para que sean madres -dice Quintana-. Hay personas que no quieren ser madres y que no están hechas para ser madres, y que son más felices sin hijos. La maternidad es súper difícil, aún buscada y deseada”.

“Yo quise tener a mi hijo, lo tuve a una edad ya mayor, 43 años. Ya había hecho de todo en mi vida. Pero nuestras mamás y abuelas tuvieron a los hijos cuando eran muy pequeñas, yo creo que muchas de ellas no querían ser madres y tenían que serlo porque era la alternativa para sus vidas. Muchas veces a las mujeres no se nos permite nombrar esos retos, esas oscuridades y esos lugares difíciles de la maternidad. Solo se nos permite hablar de lo maravillosa que es la maternidad, que es la realización de la mujer, ¡pero eso es una gran mentira!”, agrega.

-¿Crees que en estos tiempos se habla más de esta idea?

-Yo creo que sí. Pero creo que sigue existiendo la imposición de la maternidad, aunque a través de los movimientos feministas vemos que se nombra más, que está más presente, y ponemos el tema sobre la mesa.

Pilar Quintana. Foto: Carlos Zárate.

Libros y un premio

-¿Algunos libros que hayan acompañado el proceso de escritura?

-Generalmente prefiero no leer cosas que tengan que ver con lo que estoy escribiendo. Pero libros muchos me acompañaron antes del proceso, en la adolescencia: Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, Rebeca, de Daphne du Maurier, y tal es su influencia que la mujer desaparecida en Los abismos se llama Rebeca. Es un homenaje a estos libros góticos, oscuros. Esto está alimentado por una corriente que es muy colombiana, y sobre todo, muy caleña, que es el gótico tropical, con Andrés Caicedo y en el cine con Carlos Mayolo.

También me sirvieron muchos libros que tienen mirada desde la infancia, como Claus y Luca, de Agota Kristof, ese lo leí durante la escritura; y Un mundo para Juluis, de Alfredo Bryce Echeñique. Me gustan sus libros porque hacen algo que yo quería lograr, que pudiéramos mirar el mundo de los adultos con su oscuridad, luces y sombras, pero que el niño lo pone sin juzgarlo.

-¿Y por qué no lees nada del tema mientras escribes?

-Porque me da miedo contaminarme.

El 2020 le trajo a Pilar una gran noticia. Recibió el Premio Alfaguara de Novela por Los abismos. Cuenta que la notificaron durante una mañana en la que aún dormía.

“Fue la mejor despertada de mi vida, yo creo que fue la primera vez que me desperté de buen genio en toda mi vida. Me llamaron y no contesté porque tenía el teléfono en silencio, entonces, llamaron a mi esposo y él entró al cuarto y me dijo que era Pilar Reyes, de España, con una buena noticia. Pensé: ‘Esto no puede estar pasando’”.

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